¿Intelectuales?

pic022Para los fines de este artículo, un(a) intelectual es una persona con formación en un área del conocimiento que dedica parte de su tiempo a los asuntos públicos haciendo uso de la palabra. Si lo hace de modo brillante o mediocre, si tiene o no impacto en la vida colectiva es harina de otro costal. Se les convoca a título de especialistas —politólogos, economistas, historiadores, sociólogos— o a título de una inteligencia y capacidad de análisis reconocida, como cuando se exhorta a los escritores de ficción a comentar sobre política.

Esta aclaratoria vale porque es una palabra que causa antipatía o porque es sinónimo, y este es mi punto a desarrollar, de pretencioso e inútil. Incluso, hablar de “intelectuales” se considera pasado de moda; remite a élite sabionda fuera de lugar en un mundo ávido de igualdad y sumergido en los retos simultáneos de la tecnología, el ambiente y la pobreza. Internet cambió al mundo, no libros y “palabras bonitas”; cierto, pero lo cambió porque la información y las ideas empezaron a circular de una manera diferente.

Simón Bolívar tiene tanta resonancia entre otras razones porque dejó sus ideas para la posteridad. Hemos tenido otros políticos con una interesantísima actividad intelectual: Rómulo Betancourt, Teodoro Petkoff y Rafael Caldera. Aunque moleste a algunos, el difunto Hugo Chávez tuvo una inmensa capacidad de transmisión de ideas políticas; sin duda se trataba de una mezcolanza estrafalaria pero logró venderlas bajo la marca “socialismo”. Sus correligionarios lo consideran el primer intelectual de la patria (sin comentarios).

El intelectual intenta persuadir a otros en relación a su perspectiva y tal característica es propia de los políticos. Un político sin una visión motivante del futuro y de los valores éticos y políticos que promueve será un buen gerente capaz de resolver problemas como la basura, el alumbrado o la inseguridad personal, pero no podrá enfrentar momentos de crisis y de cambio. Está de moda, sobre todo en Primero Justicia y en Capriles, pronunciarse a favor de los sectores populares como objetivo político, pero la realidad indica que con promesas de agua y abastecimiento la gente no cambia de opinión hasta el punto de convertir a la oposición en una sólida mayoría.

Tal vez una mirada al “Informe Hospedales”, hecho por “intelectuales”, ayude a los  políticos a entender que la política no es solamente “técnica” y “administración”; así tendríamos chance de salir de este desastre apelando a algo más que a una socialdemocracia aguada y a la constitución hecha por el chavismo. No se trata de menospreciar el esfuerzo de la MUD al convocar a especialistas —cuya calificación me consta— a diseñar propuestas “técnicas” para el país, se trata de que la democracia es un ejercicio cultural en el sentido de visión de vida, de valores y sentido de futuro.

 

Los partidos tienen la última palabra: creatividad y audacia quizás sea la consigna.

 

 

 
Gisela Kozak RoveroGisela Kozak Rovero

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