El ABC de Janeth Márquez / Directora de Cáritas de Venezuela
“La pobreza comienza a trazar caminos de miseria aunque tengamos un PIB alto”


Casi no tenemos donaciones del Estado. La Iglesia y la sociedad civil tienen la tarea de mitigar en lo posible la necesidad de la

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“Los problemas de la gente que solicita refugio son muy duros, así que hemos agregado esa ayuda psicológica tan necesaria”.

gente. Las misses, sí, las misses, han hecho un trabajo de mucha utilidad. La colaboración y la planificación hacen que todo sea más cordial y eficaz en momentos de necesidad, opina.

Es socióloga y educadora, egresada de la UCV. Procedente de las comunidades de base, lleva 24 años trabajando para Cáritas. Antes se dedicó a formarse y servir en el área de Derechos Humanos. Se reconoce colaboradora, formada y asistida permanentemente por los redentoristas y, como le apasiona el tema social, el servicio que presta le permitirá devolver a la Iglesia todo lo que le aportó, trabajando para que quienes no contaron con esa suerte, puedan incorporarse a la sociedad de manera digna y productiva. Hoy, es Directora de Cáritas de Venezuela y esto fue lo que nos contó para los lectores de ABC de la Semana.

— ¿Desde cuándo existe Cáritas en nuestro país?

— Cáritas nace en Venezuela, formalmente, hace 54 años pues, por supuesto, la Iglesia ha trabajado siempre toda el área social. Desde su nacimiento la organización tenía una misión específica que eran las emergencias pero en los últimos 20 años se ha ido desarrollando y tiene un accionar mucho más amplio.

— ¿Cómo se estructura el trabajo de Cáritas en Venezuela?

— En 5 áreas. En primer lugar las emergencias, atención a las personas quienes, por sucesos trágicos, han quedado desasistidas; tenemos otra área naciente que son los derechos humanos, lo cual tiene que ver con la Educación, tramitación de casos de violaciones de derechos humanos; un área de movilidad humana que se refiere a la asistencia a migrantes y refugiados. Tenemos seis oficinas en toda la frontera y una en Caracas para prestar ese servicio a las personas que salen de sus países. En años anteriores llegaban muchos chilenos, peruanos, paraguayos, argentinos, pero ahora la atención masiva es más bien para africanos y colombianos.

— ¿Cómo se lleva en la práctica esa tarea, cómo los contactan?

— El 98% del trabajo es hacia los colombianos pues actualmente representan la migración más numerosa por el tema de los desplazados por la guerrilla. Ellos pasan la frontera pues su vida corre peligro, son perseguidos por algún grupo irregular y llegan a Venezuela. Podrían llegar igualmente a Ecuador o a Panamá, pero Venezuela es una frontera que hace 20 años se convirtió en agradable para ellos -en medio de la tragedia- pues somos muy parecidos, comemos casi lo mismo, además de que pasar la frontera hacia acá es muy fácil, sobre todo al Norte de Santander, por el lado de Cúcuta. Estamos recibiendo cerca de 4.000 ó 5.000 solicitantes de refugio.

— ¿Cómo organizan la atención y los encaminan acá?

— En tres áreas: la ayuda humanitaria en primer lugar pues normalmente pasan sin nada, sin maletas, ni ropa, ni siquiera documentación. Entonces hay que comenzar por esa ayuda primaria que generalmente se extiende por unos tres meses donde les proporcionamos alimento, alojamiento y vestido, mientras ellos tratan de solventar su situación, resolver qué hacer y abrirse camino aquí. Luego, les damos atención legal, asesoría sobre como solicitar el estatus de refugiados en el país; además, atención sicológica pues muchas de esas personas, sobre todo las mujeres, vienen con problemas muy fuertes, les han matado a sus esposos o alguien de su familia, han violado a sus hijas o a ellas mismas. Los problemas de la gente que solicita refugio son muy crueles, muy duros, así que en esa parte hemos ido fortaleciendo el servicio y agregado esa ayuda psicológica tan necesaria para quienes han vivido semejantes dramas.

— Y desde el punto de vista de capacitación, ¿hay algún programa que pueda servir para su inserción en el mercado de trabajo?

— ¡Claro! Hemos incorporado proyectos de microempresas, al menos para entrenarlos en conocimientos que les permitan ser útiles y obtener ingresos y que no necesiten depender de alguna organización o empleador particular.

— Ese es un trabajo que requiere recursos humanos y económicos, ¿con qué apoyos cuentan?

— Somos una red que está en casi todo el país, tenemos 30 Cáritas diocesanas y más de dos mil Cáritas parroquiales. Eso, desde el punto de vista estructural. Cada una de esas ramas, especialmente diocesanas y nacional, cuenta con un personal que en un 60% es remunerado y en el restante 40% es voluntariado.

 

 

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“Los programas de servicios del Estado se convirtieron en misiones y esos recursos los maneja el gobierno”.

