La hora del ciudadano

asamblea

No milito en un partido político y nunca lo he hecho. Como la mayoría de los venezolanos, soy un simple ciudadano. El martes 12 asistí a la primera asamblea de ciudadanos rumbo al congreso para la reconstrucción nacional, promovido por María Corina Machado y apoyado por 17 organizaciones. Pude deducir que se pretende que el ciudadano asuma de modo consciente su responsabilidad como conductor de su destino. En esta línea, un líder comunal del 23 de Enero planteaba que no entregaría su futuro a otro para que lo manejara y decidiera por él; para que pretendiese obstaculizar las posibilidades de mejora y desarrollo que podría proveerle otro modelo económico.

Lo que percibí en esa primera asamblea fue que el objetivo es acercarse a las comunidades para procurar conocer sus necesidades y construir, entre todos, una organización ciudadana nacional. La propuesta es de inclusión, de apertura, de acercamiento, a todos los sectores de la sociedad, los cuales deben tener voz y voto en la redefinición del país que queremos. No vi contradicción alguna entre el hecho de ser miembro de un partido político o un ciudadano común, no deseoso incluso de pertenecer a algún partido, pues eso de militar en uno concreto es una especie de vocación.

relojVi la apertura que necesita el país. No está planteado que sea desde un partido concreto como se debe llegar al venezolano, ni desde el calificativo de “oposición”. No está planteado decir expresamente que hay que procurar acercarse al chavista, al oficialista descontento y descreído, pues hablar de “ciudadano” elimina ya esa frontera que nos divide entre chavistas y opositores. Tampoco está planteada la necesidad de diferenciación impuesta por el partido al que algunos pertenecen. Este enfoque supone que lo que está en juego es rescatar a Venezuela y con la sola intención de trascender los intereses partidistas se evidencia un modo de unificación nacional de mucho mayor alcance que el que podría proveer el planteamiento de acercarse al “chavista”, pues tal calificativo presupone que el que se acerca es opositor.

Es la hora del ciudadano consciente, del venezolano que capta que el país vive momentos críticos y que el camino por el cual caminamos no parece poder llevarnos a feliz puerto. Ser ciudadano no entra en contradicción con el hecho de pertenecer a un partido, pues antes de decidir ser copeyanos o adecos, los ciudadanos somos venezolanos y lo que nos trasciende a todos, en este momento, es el país. ¿Por qué insistir, entonces, en que lo único planteado es la figuración de las singularidades? Si bien algunos tendrán que liderar este movimiento ciudadano, no es menos cierto que estamos muy lejos de una lucha entendida en términos de candidatura electoral. En estos momentos hay que recuperar el país, la institucionalidad, los derechos fundamentales y las vías que nos conduzcan de nuevo hacia la democracia; nada más ridículo que plantearse, como bien dijo el alcalde Ledezma, que lo que se busca con este congreso es el lanzamiento de ciertas personalidades en vistas a la presidencia. Se trata de “un proceso social complejo”, como advierte María Corina Machado, pues incluir a todos los ciudadanos en un proceso de reconstrucción nacional no es algo fácil ni de inmediato alcance. Lo urgente sí es, en cambio, planteárselo e impulsar la necesaria movilización.

El Congreso Ciudadano se ha planteado como el acercamiento al ciudadano común. Lo que percibí en todos fue un sincero deseo de que el venezolano capte que está invitado a ser el conductor de su propia historia y del país en el que nació. Desde el ama de casa al sindicalista; desde el maestro de escuela al obrero; desde el médico hasta el taxista: a todos y a cada uno nos está forzando a responder el país. Es la hora del ciudadano, pues la fuerza de un país, ¿quién es sino su gente?

También es la hora de trascender toda mezquindad. Por el país y su futuro.

 

 

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