EL ROSTRO OCULTO DE LA JUSTICIA

CARA MASCARA

I

El general Hugo Carvajal ha sido puesto en libertad por la justicia holandesa. ¿Es una decisión bien fundada,  a prueba de interpretaciones capciosas?

Creo que el tema merece una consideración detenida. Lo primero es la seriedad del Poder judicial de ese pequeño pero desarrollado país europeo. El sistema constitucional holandés es muy probo y tiene raíces profundas. Con el desarrollo de la Unión Europea, Holanda, uno de sus legítimos padres, ha logrado crecer al paso de las demás naciones del viejo mundo. Su ordenamiento legal es rígido y avanzado. Los jueces son autónomos, soberanos, en nada parecidos a los de nuestro atormentado país.

Lo que estaba en juego era el estatus del general Carvajal. ¿Gozaba o no de inmunidad diplomática? Como esa inmunidad se refiere a la función y no a la persona, surgieron dos tesis, ambas defendibles. ¿El hombre había comenzado a ejercer la función desde que hizo la solicitud a las autoridades holandesas, o no le correspondía sino después del placet o permiso de las autoridades neherdanlesas?

Prevaleció el Convenio Consular de los Países Bajos que introduce el concepto de “provisionalidad”. Carvajal, pues, recuperó su libertad y regresó en triunfo al III Congreso del PSUV, que lo aclamó. Se entiende que el presidente Maduro, tan horro de victorias durante largos meses de agonía, quiera convertir el incidente en gran logro revolucionario y distraer el descontento de la militancia psuvista. Pero no es para sacarle punta a esa bola de billar. Las fuertes acusaciones contra el general son ahora conocidas en el mundo. La propia Holanda lo declaró “persona no grata”. Si nombrarlo cónsul fue una hábil  manera de permitirle viajar, el desenlace la ha desarticulado.

En Aruba se decidió una formalidad ajena al fondo de las acusaciones. La controversia está vigente. Más le valiera a Maduro no seguir revolviendo este miasma y a la oposición ocuparse de la desguazada nación que pide su ayuda.

II

 

En ningún momento me ocupé de este llamativo tema, pero siento que en buena parte de la disidencia le otorgaron un alto rango. No lo hice porque me pareció que desenfocaba a la gente del drama real de Venezuela. La metástasis se ha derramado por el territorio nacional. La respuesta debe ir más allá de las denuncias. Ha de multiplicar los centros de disidencia o defenderlos de la ofensiva militar-represiva. Allí donde se insinúe la amenaza para destruir espacios autónomos o democráticos hay que presentar un movimiento capaz de conjurarla. Insisto una y mil veces: no abstenerse, no retirarse, seguir plantado empuñando la bandera democrática y social y aferrado a la Constitución, el camino pacífico, la unidad de la disidencia, que es decir: más allá, mucho más, de las fronteras de la oposición política.

Tampoco me gusta que el desenlace democrático que merece y tendrá nuestro país se deba encomendar a otros países. Que un acusado de ser jefe del narcotráfico, perseguidor brutal de disidentes y pieza clave del terrorismo colombiano sea castigado por jueces foráneos es perfectamente justo y defendible. Pero hacer depender la solución de la crisis nacional de soluciones milagrosas e instantáneas es un franco error. Frente a un régimen con vocación totalitaria y poco escrupuloso en sus actos, dispuesto a lo que sea para perpetuarse en el poder no queda más que incorporar orgánicamente a la sociedad en todos sus estamentos, sin discriminaciones, sin viejas cuentas por cobrar, sin desestimar el aporte de viejos o nuevos disidentes ni el malestar que se aprecia en el campo oficialista.

III

Antonio Ledezma propuso la “encerrona” opositora. La idea es discutirlo todo y no salir hasta no encontrar acuerdos suficientes que canalicen la unidad por el cambio. ¿Unidad por la unidad misma? ¡Por supuesto que no! En último caso la unidad no es sino un medio –no un fin- organizado alrededor de la zona de los acuerdos, y estos acuerdos son fundamentales porque definirán los contenidos y viabilidad del cambio al que aspira la mayoría. Al hablar del ámbito de semejante unidad incluyo a quienes pertenezcan y sigan perteneciendo al campo de los seguidores del ex presidente Chávez O incluso a los maduristas y chavistas deseosos de liberarse de la red de errores impulsados por el brío del fundador eterno y cuyo saldo no puede ser menos aterrador.

El fin es el cambio, el medio, la unidad, cuyas fronteras abarcan, más allá de ideologías y partidos, a quienes deseen superar las graves desgracias que nos afectan. Es el pueblo, en su pluralidad el que una vez más tiende a canalizarse hacia una solución que retome el progreso de Venezuela, sin decapitar a nadie, sin dejar de oír a todos.

He hablado de “unidad” por ser un vocablo de fácil digestión, pero en rigor se trata de “acuerdo” entre los que por definición son distintos dada la diversidad de corrientes que conviven en cualquier sociedad. “Acuerdo” dirigido a conquistar un sistema donde quepan todos y nadie sea perseguido por razones de conciencia. Unidad de lo diverso, unidad sin decapitar y perseguir. Ese sistema es la democracia, la independencia de los tribunales y de funciones fiscales y contraloras, la separación de poderes autónomos, la descentralización y la integridad de derechos humanos

Extinguido el envenenado clima de odios hoy en boga, una democracia de veras será canal eficaz para la participación efectiva y no retórica del pueblo y fuente de talentos crepitantes. Sin caudillos ni deidades, con la ley y el sufragio al alcance de todos,  el país tocará el cielo del desarrollo económico, social y político.

 

 

 

 

 

 

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