AUMENTO DE LA GASOLINA

Gasolina venezuela

La decisión parece estar tomada, camarita. Es cosa de semanas el anuncio de los nuevos precios de los combustibles. La medida no será popular (ningún incremento de precios lo es)  pero es necesaria e impostergable. No se puede seguir regalando la gasolina. Con el actual precio Pdvsa pierde, según datos de expertos, 15 millardos de dólares al año.

 

El alza interna de los combustibles impone, en simultáneo, una revisión de la política de “cooperación” petrolera con Cuba y los países miembros de Petrocaribe, Alba y Mercosur. Incluso sería exigible que Pdvsa desclasificara los términos de los acuerdos petroleros con China.

 

El gobierno promete un debate “amplio” (sería, más bien, una argumentación) para meterle el acelerador al incremento. La consulta es poco factible. Pudiera resultar inconveniente políticamente. La decisión está tomada. Como también debe estar decidido el precio “óptimo”. Probablemente se aplicará en tramos.

 

El debate que sí debe darse es el destino debido y el manejo probo que tendrán los recursos que ingresarán a la Hacienda Pública producto tanto del aumento de los combustibles como por la aplicación de otras medidas económicas (subida de tarifas e impuestos) que también está preparando el equipo económico del gobierno.

 

El nivel de contracción de la economía (marcado por la exigua producción interna, escasez, inflación, desempleo y conflictividad laboral), el deterioro de la infraestructura (carreteras, escuelas, hospitales, aeropuertos, embalses, etc.) y el déficit de los servicios básicos (luz, agua, transporte, vivienda, seguridad, etc.) requiere que se haga un inventario de prioridades que deben ser atendidas con esos recursos extraordinarios extraídos del bolsillo de los ciudadanos.

 

La revisión objetiva de los programas sociales es prioritario. Socorrer al desvalido es obligación del Estado. Pero no es posible que bajo esta figura se despilfarre dinero público. Como tampoco es lícito desviarlo para financiar grupos y actividades ideologizantes y actos político-partidistas.

 

De igual manera deben ser evaluadas -en su funcionamiento y productividad- todas las empresas públicas comenzando por Pdvsa, CVG, Cantv y Corpoelec. ¿Cuántas corporaciones bajo gestión oficial son hoy deficitarias? ¿Cómo rescatarlas? ¿Estaría justificado? ¿Cuántas empresas expropiadas siguen siendo eficientes como lo eran antes de pasar a manos del gobierno? ¿Cuántos proyectos “nacidos en revolución” son fructíferos? ¿La caída de ingresos petroleros justifica el actual nivel de importaciones y la compra de armas? ¿La falta de divisas es la oportunidad para liquidar la corrupción a través de empresas de maletín?

 

Estos son los temas a debatir. Que se pronuncie el soberano sobre las soluciones para una crisis provocada por un modelo político, económico y social inviable en estos tiempos de globalización. Que los trabajadores –hoy protestando en las calles- expresen su opinión respecto a las adquisiciones que el gobierno hace a China, Rusia, Irán, Bielorrusia, Brasil, Argentina, Nicaragua, Cuba y otros “aliados”. Estos proveen 60% de lo que consumimos mientras cierran las empresas venezolanas por falta de divisas para adquirir insumos, maquinaria y tecnología, lo cual está causando despidos en fábricas y comercios. Este es el debate que debe darse de cara al país.   

 

 

 

 

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