El ABC de Benigno Alarcón Director del Centro de Estudios Políticos de la UCAB
“Hay un Gobierno que siente que sus costos de salida son muy altos”

“Cuando los gobiernos se percatan de que no pueden dominar al país por la fuerza, abren procesos de negociación”.

“Cuando los gobiernos se percatan de que no pueden dominar al país por la fuerza, abren procesos de negociación”.

La oposición ha cometido errores muy serios. Hay que impedir que la gente pierda la esperanza. Hay actores internacionales, extranjeros que deciden por nosotros e imponen su agenda. No podemos olvidar la enorme influencia que tiene China en Venezuela en este momento, señala el experto.

 

Macky Arenas

 

Se graduó en 1989 de abogado de la universidad para la cual ahora trabaja. Realizó una maestría en Derecho Internacional Económico en la UCV y otra en Seguridad y Defensa en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional. Allí fue donde se inició en la discusión de los temas políticos. Entró en contacto con ese mundo y la fascinación aún lo mantiene enganchado. Entonces se fue a Estados Unidos a estudiar una Maestría en Ciencias Políticas en la Universidad de Maryland. Eso fue definitivo: abandonó el Derecho y se dedicó al tema político. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

 

— Usted coordinó un equipo profesional en la UCAB que se dedicó a pensar el tema de la transición política y produjeron un libro que ahora circula. ¿Cómo desarrollaron ese trabajo?

 

— La idea surgió de unas reuniones que cada semana realizamos en la universidad. Las llamamos “mesas de análisis coyuntural”, donde participa el rector junto a un equipo multidisciplinario. Un día llegamos a la conclusión de que, cuando leemos lo que pasa en el país, normalmente lo hacemos desde la óptica limitada de cada especialización profesional, cuando nuestra compleja realidad no tiene explicación a partir de un solo punto de mira. Así que nos pusimos como desafío tratar de escribir algo que nos permitiera conectar las diferentes perspectivas. Desde principios del año 2013 estamos trabajando ese libro, que precisamente recoge todas nuestras reflexiones. Decidimos lanzarnos esta aventura que salió escrita a ocho manos, interrelacionando las distintas visiones.

 

— ¿Hacen alguna propuesta, como producto de ese trabajo interdisciplinario, que permita abordar una eventual transición política?

 

— Si. Uno de los capítulos tiene que ver con una posible salida a una transición política. Es importante anotar que la palabra transición se puede utilizar de diferentes maneras. Algunos hablan de un cambio de gobierno o de actores dentro del mismo gobierno; de hecho, hay quienes hablan de que estamos en medio de un proceso de transición. Es difícil ver hacia el futuro si estás en medio de eso, pues lo que aclarará el panorama son los resultados finales. Pero técnicamente, cuando se habla de transición, en realidad estamos hablando del traspaso de poder de un grupo que ejerce el gobierno a la oposición a ese gobierno. Un cambio completo y radical de actores. Esa es la gran discusión en este momento.

 

— ¿Cuál es la visión de ustedes?

 

— Ángel Álvarez y yo desarrollamos dos vertientes del problema. Él se ocupa de la importancia de los procesos electorales en las transiciones y por qué es posible una transición por la vía electoral. Por mi parte, trato de complementar esa visión. Desde el año 2009 emprendí un estudio de las transiciones hacia la democracia en el mundo, para comparar lo ocurrido en varios países y determinar si alguno de esos ejemplos se parecía al caso Venezuela, o bien si existían elementos en común entre esas diferentes transiciones.

 

— ¿Qué encontró?

 

— Muchos elementos en común. Detecté variables las cuales, si no se dan, la transición nunca se materializa. Eso nos permitió ofrecer aportes distintos al debate sobre el problema que no habían aparecido hasta hoy día. Aprendimos que, mientras los costos de salida (de dejar el poder) sean muy altos para quienes están en el poder, las transiciones son casi imposibles. Por ello es tan importante que se abran o preserven ciertos espacios en las transiciones pacíficas de las que estamos hablando. Me refiero a generar espacios de negociación que permitan, a quienes están en el gobierno y se muestren dispuestos a revisar ciertas condiciones, el poder hacerlo y abandonar el poder en un momento dado. Es el caso de Pinochet en Chile, del franquismo en España y del PRI en México después de haber gobernado 60 años.

