Un club bajo las bombas

El Shakthar Donetsk, exiliado por la guerra en el este de Ucrania, sufre ataques en su estadio

 

Estadio de Shakthar DonetskAlejandro Ciriza 

La fachada noroeste del Donbass Arena, dañada tras la doble explosión de la semana pasada. 

Entre el hollín y los minerales de la industrializada Donetsk, epicentro minero de Ucrania, se alza imponente el Donbass Arena. El recinto, de aspecto futurista, contrasta con la sobriedad y los edificios soviéticos que dominan en el resto de la ciudad, la quinta más poblada del país. El lujoso hogar del Shakhtar, sobre el que ahora llueven balas y proyectiles, fue construido hace cinco años. Asentado en el centro de la metrópoli, de forma ovalada y con un revestimiento que combina el cristal y el acero, la UEFA lo incluyó entre la élite de los estadios europeos. El presupuesto final del proyecto, tasado de inicio en 190 millones de euros, se disparó hasta los 305. El desmán, sin embargo, no dañó un ápice la imagen del multimillonario Rinat Ajmétov, responsable de su construcción.

Hasta hace poco más de una década, el Shakhtar era un discreto equipo que apenas había levantado cuatro Copas de la extinta Unión Soviética. Invisible en la escena europea, su rumbo viró hacia la gloria con la llegada de Ajmétov a la poltrona presidencial. Hijo de un minero y una dependienta, hoy día es el hombre más rico de Ucrania y figura entre los 50 más acaudalados del planeta. A sus 47 años administra una fortuna de 11.000 millones y sostiene un holding —System Capital Management (SCM)— que concentra a 300.000 trabajadores. Sus inversiones apuntan a la construcción, la metalurgia y los medios de comunicación.

Desde su aterrizaje, en 1996, el Shakthar gobierna con mano de hierro la Liga ucraniana (contabiliza nueve coronas) y se ha transformado en un equipo pujante en Europa (ganó la UEFA en 2009 y guerrea contra los grandes del continente en la Champions). Dirigido por el pétreo Mircea Lucescu y cimentado sobre la samba de los talentosos jugadores brasileños, su crecimiento se ha topado ahora con el impacto de las bombas. Pese a que contabiliza sus cinco partidos de Liga por victorias, se ha convertido en una víctima más del fuego cruzado entre los rebeldes prorrusos y las fuerzas del ejército controladas por el gobierno, que combaten en el este por el poder. La inestabilidad política en Ucrania obligó al Shakthar, futuro rival del Athletic en la Champions, a trasladar su sede a Kiev el pasado mes de julio. También le forzó a emigrar a Lviv, a más de 1.000 kilómetros de Donetsk, al oeste, para jugar sus encuentros como local.

Shakthar Donetsk logoEn julio, seis jugadores del equipo, sudamericanos, se negaron a volver al país tras un amistoso en Francia

Ahora, la situación es todavía más tensa. Mientras el plomo y la desgracia azotan Donetsk, el populista Ajmétov observa la desgracia desde su fastuosa residencia con vistas al Hyde Park londinense. Hace una semana, dos bombas destrozaron la cara noroeste del opulento Donbass Arena. Y este fin de semana, dos proyectiles hicieron trizas el edificio principal de su ciudad deportiva, cuyos campos de entrenamiento ya habían sido objetivo de la munición durante la semana.

En julio, seis jugadores del equipo se negaron a volver a Ucrania tras un amistoso en Francia. Cinco de ellos eran brasileños (Alex Teixeira, Dentinho, Ismaily, Douglas Costa y Fred) y el otro, Ferreyra, argentino. “Me gusta el club, la gente y la ciudad, pero tengo miedo”, admitió Costa. “Si no vuelven, serán los primeros que van a sufrir”, les amenazó el oligarca Ajmétov, amigo íntimo del presidente depuesto tras el golpe de Estado de febrero, Víctor Yanukóvich. Sólo uno de los receptores del mensaje abandonó el club.

Tomado de El País

 

 

 

 
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