Contribuciones

 

— ¿Cómo financian sus actividades?

— A través de donaciones. Hay mucha gente con buena voluntad, católicos y no católicos, quienes creen en nuestra organización, conocen los servicios que prestamos y son generosos en sus contribuciones. No hay que olvidar que la red Cáritas es muy grande, estamos en 154 países y es muy conocida la labor social y humanitaria que realizamos y la transparencia con la que trabajamos, así que no es extraño que recibamos apoyo para nuestro trabajo. Cáritas Internacional canaliza la ayuda de países europeos, cuya situación en mejor que la nuestra, hacia los países más pobres.

— ¿Estamos entre esos países pobres?

— No, pero hemos empezado a entrar en los grupos que pueden ser objeto de esas donaciones por la situación que estamos viviendo: la pobreza comienza a trazar caminos de miseria aunque tengamos un PIB alto. En las comunidades se dibujan mapas de pobreza importantes y es allí donde la Iglesia y la sociedad civil tienen una tarea que hacer al es adelantar proyectos de servicio para mitigar en lo posible la necesidad de la gente.

— Ustedes desarrollan muchas campañas…

— Si, ellas nos permiten que la gente de buena voluntad, sobre todo católicos, pero también de otras creencias, pueda colaborar con nosotros. Por ejemplo, hay evangélicos que nos han llamado y nos han hecho importantes aportes. Está la campaña “Compartir” que se hace en tiempo de Cuaresma, donde se recoge mucho dinero para desarrollar nuestros proyectos.

— Cáritas parroquial, la más cercana a la gente, ¿de qué se ocupa concretamente?

— Cáritas Parroquial es el norte de nuestra misión porque es a través de ella que se podemos prestar servicio, trabajando directamente con la gente. Ella responde a las necesidades dependiendo del marco estructural que caracteriza su zona. Tenemos Cáritas que atienden a campesinos, a indígenas, a refugiados; también hay quienes se ocupan de coyunturas, por ejemplo, los enfermos de VIH (sida), los niños de la calle. Estamos en casi todo el país. Las Cáritas diocesanas generan, estimulan y asesoran a las Cáritas parroquiales y donde no estamos específicamente organizados como Cáritas, tenemos contacto con organizaciones eclesiales (sacerdotes, hermanitas) que hacen labor de servicio social. De hecho, se puede decir que nuestra red es muy importante pues se las arregla para servir con pocos recursos y responder inmediatamente a las necesidades que se presenten. La única forma es teniendo Cáritas en todas partes.

— ¿Reciben algún tipo de subvención gubernamental?

— Tuvimos por muchos años una asignación que nos daba el Estado para los servicios de Cáritas. Andábamos de la mano con el trabajo de carácter social, por ejemplo, todo el tema de los ancianatos, administrábamos algunos recursos del Estado para los ancianatos pudieran tener servicios muy eficaces. Igualmente funcionábamos con emergencias y servicios de salud a través de la Pastoral de la Salud, que también la lleva Cáritas. Pero en este momento no contamos con estas donaciones. Han ido bajando y en hoy podría decir que casi no tenemos donaciones por parte del Estado.

— ¿Hay alguna razón para ello?

— Los programas de servicios del Estado se convirtieron en misiones y esos recursos los maneja el gobierno en su totalidad.

— Aún así, ustedes continúan con lo que venían haciendo, ¿no?

— Por supuesto, gracias a la cooperación de los venezolanos y a la internacional de muchas organizaciones de Iglesia y de la sociedad civil de países de Europa y de sus gobiernos, quienes proveen la ayuda necesaria. El trabajo de Cáritas se aprecia y respeta, no sólo por la larga experiencia internacional sino también por la eficiencia con que se realiza.

— ¿Cuáles son las jerarquías en Cáritas de Venezuela?

— Un poco diferente de Europa. En casi todos los países de América Latina, incluida Venezuela, Cáritas depende de las Conferencias Episcopales. Cáritas es el brazo ejecutor de la acción social de la Iglesia. Es una organización no gubernamental. Sus principales miembros son los obispos. Cada uno de ellos es el Presidente de Cáritas en su diócesis, pero a nivel nacional tiene una Junta Directiva formada por 5 obispos que son electos en Asamblea la Conferencia Episcopal. Además, eligen una Dirección Operativa que me toca coordinar a mí en estos momentos. Básicamente nos encargamos de monitorear la acción institucional. Todas las Cáritas parroquiales son voluntarias, pero obviamente tenemos que disponer de un personal fijo por el cúmulo de trabajo que implica y ese personal recibe una remuneración.

 

Trabajo en equipo

 

— ¿Qué hace el personal voluntario?