 

— Pero no todas se dan por vía pacífica…

 

— Hay algunas muy traumáticas pero no es lo que queremos en Venezuela. No es el tipo de transición que estamos buscando.

 

“Si el país se domestica y pensamos que nos amarran cadenas que no existen, triunfa la desesperanza”.

Transiciones

 

— De los casos que mencionó, ninguno de esos gobiernos tuvo el tinte ideológico, ni los objetivos geopolíticos, ni el tutelaje de La Habana que tiene el nuestro… ¿es posible generar esos espacios?

 

— Hay más de uno, es el caso, por ejemplo, de los países del Este de Europa los cuales estaban tutelados por la Unión Soviética. Cuando ésta se disuelve, Rusia intenta mantener cierto control sobre los países que integraban su órbita. Aún hoy ocurre, basta ver el caso de Ucrania. Es un poco la relación Cuba-Venezuela en este momento. En aquellos países las transiciones ocurrieron vía procesos electorales, no sin mucho de negociación y de movilización en las calles, que era lo que permitía a las transiciones materializarse.

 

— Sin embargo, no podríamos hablar de un parecido real pues en la Unión Soviética hubo un Gorbachov y todo lo demás fue aguas abajo… ¿no existe un ejemplo más parecido a lo que podría pasar en Venezuela?

 

— El caso de Ghana. Allí un señor toma el poder por un golpe de Estado y derroca a una dictadura instalada en Ghana. Se trató de J.J. Rawlings (Jerry John Rawlings, Lugarteniente de la Fuerza Aérea), quien aún vive. Después de tomar el poder por la fuerza busca legitimarse a través de un proceso electoral. Es decir, un golpe de Estado, no fallido sino exitoso, pero después llamó a una elección para reivindicarse. Lo que acaba de pasar en Egipto, por ejemplo. Durante años J.J. Rawlings estuvo apoyado por la Unión Soviética y todo el sistema socialista, tratando de implementar un sistema socialista en su país. Pero se dio cuenta de que el modelo no funcionaba. La unión Soviética se disuelve, pierde su apoyo económico, se queda prácticamente desnudo en mitad de la calle, sin tener hacia donde buscar ayuda. Eso lo lleva a tomar la delicada decisión de comenzar a negociar con los actores opuestos. Va al FMI, a los países con economías avanzadas, exitosos en su manejo económico, a pedirles ayuda. La condición fue que tomara medidas que llevaran a la economía por los derroteros deseados, sin posibilidad de retrocesos. El acepta.

 

—   ¿Y cómo manejó los costos políticos?

 

— Inicialmente fueron muy altos, pero como las medidas se tomaron de manera adecuada, no a medias ni como pañitos calientes, tuvo éxito y pudo superar sus primeros malos momentos. J. J. Rawlings fue reelegido después de ese proceso de ajustes económicos. Más tarde pierde las elecciones, pero hoy en día se le sigue recordando, no como un dictador sino como el hombre que modernizó Ghana. En la última cumbre económica africana realizada en Ghana, él fue orador de orden. La magia de Rawlings fue haber logrado transformar su gobierno –después de muchísimos años bajo un régimen autoritario y centralizador- logró finalmente rectificar y modernizar a su país, viniendo justamente de un gobierno de inspiración socialista.

 

Ingerencia y dependencia

 

— El detalle está en que a nosotros nos ha puesto la mano un país sin recursos, como es Cuba, con la complacencia de quienes gobiernan acá. No decide un venezolano, sino La Habana. El caos y la destrucción ayudan al control político. ¿No está trancado el serrucho?

 

— Hasta hora estoy describiendo el escenario deseado, no necesariamente el que vamos a tener. Cuando estas transiciones se han dado es porque existió mucha presión de calle y el gobierno va perdiendo su posibilidad de controlar al país por la fuerza. Es lo que hemos visto en el Este de Europa y en otros muchos escenarios, como el de Chile después de la pérdida del Referéndum al que convocó el mismo Pinochet. Normalmente, en los procesos de transición se dan dos variables que casi siempre están presentes: los costos de salida bajan por un proceso de negociación. Pero para que ese proceso sea posible, sucede previamente un aumento de los costos de represión. Eso implica que comienzan las protestas en la calle –como las estamos viendo en Venezuela- bien sea políticas o sociales y el gobierno empieza a perder el control sobre la situación. Cuando se percatan de que no pueden dominar al país por la fuerza, entonces abren los procesos de negociación. Ahora, si el gobierno siente que puede controlar al país por la fuerza, normalmente jamás abre espacios para otra cosa.

