Fin del sueño chavista

Se complica terrible y peligrosamente la gestión cotidiana del gobierno de Nicolás Maduro. Mientras la tristeza colectiva se respira en la calle y la paciencia de la población se achica, la dirección del chavismo luce, por primera vez, auténticamente extraviada y comienzan a presenciar el desenlace de esta historia. Todos los elementos de la producción, el comercio y los servicios enfrentan, con niveles de gravedad que varían, la perspectiva del colapso. La sequía de divisas ha convertido a Venezuela en el reino de lo imposible.

Confundidos, evasivos, relativamente ausentes, procurando desviar las conversaciones hacia el drama de la Franja de Gaza, los chavistas comienzan a presenciar el desenlace de esta historia. También en aquella acera se aprecia el desencanto.

No reaparecerán los productos que el gran capital tenía escondidos. No existe la producción nacional. No aparece el beatífico sueño comunal de la felicidad posible. Estamos arruinados en la abundancia por primera vez en nuestra historia.
El país corre temprano a refugiarse en sus casas. La calle se marchita: los anaqueles están vacíos, las centros comerciales pálidos y con escasas novedades. Los precios de los productos, desprendidos, irreconocibles, aún a pesar del tiempo y el dinero que invierte el gobierno en sus inútiles operativos de fiscalización.

Mientras todo esto sucede, la dirección del chavismo luce, por primera vez, auténticamente extraviada. No se explica en virtud de qué la estricta aplicación de sus postulados se está traduciendo en esta debacle. Eso lo pone aún más retrechero y represivo. Muchos parecen percibir que algún tipo de debacle se podría estar aproximando, pero nadie quiere decirlo: no es conveniente hacerle el juego a la derecha.

Es un detalle fundamental cuando toca analizar el delicado cuadro económico y social que vive el país. Los chavistas no toman decisiones interpretando el entorno existente; pretenden honrar los lineamientos del denominado Plan de la Patria como si se tratara de las disposiciones del Corán. Aún si el precio de honrar sus dogmas de Fe implica el definitivo desencuadernamiento del país.

Si algo distinguió siempre a Hugo Chávez como estratega era, no sólo un olfato político innegable, sino una total comprensión del país que tenía frente a sí, el impacto de sus decisiones y el conocimiento de sus adversarios. Chávez sabía retroceder y evidenciaba una enorme flexibilidad y sentido común en los momentos de crisis.

Habría sido el primero en tener perfectamente claro que los elementos del momento venezolano actual son potencialmente muy desestabilizadores.

Algunas voces que militan en el PSUV no han ocultado su inconformidad con la marcha de los hechos en el gobierno y en el país. Piden cuentas claras; exigen un debate en el cual se establezcan responsabilidades sobre la sangría de divisas de Cavidi y la orgía de corrupción y extorsiones que tienen lugar en la administración pública.

Fueron paladinamente ignorados.

 
Alonso MoleiroAlonso Moleiro

Artículos relacionados

Top