— Pues tenemos muchos médicos que ofrecen parte de su jornada para la atención de pacientes de manera voluntaria. También psicólogos, abogados, ingenieros quienes, dependiendo de sus posibilidades de horario, ceden su tiempo. Y así se van coordinando los equipos de trabajo, gracias a la buena voluntad y disposición de la gente. Hay también el voluntariado de instituciones, por ejemplo, Sanitas de Venezuela desarrolla su voluntariado a través de Cáritas. Las misses han hecho un trabajo de mucha utilidad.

— ¿Las misses? ¿Las de los concursos de belleza?

— Esas mismas. Las participantes en el Concurso de Miss Venezuela, vienen dedicando seis meses durante los cuales prestan parte de su tiempo, según sus habilidades, a trabajar con nosotros. Muchas de ellas son profesionales, médicos, arquitectos, ingenieros, psicólogas, así que van a los barrios donde Cáritas trabaja y nos ayudan.

— ¡Eso sí que es una sorpresa!

— Es algo que viene ocurriendo desde hace unos cuatro o cinco años, es una experiencia para ellas y por otra parte proyectan una imagen de sensibilidad, alejada de la frivolidad y de la banalidad. Muchas de ellas no quieren que se las perciba solamente como caras bonitas, sino como venezolanas conscientes y comprometidas con la solución de nuestros problemas.

— ¿Ha resultado esa labor?

— Al principio no estábamos muy convencidos de que fuera a resultar, por razones obvias. Pero hemos comprobado con satisfacción cómo ellas se sienten parte del país. Ha sido un bonito trabajo pues cuando llevas misses a las comunidades se desarrolla una animación especial, la gente quiere ir a verlas y eso permite que se motiven a ir a charlas, a participar en talleres. Al conectarse con problemas tan fuertes como los que se ven en nuestros sectores marginales, se nota cómo en ellas cambia su perspectiva y su forma de pensar sobre cómo pueden canalizar su reinado de belleza de una manera más útil para quienes menos tienen. Palpan las necesidades reales y ya la actitud no es de pose, de foto con un niño pobre, sino de involucramiento real, de preocupación y compromiso por los más necesitados.

— Si bien no han tenido ayuda económica por parte del gobierno, tampoco han tenido cortapisas, ¿o sí?

— No. Sobre todo porque Cáritas es una de las organizaciones que, si no trabaja en coordinación con algunas instancias del Estado, podría quedarse en paños calientes. No se trata de funcionar alineados con el gobierno, pero sí de manera coordinada. Por ejemplo, imaginen un desastre como un terremoto, una vaguada, inundaciones: allí no se trata solo de repartir cobijitas, se trata de avanzar hombro a hombro con Protección Civil y resolver más allá de la emergencia del momento.

— Protección Civil es un buen ejemplo para entender lo que dices…

— Ahora tenemos un proyecto con ellos que se llama Dipeco, promovido por la Unión Europea, que se propone desarrollar habilidades en las comunidades para que, cuando lleguen las tragedias, ya la gente esté preparada, sepa cómo actuar y, sobre todo, aprenda la importancia de la prevención y a vivir con el riesgo, ya que muchas personas no pueden salir del peligro permanente. Así habrá menos muertes que lamentar. De hecho, en muchas áreas, es Protección Civil quien nos forma a nosotros. Conformamos una red y al sobrevenir un evento nos activamos. Ya todos sabemos qué hacer, la Iglesia, los organismos del Estado, la sociedad civil, los evangélicos, las propias comunidades que deben ser las primeras en activarse, pues es la que está viviendo el acontecimiento. Armamos toda una plataforma de atención y el Estado con sus organismos es el que tiene que entrar primero, pero la colaboración y la planificación hacen que todo sea más cordial y eficaz en momentos de necesidad.

— ¿Cómo es la experiencia de trabajo de Cáritas con los ministerios?

— Hasta ahora, muy buena. Cuando dictamos talleres de trabajo de visibilidad o de concientización, nos ofrecen mucha cobertura y están siempre dispuestos a formarse.

— ¿Es Venezuela ahora quien lleva la Presidencia de Cáritas en América Latina?

— Si, Monseñor José Luis Azuaje es quien conduce Cáritas Latinoamérica. Lleva tres años allí, tomó un mandato intermedio y ahora en octubre va candidato a la reelección. Allí no hay rotación como en otras instituciones, sino que los obispos votan y eligen. Para Venezuela eso ha sido muy positivo pues Monseñor debe representar al continente en el mundo entero y ello permite dar a conocer a Venezuela y el trabajo que realizamos, además de participar en muchos eventos que nos han aportado mucho a los venezolanos, a fin de tener otra visión, más enriquecedora y otra perspectiva de los problemas.

— ¿El trabajo de Cáritas es fundamentalmente laical?

— Estamos claros en que el trabajo de Cáritas es un llamado de la Iglesia a los laicos, a poner nuestros dones y conocimientos al servicio de los más pobres, siempre con la asesoría y cercanía de nuestros pastores.

 

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