LA DESMEMORIA QUE CONDUCE A LA IMPUNIDAD*

Memoria rompecabeza hombre“Hay una estrecha e indisoluble relación entre la palabra, el pensamiento y la acción. No se puede pensar limpiamente ni ejecutar con honradez lo que se expresa en los peores términos soeces. Es la palabra lo que crea el clima del pensamiento y las condiciones de la acción”. Así predicaba el insigne intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri: escritor, historiador, articulista, periodista y ensayista; ex Ministro de Educación y de Relaciones Interiores; memorioso presentador de “Valores Humanos”, primer programa cultural transmitido por TV nacional, y quien en lides de esa coherencia asentada en la pulida tríada pensamiento-palabra-lenguaje era –es- una de las más notables referencias del país. Por eso el 16 de mayo de 1989 fue especialmente llamativo que durante una entrevista televisiva en el programa “Primer Plano” donde se discutía sobre el tema de la corrupción oficial destapada por el escándalo Recadi, el ilustre erudito desmantelara las conservadoras claves de la comunicación masiva de entonces al opinar en vivo que “los ciudadanos honestos, los no corruptos son, en algunos casos, calificados como pendejos. Los honestos somos pendejos.”

 

Pero “el lenguaje nunca es inocente”, como diría Ferdinand de Saussure: nadie imaginó entonces que el correctísimo doctor Uslar sería capaz de usar la indigna expresión (esa, que en nuestra festiva jerga local alude desdeñosamente al tonto, al ingenuo, al burlado) y mucho menos en televisión nacional. Pero a la sorpresa formal siguió la iluminación: un calificativo que funcionaba por oposición, hizo obvia la irónica referencia a esa insolente viveza criolla, cuyas sinuosos tentáculos hacían estragos en el erario público: “Si usted decide meterse a peculador o ladrón, el riesgo de ir a prisión es mínimo. Aquí nadie sufre con meterse a pícaro, porque no hay castigo para eso”. Uslar incluso propuso conceder la “Orden de los Pendejos” a quien en medio de ese desbocado campo de tentaciones fuese incapaz de robarse nada, o defendiese los valores de la democracia, la libertad, la honestidad; a quien rechazase la mediocridad, la adulación, el cinismo, el oportunismo: la corrupción.

 

Así, cuando la memoria aún era azotada por las dantescas imágenes del “Caracazo”, y las denuncias de corrupción en Recadi destapaban guisos millonarios, el 15 de junio de 1989 se realiza la “Marcha de los Pendejos” con la participación de diversos sectores de la sociedad civil, inspirados por la lúdica osadía de Uslar e identificados con su creativo reclamo: el de un pueblo que se siente burlado por el Poder cuando descubre que éste protege al criminal y valida sus métodos.

 

uslar pietri

Arturo Uslar Pietri

Sobre ese malestar, cebado por la merma de credibilidad en líderes, instituciones y representatividad del sistema democrático, cabalgó la figura de Chávez cuando irrumpió en el panorama político: y fue justo su poderoso discurso anti-corrupción lo que lo hace ganar la Presidencia. Una nueva ironía: porque si bien Recadi fue el surtidor más importante y prolongado de una corrupción sin precedentes en la historia democrática del país, su hito fue pródigamente superado por la aparición de Cadivi en 2003. Otro capítulo se ha escrito desde entonces en lo que a corrupción se refiere: en contraste con una economía empujada bruscamente desde su cenit a sus más rastreros indicadores, una nueva, endógena “burguesía emergente” y de dudosa reputación, nacida bajo el amparo de la revolución y experta en torear las espasmódicas amenazas de verificación del origen de sus fondos, se ventea ante nuestros ojos como seña palmaria de que esa lucha contra la inmoralidad, la malversación, el fraude, se pierde consistentemente, cada día.

 

No en balde Bolívar recordaba que “la clemencia con los criminales es un ataque a la virtud”. En suerte de eterno resurgimiento de la disputa entre bien y mal, la Venezuela de los “vivos”, sigue retando a la de los “pendejos”, los honestos, los esperanzados, los que aún creen. Quizás en virtud de esa fe algunas figuras del Gobierno se permiten ensayar peregrinas excusas como que “no hay vuelos pues todos fueron desviados al Mundial”, o “la restricción de oferta de boletos aéreos se debe a los “raspacupos”, o “el pueblo no está realmente interesado en saber” el paradero de los 25 mil millones de $ robados a Cadivi, pues “lo que desea es abastecimiento”. Ante tales dislates, recuerdo lo que le escuché a un díscolo compañero de cola en un supermercado: “lo peor no es el cinismo, sino que te vean la cara de pendejo”.

 

¡Qué vigente luce hoy la audacia de Uslar! Valdría la pena reeditarla. Eso sí: apostando a que la paciencia de estos ingenuos de nuevo cuño no será otra vez tan dúctil, tan ilusa, tan benevolente, ni que tras el desengaño volverá a triunfar la persistencia de la desmemoria. Como apuntaba el prof. Humberto Mendoza D Paola, es “el olvido, la frágil memoria que nos ha condicionado la impunidad y las renovaciones de escándalos, lo que conspira contra todo esfuerzo serio de combatir el flagelo de la corrupción.”

 

Título original: La persistencia de la desmemoria

 

 

 
Mibelis Acevedo DonísMibelis Acevedo Donís

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