EL REINADO DEL “BLING”

05 Lideres Lujos real

En una Venezuela que naufraga en la peor hondura de su historia, casos de este tenor no dejan de ser pan del día.

 

1774: Luis XVI ha hundido al pueblo de Francia en una miseria sin precedentes. La desigual distribución de riquezas, los groseros privilegios de los que gozan los poderosos así como la ingente pérdida de fondos invertidos en la independencia de colonias norteamericanas, sientan bases para el eventual estallido social. Sin embargo, a juzgar por las veladas en el Petit Trianon, la vida en Versalles transcurría sin escalofríos, exhibiendo un lujo costeado por impuestos como la Taille, que abatía solo a los campesinos. A contrapelo del menoscabo de sus empobrecidos siervos, una manirrota María Antonieta, experta en modas, zapatos y sombreros, cabello alzado a la “Pouf”, envuelta en una exclusiva Robe Chemise diseñada por Rose Bertin, que luego desecharía (la reina nunca usaba nada 2 veces) se gana el mote de “Madame Déficit”. Aun cuando estalla la revolución y las costumbres de la Corte se hacen más austeras, María Antonieta, fiel devota del privilegio real, seguía usando todos sus diamantes.

 

El lujo parece asociado desde siempre a una manera de ejercer el poder: el gobernante no solo quiere serlo, sino parecerlo. A merced de la doctrina del Derecho Divino de los reyes privó un código de histórica complacencia que justificó la pompa del Monarca. Pero aún así, el alarde del derroche en épocas de crisis –seña cierta de una corrupción que se ceba en los dineros destinados al pueblo- valía tanto como una vil cachetada. Esa sensación, hoy con más razón, no deja de espolear: ¿por qué un funcionario no tiene reparos en exponer su bonanza cuando el bolsillo de la gente se vacía por la debacle que aquél ha propiciado?

 

Peor aún es cuando el privilegio que usufructúan gobiernos y cortesanos ha sido escoltado por el discurso de la igualdad, la distribución equitativa de la renta, el fin de las prerrogativas. En la URSS de la colectivización forzosa y los koljoces, por ejemplo, nació una elite burocrática que gravitaba en torno a la figura del “gran líder”: clase mimada por el poder –la Nomenklatura- que se alimentaba con caviar y champagne mientras la hambruna hacía estragos entre la población (situación cuyo trágico retrato fue expuesto en el film “The inner circle” de Andrei Konchalovsky, basado en la historia real del proyeccionista privado de Stalin y oficial de la KGB, Alex Ganchin).

 

También en la roída Cuba del castrocomunismo el lujo es leal camarada del poderoso: “La vida secreta de Fidel Castro”, libro escrito por Juan Reinaldo Sánchez, guardaespaldas del líder cubano por 17 años, revela la existencia de “una marina privada con 4 yates, bote de pesca y más de 100 hombres que cuidan esas propiedades”, todas atribuidas a Fidel. “Nadie en Cuba sueña con tener un coto de caza personal, más de 20 residencias que conocí y una isla privada, Cayo Piedra, que cuenta con restaurante flotante y un delfinario donde llevaba a familia y amigos”.

 

Pero así como Castro procura ocultar su apego por la abundancia, para nadie fue secreto el embeleso que Eva Perón –quien paradójicamente se hacía llamar “Reina de los descamisados”- sentía por los vestidos de marca, las pieles, las joyas costosas. Cuentan que su asistente Asunta Fernández, quien estuvo a su lado hasta el final y la vistió por última vez para el velatorio, “escogió un vestido de Christian Dior y lo convirtió en mortaja”. Su compatriota, la presidenta Cristina Kirchner, tampoco duda en retar a quienes cuestionan el origen de su patrimonio ($8 millones, incrementado en 20% en 2013). Aun a merced del default por Fondos Buitres, sigue presumiendo su Rolex Lady Day Just, gastando $110.000 en zapatos Louboutin y otros miles en carteras Vuitton o Hermès.

 

En una Venezuela que naufraga en la peor hondura de su historia, casos de este tenor no dejan de ser pan del día: sobran nombres de funcionarios adictos al bling (o “brillo”) de relojes, joyas o prendas de marca. Recientemente el diputado Carlos Berrizbeitia alertaba sobre un aumento de más de 40% en gastos del despacho presidencial respecto a 2013, que supera los Bs. 55 millones en el 1er semestre de 2014. “Solo por servicio eléctrico, compra y consumo telefónico, la partida de Relaciones Sociales, Viáticos y Seguridad Personal de Maduro pasa de 35 millones”. Y nos descoloca con inusitados detalles: “En lavandería los gastos son de Bs. 484.940; Relaciones Sociales Bs. 6,2 millones; telefonía 4,5; viáticos y pasajes 16,6; prendas de vestir Bs. 701.747, y calzados 85 millones”. No cabe si no preguntarse si tal derroche en naderías se justifica en plena crisis; si en un país donde se evalúa un aumento del precio de la gasolina para paliar el déficit, debemos seguir pagando por traje y calzado lo que podría invertirse en auxilios al sector Salud, por ejemplo.

 

Después de todo, el tránsito de María Antonieta hacia la guillotina fue hecho casi desnuda, con un breve camisón que en nada invocaba las suntuosas creaciones de la Bertin: esas, que no pudieron darle compañía cuando el pueblo dirigía hacia ella su feroz mirada de desprecio.

 

 
Mibelis Acevedo DonísMibelis Acevedo Donís

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