¿Hay oposición o no?

Caminando con Carlos Lozano

 

El chavismo sabe lo que dice. Puede gustarle a uno o no, puede ser una ensalada de errores y tonterías, pero es una ensalada que se puede ver. Está ahí. Unos le agregan ajíes, otros remueven lechugas, a algunos les gusta con más pimienta, a otros con menos. Pero allí está. Dicen que los chavistas se están peleando entre sí, que Maduro no manda, que hay grupos enfrentados, que hay una procesión por dentro, que los militares son los que ordenan. Pero de cara a la calle, coinciden en el mensaje. Revolución, Chávez, socialismo, Chávez, comunas, Chávez. Hacen promesas y anuncian grandes planes que fracasan pero no explican el fracaso –ni siquiera lo nombran- sino que anuncian otras promesas y otros planes. Civiles – militares, pequeños, grandes, todos dicen lo mismo. Hay un plan chavista, o da esa impresión.

¿Cuál es el plan de la oposición?

Democracia, libertad para los presos políticos, que se vaya Maduro ya y otras abstracciones. Durante catorce años, sucesivos dirigentes de oposición, y algunos que permanecen imperturbables, cometieron error tras error. Una y otra vez anunciaron que hasta allí llegaba Chávez. Pero no fue la oposición, fue el cáncer el que sacó a Chávez del poder; pero no del camino, porque los chavistas siguen exhibiéndolo y recurriendo a él.

Cuando ahora el chavismo sí tiene, de verdad, graves problemas –inflación, fuerte deterioro del poder de compra del salario, inseguridad que derrota a plan tras plan, más pobres, más ciudadanos de los sectores populares molestos- la oposición sigue en lo mismo, con el agravante de que el experimento de unidad que mediante la Mesa de la Unidad les dio resultados electorales, parece estarse disolviendo.

La oposición no ha pasado de bloqueos de calles y de lamentarse por sus jóvenes a los cuales golpean y ponen presos; pero la oposición no ha sido capaz de liberar a nadie, igual que no ha podido frenar el ataque contra los medios ni la compra de los más destacados.

La Mesa de la Unidad Democrática habla poco, de vez en cuando y sin mayores consecuencias. Los más destacados dirigentes opositores están alejados de un fuerte liderazgo nacional, permanentemente agredidos, o presos. Y todo eso sin que la gente tenga una razón para apoyar a un candidato opositor más allá de estar inconformes con Maduro. Que es un buen argumento, pero poco confiable en una campaña electoral.

El camino que la oposición debe tomar esta en la calle, levantando las barricadas que han aislado el verdadero pensamiento bolivariano, porque en la unión está la fuerza.

 

 

 

 

 
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