¡AY, NICOLÁS!

nicolas preocupado“La próxima etapa de la transición dependerá del marco socio-político en el cual tenga lugar”

 

En la discusión de intensa filosofía política sobre la primacía del huevo o la gallina hay múltiples opciones: huevo primero, gallina primero, o algo más tembloroso como la creación del huevo a partir de la nada y, luego, con una gota de yema -como la costilla bíblica- se habría creado la gallina. Es obvio que el rescate de la democracia exigirá una salida electoral -sin duda, elecciones presidenciales en el menú-, pero plantear que primero hay que cambiar el CNE de acuerdo a la regla democrática y constitucional de la imparcialidad, para más tarde ocuparse de los demás temas es ingenuo o perverso.

 

El régimen está dispuesto a mantenerse y el último bastión que cederá si de su voluntad se trata es, precisamente, el CNE, por lo tanto la consigna de cambiar el CNE (correcta como es) requiere proponerse simultáneamente el reemplazo constitucional del régimen para lograrla. Para decirlo de manera más directa: un CNE imparcial se obtiene poco antes o poco después de emplearse a fondo en el objetivo de lograr un gobierno democrático, con la deseable e inestimable contribución de la renuncia de Maduro. La idea de que a través de los procedimientos actualmente en curso en la Asamblea Nacional se llegue a un organismo equilibrado, sin un movimiento político unido que no por pacífico debe dejar de ser intenso, es apenas la libélula vaga de una vaga ilusión.

 

Quienes se han planteado la necesidad del reemplazo del régimen ahora y no en 2019, han sostenido que es prioridad la renovación de los poderes en los términos establecidos en la Constitución. ¿Cómo ocurrirá? ¿Constituyente? ¿Elecciones anticipadas? Nadie lo sabe.

 

La próxima etapa de la transición dependerá del marco socio-político en el cual tenga lugar, pero será una dinámica en la cual concurrirán actores del chavismo y de la oposición en grados que ahora no son posibles de adivinar.

 

Por supuesto que puede que no haya cambio de régimen y que Maduro llegue en el poder hasta 2019 si no se antoja ir más allá. Éste es un escenario dentro de varios. Pero la probabilidad de la continuidad es muy baja y el cambio ocurrirá sin dramáticos traumatismos dependiendo de la claridad con que se asuma. La posibilidad de un golpe militar siempre está allí, pero sólo una dirección civil estratégica y audaz hará que lo civil prevalezca.

 

También es posible el escenario de las elecciones parlamentarias de 2015 como alternativa de cambio si no se logra la salida del régimen antes. Sin embargo, parece claro que si no hay ese poderoso movimiento ciudadano mencionado, ni se logrará un CNE decente ni se impedirá el rediseño de los circuitos -como ya ocurrió- para que el gobierno con menos votos se alce con más diputados. Por eso no luce sano el intento de impedir la reestructuración de la unidad para monopolizar eventuales postulaciones a la Asamblea Nacional porque sin una unidad transformada y poderosa ni cosquillas se le harán al gobierno.

 

Todas las condiciones conducen a que, paradójicamente, el escenario más viable es el del cambio de régimen antes de 2019. Veamos.

 

LA OPINIÓN PÚBLICA. La semana pasada se citó en este rincón de la palabra el estudio de Alfredo Keller. Hoy se citará el de Consultores 21, con trabajo de campo del 7 al 22 de junio. Como se observará, en estos seis meses ha cambiado el tono del país, más decidido a la transición.

 

1. 69.3% ven que la situación del país está peor y 58.6% ve su situación personal y familiar, desmejorada comparadas con la de hace un año.

 

2. 44.2% ve el país en decadencia, 28.6% lo observa estancado y apenas 26.0% cree que progresa. 55.3% estima que los principales problemas son los económicos. 62.7% considera que el culpable es Maduro contra un 35.9% que lo absuelve.

 

3.La escasez se agrava cada vez más para 60.2% mientras que sólo para 36.8% está en vía de solucionarse.

 

4. 62.2% estima que hay razones para protestar contra el gobierno y el 69.2% considera que la crisis política continúa. Más de la mitad del país (55.2%) considera que el gobierno tiene grupos violentos y 56.7 piensa que la Guardia Nacional ha actuado de forma incorrecta “porque ha hecho un uso excesivo de la fuerza”.

 

5. Sobre el diálogo: 52.3% dice que debe haber condiciones para dialogar (pruebas de rectificación y libertad de presos políticos) y 43.9% dice que sin condiciones. 62.1% piensa que “el gobierno debe dialogar con la oposición, soltar los presos políticos y cambiar las cosas de la economía que no funcionan”. 51.3% estima, sin embargo, que el gobierno con el diálogo lo que quiere es “ganar tiempo”

 

6. Sobre el gobierno de Maduro, 58.4% estima que es “malo” frente a 41.4% que lo considera “bueno”. Según Consultores 21 es el valor más bajo desde el revocatorio de 2004. 53.7% piensa que Maduro “actúa pensando en su beneficio” y no en el de la mayoría.

 

7. El magnicidio fue visto como un “invento del gobierno” por el 55.2% y sólo el 34.6% lo consideró “una cosa verdadera”. Lógica consecuencia del hecho de que más de la mitad de los venezolanos, el 52.5%, afirma que “Nicolás Maduro es una persona que normalmente miente”.

 

8. En la oposición hay cuatro líderes “que registran niveles de agrado superiores” al de Maduro, en este orden: Leopoldo López (49.4%), María Corina Machado (44.8%), Henry Falcón (43.3%) y Henrique Capriles (43.0%). Antonio Ledezma (39.9%) supera a Jorge Arreaza, José Vicente Rangel, Diosdado Cabello, Rafael Ramírez y Miguel Rodríguez Torres.

 

9. En una hipotética elección presidencial “otro candidato” obtendría más del 55% y Maduro un 40%.

 

ALGUNAS CONCLUSIONES. Por donde se le mire hay condiciones para un cambio. El régimen se mantiene en su doble estrategia: tratar de dividir la oposición vendiendo a algunos de sus integrantes la idea del “deslinde” y procura el aislamiento de sus líderes más conectados con la protesta nacional. También el oficialismo procura lograr apoyos opositores para el “paquetazo” que prepara, disfrazado de modernización, eficiencia y lucha contra la corrupción. Como la imposición del “paquetazo” lo llevará a romper con una buena porción de los sectores populares que lo han sostenido, aunque fuese tibiamente, quiere suplir ese sostén con el de algunos opositores “políticamente correctos”. A pesar de todo, no parece que pueda imponer la división en la oposición ni lograr que de su seno salga algún soporte significativo a las medidas económicas a las que el colapso le obliga.

 

Las condiciones para completar esta transición de manera constitucional y pacífica están dadas. Sólo faltaría que los factores democráticos unidos y aquellos del chavismo que entienden la necesidad de la apertura democrática se atrevan a plantearlo con la claridad que demanda el momento. Tengo el pálpito de que lo harán.

 

 

 

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