La vocación imperial de Brasil*

12 Candidatos de Brasil
Dilma Rousseff – Marina Silva – Aecio Neves

 

¿De dónde viene el nombre de la nación con mayor propensión imperialista de Suramérica?

El excelente narrador madrileño Javier Moro ilustra la respuesta en una novela que le dio el premio Planeta 2001. “El imperio eres tú”, saga del libertador y primer emperador del Brasil emancipado de Portugal. Un árbol (pau) usado por los indígenas para pintarse con el colorido que desde la infancia veíamos en Carmen Miranda o el loro José Carioca.

Moro nos habla de un brillante jefe político y militar que logró independizar su país evitando que sufriera la lamentable fragmentación de la América Hispana. Todo ello en medio de retos y complicaciones sobrehumanas.

Bolívar, San Martín, Sucre, Martí, Rodó soñaron una América unida. Pero ese sueño solo pudo ser concretado por Pedro I de Braganza y Borbón en el inmenso territorio que liberó de la influencia portuguesa y, junto con su padre, protegió del asalto de Napoleón Bonaparte. A semejanza de los grandes emancipadores hispanoamericanos, Pedro I asentó Brasil en una Constitución que inspiró y en buena parte redactó, y a diferencia de ellos, no fundó ni podía fundar una República sino un imperio. Un imperio constitucional en un clima liberal.

Por eso Brasil es como es: un gran país de vocación imperial, y sin embargo con el activo de poseer el parlamento más autónomo y determinante de nuestro subhemisferio.

Para hacer de la monarquía liberal una República, los poderosos militares brasileños derrocaron a Pedro II, masón, hijo y sucesor del influyente Pedro I. Eran, si puede decirse así, militares muy militaristas (no todos lo son) que reimpulsaron el destino imperial de Brasil, y con él su agudo pragmatismo diplomático. Influir sobre América del Sur estaba en el orden natural de las cosas. Y también sobre África y de allí en más hasta donde alcance el pabilo

En 1938, con un pragmatismo fascista que le permitió jugar entre el poderoso eje nazi-fascista y los cercanos Estados Unidos, Getulio Vargas concretó todo aquello en el Estado Novo, corporativo, centralizado, represivo y populista como pocos. Con la misma fuerza de Pedro I, se propuso determinar la suerte del sub-continente, después de mantener a raya a demócratas, liberales y comunistas mientras le opusieron resistencia, a ratos tenaz.

Encarceló al líder comunista Luis Carlos Prestes, el llamado Caballero de la Esperanza, entregó a la Gestapo la embarazada esposa del Caballero, y no obstante el Partido Comunista de Prestes lo respaldará en su intento de retornar al poder en 1951, postulado esta vez por el Partido de los Trabajadores (más tarde será el partido de Lula y Dilma) Pragmatismo casi inhumano, como puede verse. Trátese de Prestes, de Vargas o del Partido del futuro Lula.

Pero Brasil es un gran reservorio democrático y productivo de América, que pudo superar el horror del militarismo y entrar en la senda del desarrollo aperturista con la brillante conducción de Fernando Henrique Cardozo, ruta seguida con buen sentido por Lula da Silva. Acertada continuidad, que le garantizó dos períodos presidenciales y uno a su sucesora Dilma Vania Rousseff.

La geopolítica brasileña le da a ese país buenos títulos para marcar el paso de la América hispano-lusa. Lo dijo Richard Nixon: “adonde vaya Brasil, irá Latinoamérica”. No lo creo, pero tampoco puede descartarse. Ninguno de sus presidentes recientes se sentirá cómodo admitiendo derechamente lo del “imperio brasileño”. Pero Getulio Vargas no tuvo empacho en reconocerlo. El agudo historiador de nuestra Universidad de Los Andes, J P Espinoza Aguaida, exhuma en su obra Brasil, Vargas y la Proyección Continental, una declaración emitida por Vargas en 1938, que retrata el problema:

  • El imperialismo de Brasil –dijo Getulio- consiste en ampliar sus fronteras económicas e integrar un sistema coherente… La expansión económica traerá el equilibrio deseado

En 2014, año electoral, el crecimiento brasileño se ha ralentizado, la inflación crece (por supuesto, infinitamente menos que en Argentina y sobre todo, en Venezuela) y el cansancio y malestar amenazan la permanencia de Dilma en el poder.

No es que Marina sea más pragmática que Dilma, pero en política las realidades se imponen sobre las personalidades. Y hay una declaración clave de Aecio Neves, el abanderado de la socialdemocracia de Cardozo, colocado por las encuestas en tercer lugar a mínima distancia de Marina. Ha dicho este importante personaje que si Marina es la que va a la segunda vuelta, él le arrimará sus votos. Agruparse con la socialdemocracia no es lo mismo que hacerlo con una corriente pespunteada de alguna retórica y simpatía hacia el chavo-madurismo, así sea básicamente retórica.

Dilma-Marina-Aecio. Felicitémonos de que no haya militares prusianos en competencia. Ni civiles militaristas a lo Getulio Vargas o a los militar-militaristas que oprimieron brutalmente la gran nación fundada por Pedro I.

Probablemente Brasil terminará siendo una gran potencia de vocación expansiva. Eso podría ser un destino avasallante solo contrabalanceado por la promisora Alianza del Pacífico. En cualquier caso es inmensamente mejor que la gran nación encerrada entre las cuencas del Amazonas y el Plata se mantenga en el esquema democrático y que adicionalmente condicione su histórico pragmatismo a las exigencias internacionales de la esfera de los derechos humanos y la tolerancia mínima o cero hacia los ensayos autocráticos disfrazados de socialismo.

Causas esas verdaderamente notables en este mundo amenazado por el terrorismo fundamentalista que quiere devolvernos a las ominosas guerras religiosas, a las decapitaciones, torturas y conversiones bajo amenaza de muerte.

Por todo eso, la suerte de Brasil toca muy pero muy de carca a Latinoamérica. Por todo eso, el resultado de las elecciones nos concierne directamente.

 

*TITULO ORIGINAL: PAU DE BRASIL

 

 
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