LA REVOLUCIÓN COTIDIANA

Germán Cabrera

 

Una revolución que se ha convertido en el pan de cada día para los venezolanos, llena de delincuencia que no le permite ni salir por la noche, la gran inflación, el desabastecimiento en alimentos, electrodomésticos, vehículos, repuestos y pare de contar un sinfín de problemas.

 

La clase media venezolana no existe para el fascismo de izquierda bananero. O mejor dicho sí existe, pero como su enemiga. El obsoleto proyecto político, aún montado en el burro de la lucha de clases, sueña (sobre la de construcción del sistema democrático) con una sociedad ideal biclasista ferozmente piramidal.

 

En la cúspide la Dirección del Partido Único que a su vez es Gobierno y Estado, junto con la voraz Neo Burguesía Bolivariana que incluye no sólo a oportunistas corruptos y a los mencionados anteriormente que son la misma cosa, sino también a la nueva y poderosa Clase Militar engordada con sustanciosos cargos civiles.

 

Del minúsculo vértice superior para abajo el sueño revolucionario contempla la creación y sustentación teórico-práctica de una amplísima clase pobre, bombardeada permanentemente con la desinformación y tergiversaciones histórico-sociales del Gran Aparato de Propaganda, a cuya eficiente influencia se suma una enorme estructura estatal destinada a regalarle las migajas de las ganancias petroleras después que dichos fondos han pasado el tamiz de la corrupción.

 

El objetivo único de dicha organización social es mantener el poder del Gran Populismo a como dé lugar asegurándose los votos necesarios para tal fin en nombre de la justicia social y la igualdad.

 

La versión profusamente difundida por las izquierdas tradicionales, que teorizaba sobre el proyecto de la democracia liberal consistente en mantener desheredados e incultos a los pobres para poder comprar sus votos se ha transformado en el objetivo existencial de la Revolución del Siglo XXI.

 

Y en ese gran proyecto, la clase media no tiene lugar.

 

La razón principal: su relativa capacidad intelectual, que le permite hacer análisis pese a la omnipresencia del Gran Aparato Estatal, la transforma abrumadoramente en oposicionista al proyecto caótico. De manera que La Revolución Orwelliana decide no sólo ignorarla sino, en lo posible, hacerle la vida imposible.

 

Parto de La Gran Fiera Delincuencial que no le permite ni salir por la noche, ni viajar por el país, ni estar tranquila en su casa, del Gran Monstruo Inflación, del Gran Pernicioso Desabastecimiento en alimentos, electrodomésticos, vehículos, repuestos, del Gran Cerco a las Universidades, del Monstruo que No Recoge Basura, de La Gran Frustración del Recién Graduado y de La Gran Imposibilidad de Conseguir Vivienda.

 

Del Cruel Desempleo de Profesionales, del Alza Inconmensurable de los Pasajes Aéreos, De La Gran Prohibición de Ahorrar en Moneda Fuerte, del Gran Soez que la llena de improperios desde El Poder y un sinfín de otras alimañas del Averno Sociopolítico, la clase media se deshilacha, los jóvenes que pueden emigran de un país que antaño recibía de brazos abiertos a todo el mundo, las familias se atomizan y quienes nos quedamos debemos lidiar con La Gran Desesperanza, pelear contra La Gran depresión, enfrentar al Gran Estado Abusador y Agresivo, proteger nuestras vidas en este Sálvese quien Pueda y todavía guardar energía para luchar y soñar con un país digno y decente pese a la desorganización en las filas oposicionistas.

 

Casi nada…

 

Tomado de @TALCUALDIGITAL

 

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