Estraperlo

bachaqueo-milkoEstraperlo es un concepto con el que me tropecé desde los tiempos en que los ministros, embajadores y funcionarios de hoy, se mostraban como unos humildes profesores de la Escuela de Economía, en nuestra máxima casa de estudios, la hoy muy defraudada UCV; y la califico así no porque su obra no sea digna y trascendente, sino por el escuálido presupuesto con el que cuenta para encumbrar la docencia, investigación y extensión en Venezuela, en tiempos de tanta escasez, inflación e inseguridad integral, flagelos estos a los que deliberadamente se encuentra sometida toda la comunidad ucevista.

Dícese que la noción de estraperlo tiene su correlato coloquial y costumbrista hoy día como el consabido “bachaqueo”, término que el profesor Ángel Rosenblat, quien tanto se interesó por nuestro lenguaje y sus evoluciones, no contempló en sus interesantes investigaciones etnolingüísticas. Lo cierto es que el origen del término coincide con estraperlo, nombre dado a cierto juego fraudulento de azar, que se intentó implantar en España en 1935.

Posteriormente, la palabra se utilizó con los siguientes significados: Comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasa; conjunto de artículos que son objeto de dicho comercio; chanchullo, intriga; en general, el estraperlo apela a las actividades comerciales ilícitas que desarrollan ciertos actores económicos como resultado de la escasez que genera la intervención del gobierno.

Ahora bien, esta noción intenta explicar que cuando los gobiernos toman decisiones erróneas que desarticulan el sistema económico, se genera escasez de bienes y servicios que afectan grandemente el mercado. Los actores económicos ante la escasez se verán interesados en la reventa lo cual genera más escasez por el acaparamiento e incremento del precio (inflación) de los productos sujetos al bachaqueo. Los “bachacos” compran barato haciendo largas e interminables colas para adquirir productos a precio regulado y luego revenden a un precio superior, y dicho incremento, dependerá del demandante, de su presupuesto, gusto, necesidad, en fin; de lo que siempre ha dependido: de la demanda, el ingreso y de las interioridades humanas donde la economía tiene poco o más bien nada que decir.

Por tanto, si el gobierno comprendiera que sus medidas económicas producen estampida de capitales y desmotivan la inversión, que la expropiación sin causa justificada destruye rubros básicos de la economía (no hay abonos, ni semillas, repuestos, etc.), que la clave de una economía sana es la seguridad y la libertad de empresas, acompañada de un esquema claro de controles y leyes que permita crecimiento industrial sin enriquecimientos ilícitos y sin desabastecimiento, la economía florecería. 

Nuestros ingresos nos los manda Dios, no son fruto de nuestro trabajo, pero nuestros gastos y administración salen de la mismísima boca del diablo que últimamente no me queda claro dónde está ubicada. Producir más es la clave de la eliminación del estraperlo que es, lamentablemente para el pueblo, la última moda económica en Venezuela.

 

 

 

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