Días de odio

90071La semana pasada una de las escuelas internacionales patrocinadas  por las Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (Unrwa), que albergaba gran cantidad de mujeres y niños, fue bombardeada en la franja de Gaza, dejando un saldo de 17 muertos y 200 heridos, todos ellos civiles. Ese mismo día, los jugadores del equipo de fútbol israelí Macabi Haifa, que jugaba en Austria un partido amistoso con el Lille de Francia, fueron agredidos por un grupo de individuos que portaban banderas palestinas.

Aproximadamente un mes antes, y como represalia al secuestro y muerte de tres jóvenes israelíes por parte de Hamas, un palestino fue secuestrado y quemado vivo en Jerusalén.

Si no recuerdo mal, para Freud el afecto se originaba cuando al contrario se le atribuían propiedades a las que aspiraba “el yo”, algo que explicaría esa especie de candidez que experimentamos cuando sublimamos a quien “admiramos”. En el lado contrario, estaría, por supuesto, el odio, es decir, el estado en el cual se encontraría “el yo” cuando desea destruir aquello por lo que se siente amenazado. Amor y discordia, que según Empédocles de Agrigento unían y separaban los cuatro elementos de que se componía el mundo. Pulsaciones de vida y de muerte que, paradójicamente, parece haber confirmado la Psicología evolutiva cuando en términos más cristianos nos dice que somos más animales de lo que nos creemos.

Dicho esto, me atrevería a decir que el odio es lo que ha predominado en la historia y el quehacer político, aunque ciertamente aquella sea algo más que la simple lucha de clases. En esto creo que tenía razón Carl Schmitt cuando sentenciaba que si en la moral la distinción dominante es la del bien y el mal, y en la estética la de la belleza y la fealdad, en la política es la de amigo  y enemigo (adversario, si esto, amigo lector, le causa escozor).

Todos sabemos que el Estado de Israel fue inspirado por las ideas sionistas de Theodoro Herzl, autor del texto El Estado judío: ensayo de una solución moderna a la cuestión judía; también que las distintas oleadas de inmigrantes judíos que huían de Europa durante la primera mitad del siglo XX y los actos terroristas del Irgún fueron forzando a los ingleses, que ocupaban Palestina, y a la ONU a crear allí dos estados, uno judío y otro árabe; que esta solución fue rechazada por la liga árabe y esto trajo como consecuencia una serie de conflictos, a través de los cuales Israel ha ido incrementado su territorio hasta dejar a los palestinos una pequeña franja de terreno en Gaza y otra en Cisjordania. Pero si hemos de creer a César Vidal en su texto Mahoma, el guía, la antipatía que se tienen estos pueblos va más allá del asunto territorial y viene de antiguo. 

 

Resultado de bombardeo de escuela en la Franja de Gaza

Resultado de bombardeo de escuela en la Franja de Gaza

 

Así, por ejemplo, en el siglo VII los judíos se opusieron a las pretensiones de Mahoma de propagar el Islam. Por lo que en el mismo Corán (palabra de Alá revelada a Mahoma) ya hay algunas suras (capítulos) en los que se rechaza explícitamente al pueblo judío.

Mahoma mismo comandó la batalla que acabaría con el Banu Qurayza, una tribu judía que vivía en Yatrib (hoy Medina), que se negaba a reconocer a Mahoma como su profeta. El asunto se saldó cuando 700 miembros de la tribu fueron decapitados y sus mujeres hechas esclavas.

En fin, habría que ser un especialista en Medio Oriente para apreciar en su justo término los lamentables hechos que se están sucediendo allí  y en los que están  pereciendo una gran cantidad de civiles, pero en el futuro cercano seguramente seguiremos viendo  cosas como las mencionadas arriba, máxime cuando hay nacionalistas judíos, tanto del Likud como del partido Shas, que aspiran a acabar con la franja de Gaza por ser el reducto de los miembros de las milicias armadas de Hamas, quienes, por su lado, se niegan obstinadamente a reconocer a Israel.

 

 

 

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