 

— Quiere decir que es necesario que se de una combinación de ambas estrategias…

 

— Exactamente, esas dos variables: por un lado, que suban los costos de represión para el gobierno y por el otro, que el grupo que está en la oposición y que podría ser una alternativa frente al gobierno, garantice ciertos espacios y ciertas garantías para que el grupo que detenta el poder tenga salida. Sólo así se da una transición pacífica.

 

— ¿Qué pasa con la dependencia que muchos países tienen de Venezuela?

 

— Eso es un tema preocupante, no solo Cuba sino muchos países del Caribe dependen en buena medida de la ayuda que les proporciona Venezuela, a través del petróleo y otros tipos de asistencia. Pero no podemos olvidar la enorme influencia que tiene China en Venezuela en este momento. Los chinos deben buscar fuera de su propio territorio recursos naturales y fuentes de energía que les hagan posible mantener ese inmenso país con esa gran población. Venezuela es uno de los más importantes proveedores para China de petróleo. Lo que hemos hecho es ir hipotecando la producción futura a precios actuales, que no sabemos si se mantendrán iguales con el tiempo. Se ha venido comprometiendo el futuro del país. A Cuba, que no tiene recursos, le estamos dando todo. Por ello podemos hablar de que la soberanía venezolana está afectada de forma muy grave. Hay actores internacionales, extranjeros, que deciden por nosotros e imponen su agenda al mismo gobierno nacional a cambio de generarle las condiciones para estabilizar al país.

 

— Ese es, tal vez, el mayor de los peligros que afrontamos hoy…

 

— Hay un gobierno que siente que sus costos de salida son muy altos y está negociando casi cualquier cosa para mantenerse en el poder. Terminaremos nosotros, los venezolanos, pagando las facturas de todo este juego.

 

— ¿Eso no nos coloca en un escenario de mucha debilidad a la hora de una transición, con el agregado de que tenemos una oposición fragmentada, a ratos muy errática y un gobierno desprovisto de apoyo popular? Allí tenemos la reciente demostración con las elecciones del PSUV…

 

— Eso conduce a una situación que a mi juicio es la más peligrosa: la pérdida de esperanza. Una de las cosas que gobiernos con vocación autoritaria han aprendido a manejar muy bien son las expectativas de la gente. Parte del juego de mantenerse en el poder es manipular esas expectativas para su provecho. En la medida en que la gente pierda las esperanzas y abandone la lucha porque siente que es un esfuerzo inútil, en esa medida aumenta el peligro y se reducen las posibilidades de un desenlace. Eso explica que gobiernos que enfrentan situaciones económicas y sociales como la de Venezuela, e incluso peores, hayan logrado eternizarse en el poder. Eso se debe a que la gente ha perdido la esperanza.

 

— En Cuba, por ejemplo…

 

— Recuerdo un estudio que se hizo hace años en Cuba y le preguntaban a la gente por qué creía que vivía en precarias condiciones, o por qué creía que no había podido progresar en la vida. La gente culpaba al gobierno. Cuando se les preguntaba qué opinaban de la oposición decían que había gente valiente tratando de hacer cosas. Una pregunta final: “¿Y usted, qué esta haciendo?”: “Nada, porque la lucha de la oposición no va a servir para nada”. Se opta por ser simplemente testigos de un proceso que está destruyéndolo todo.

 

— ¿Quién tiene la culpa de la desesperanza, el Gobierno o la oposición?

 

— Pienso que la oposición ha cometido y sigue cometiendo errores muy serios. Las fracturas y los cálculos personales son de las faltas imperdonables; la ausencia de solidaridad -entre la oposición- con su propia gente se pagará caro. Pero existe toda una forma de hacer las cosas en los gobiernos autoritarios que ha permitido ese manejo de expectativas. Los cubanos son expertos en hacer esto. Pero no sólo los gobiernos de corte izquierdista, también bajo Pinochet la gente llegó a pensar que no se podía salir de él sino cuando muriera. En la España de Franco fue igual. En el Egipto de Mubarak, lo mismo. La gente emigra por eso, porque piensa que no hay nada que hacer y esa es la parte más peligrosa. Si el país se domestica y pensamos que nos amarran cadenas que no existen, triunfa la desesperanza.

 

 

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