LOS HOMBRES QUE MATARON A JAMES FOLEY

James Foley

James Foley

El video que muestra a un verdugo en capucha negra decapitar al periodista norteamericano James Foley y ha recorrido el mundo entero, es el último de una serie de actos macabros perpetrados por el estado islámico de Iraq y al-Sham, ISIS.

Internet y terrorismo

La ejecución de Foley fue presentada como mensaje coreográfico titulado “Mensaje a América” por una banda de terroristas que busca promoverse y ser vistos, escuchados y temidos en todo el planeta.

Jim Foley, quien tenía 40 años de edad, era un hombre apuesto y discretamente intrépido que reportaba para Global Post, un umbral de noticias radicado en Boston con sede en Boston. Estaba al norte de Siria cuando fue secuestrado hace dos años. Con anterioridad había realizado labores similares en Libia, y estuvo bajo custodia del régimen de Muamar Gadafi, luego de ser capturado junto a otros periodistas en un campo de batalla en el Desierto Occidental. Fue una experiencia traumática para Foley y sus colegas, que llegaron a temer por sus vidas, al ser testigos del momento cuando a su amigo, un reportero gráfico sudafricano, Anton Hammerl, le dispararon al estomago y lo dejaron desangrar.

En el video de la ejecución de Foley, un combatiente enmascarado de ISIS, amenaza con ejecutar a Steven Sotloff, un reportero norteamericano que ha escrito para la revista TIME y otros, señalando sobre los riesgos que se corren si el presidente Barack Obama no toma medidas adicionales. Para demostrar que sus intenciones van en serio, el verdugo encapuchado de ISIS arrastra a Sotloff y lo coloca frente a la cámara.

El miércoles pasado, el Presidente Obana señaló que había hablado con la familia Foley, y compartido con ellos su dolor. Con relación a ISIS dijo que “su ideología está en quiebra” y no ofrecen otra cosa que “una visión vacía y esclavitud”. El futuro, continuó, no pertenece a ellos sino a personas como Jim Foley. El día anterior, su madre escribió en Facebook, “Nunca nos hemos sentido más orgullosos de nuestro hijo, Jim. Entregó su vida intentando dar a conocer el sufrimiento del pueblo sirio.” Agregó un ruego por la vida de los demás periodistas prisioneros, y concluyó “Le damos las gracias a Jim por toda la felicidad que nos brindó. Fue un hijo, un hermano, un periodista, un ser extraordinario.”

El asesinato de Foley evoca el doloroso recuerdo del asesinato del reportero, Daniel Pearl, del The Wall Street Journal, igualmente recogido en un video. Aquella ejecución de un hombre inocente, seleccionado por su nacionalidad o quizás por su religión (era judío), estableció un patrón para otros terrorista. Desde entonces, cientos si no miles han sido asesinados, muchos de ellos, simples ciudadanos, y sus últimos minutos recogidos en videos por los extremistas de Pakistán, Afganistán, Iraq, Siria y otros países. Ya no queda duda alguna de que el Internet, con su fuerza de contagio y multiplicación, se ha convertido en una herramienta de altísimo valor para el terrorismo.

Los Zetas del Medio Oriente

La última vez que me encontré con Foley fue en el verano de 2012, en Turquía, muy cerca de la frontera siria. Foley había estado cubriendo por varias semanas los acontecimientos en Siria pero interrumpió su trabajo para dedicarse al rescate de dos colegas que habían sido secuestrados por extremistas en Siria. Cruzamos ideas e información. Yo había estado precisamente en el mismo refugio rebelde, en la frontera de Siria, el día antes de que estos fueran plagiados; allí, me había topado con dos musulmanes británicos con espesas barbas, que estaban a punto de cruzar la frontera Siria. Claramente eran yihadis, y se sintieron incómodos al verme allí.

Unos diez días después, los colegas de Foley lograron salir de Siria. Habían estado en manos de musulmanes radicales, y señalaron que los más despiadados hablaban con acento inglés.

La voz del verdugo encapuchado se escucha en el video que recoge el ajusticiamiento de Foley y su acento parece inglés. Este hecho ha provocado alarma en el Reino Unido, incluyendo sus fuerzas de seguridad, que están cada día más conscientes del problema que enfrentan. El año pasado, dos británicos yihadis, decapitaron públicamente en un suburbio de Londres a Lee Rigby, un soldado del ejército inglés que regresaba a su casa.

Centenares de ciudadanos británicos y europeos han viajado a Siria e Iraq, y se han sumado al ISIS. Un aspecto común de este grupo de sicópatas que se unen a la campaña para establecer un califato musulmán en el Medio Oriente, es que suben a internet los videos que registran sus fechorías. Hace poco tiempo, un yihadi australiano filmó a su pequeño hijo, sujetando la cabeza decapitada de un hombre. También ha habido reportajes filmados de ejecuciones en masa de Chiitas, vistos como apostatas por los extremistas Suni del ISIS; también de crucifixiones y de la lapidación de mujeres. La crueldad no se detiene. Liberados y estimulados para que maten y amedrenten, tal parece que estos asesinatos ejercen una macabra atracción incluso hacia personas nacidas y criadas en democracias occidentales.

Poco antes de la ofensiva de ISIS en territorio Iraquí en junio, varios ciudadanos occidentales, en su mayoría reporteros, fueron liberados en Siria, hecho que hizo pensar que otros periodistas, incluyendo a Jim Foley, podrían ser puestos en libertad. Si ayer era difícil imaginarse que sus captores fueran capaces de llegar a tales extremos de crueldad, tristemente ya no lo es. Las guerrillas dieron paso a terroristas y éstos ahora le han dado rienda suelta a esta banda que actúa como insaciables asesinos seriales.

ISIS, una organización de matones, es la respuesta espejo del Medio Oriente a los sicópatas de Méjico, Los Zetas, que buscan superar a otros en su crueldad, hasta asustarlos y llevarlos al sometimiento. Se convierten en una espantosa caricatura del Mal.

Los nuevos bárbaros

La semana pasada, me reuní con Faisal Ali Waraabe, un político del partido Justicia y Bienestar de Somalilandia. Será candidato en las elecciones presidenciales del año próximo. Muy joven era socialista y devoto del Che Guevara. El año pasado, su hijo Sayid de 22 años de edad, quien nació y fue criado en Finlandia, decidió sumarse a ISIS y de paso convenció a su esposa para que se le sumara. Según el padre, ahora viven cerca de Raqqa, el bastión urbano más importante de ISIS. Faisal sacó su celular y me mostró un reciente video extraído del umbral de ISIS. Allí se observa a un joven con turbante negro, montado en un caballo, hablando con fuerte acento finlandés, y sonriendo ante la cámara. Se llama a si mismo Abu Shuaib al Somalí y dice. “La autoridad del Sharía llegará hasta Finlandia, y si te llaman alhamdulillah, entrarás en Jannah, el Paraíso, e Inshallah (el destino) y Alá se ocuparán de aquellos que dejes atrás.”

Le pregunté a Faisal que pensaba de ISIS, y de la decisión de su hijo. Movió su cabeza con tristeza y levantando sus manos en señal de impotencia, exclamó, “Ellos son los nuevos Bárbaros.”

*Jon Lee Anderson es uno de los más afamados reporteros de guerra.

Traducción de ABC de la semana.

Tomado de www.thenewyorker.com

 
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