EL SUPLICIO DE LA IMPOSIBILIDAD DE DECIDIR

maduro gabinete

 

El peso de la realidad que nos rodea se hace sentir por todos lados

 

Hemos estado especulando con la idea de que este gobierno está condenado a vivir y a hacernos vivir lo peor de todos los mundos. La idea manejada en ese sentido ha sido que el Gobierno no está en capacidad de tomar las medidas que cree que hay que tomar de la forma necesaria para que produzcan en la economía del país los efectos que de ellas se esperarían.

 

Lo que el Gobierno va a hacer es tomar las medidas en forma discontinua, aisladas unas de otras, de manera que producirían sus efectos negativos sobre la población sin producir los efectos positivos que se supone que debían producir. Lo peor de todos los mundos, versión uno.

 

Pero hay otra posibilidad, otra vuelta de tuerca posible a esto de los infiernos que nos esperan. El peor de todos los mundos versión dos. Aquí se trata de que el Gobierno no está en capacidad de tomar ninguna de las medidas de las que se ha venido hablando, en ninguna de sus formas, ni la continua ni la discontinua, ni la dispersa ni la sistemática. En este escenario, ni devaluación, alza de precio de la gasolina, no reducción del gasto… nada de eso va.

 

Otra versión

 

Esta otra versión del asunto se refiere a que el Gobierno está demasiado débil, política y técnicamente, para abordar ninguna de esas decisiones. En relación a lo primero, todas las encuestas apuntan a un debilitamiento del respaldo popular al Gobierno, y un descenso continuo en la confianza de la población respecto a que este gobierno pueda resolver los problemas que tiene el país. La base de sustentación del Gobierno se reduce cada vez más.

 

Lo segundo se refiere a la capacidad técnica del Gobierno. Tal capacidad es casi cero. No tiene el Gobierno un solo funcionario de alto nivel capacitado para conducir un proceso de reformas económicas, en ninguna de sus modalidades. Y mucho menos aquella que sería políticamente más potable, la gradual, pues es ésta la que requiere equipos de mayor calidad, pues se trata de una secuencia de decisiones que, para que salga bien, tiene que ser llevada a cabo con gran precisión.

 

Cosa ésta que está por completo fuera del alcance de las torpes manos que conducen la política económica gubernamental. (De ahí por cierto que la cosa de la que más se habla últimamente es de la venta de Citgo, que no tiene efectos inmediatos negativos sobre la población, que es un acto de una sola vez y por lo tanto no exige especial capacidad técnica de fondo, y que se hace fuera del país).

 

Reacción contraria

 

El mero anuncio por parte del Gobierno de que está pensando hacer esto o lo otro, genera una reacción contraria que hace que el Gobierno retroceda, consciente de su debilidad política por un lado y de su debilidad gerencial por otro.

 

Esta última lo pone en el terrible riesgo de que, si por acaso se atreve a dar el paso anunciado, la medida salga mal y entonces la torta sea completa.

 

Tenemos entonces un gobierno que cree que sabe lo que tiene que hacer, que anuncia que lo va hacer, y que no lo puede hacer por su debilidad política y técnica. El país reacciona como si el Gobierno fuese a tomar la medida, casi como si ya la hubiese tomado: se enfurece, resiste, protesta, amenaza con los puños, retira aun más su apoyo, ante un gobierno que, el pobre, no ha hecho nada, sino decir que va a hacer unas cosas que no puede hacer.

 

Pero como de hecho no lo hace, por otro lado ocurre lo que tiene que ocurrir: que todo se empeora. Lo cual agudiza la debilidad política, pues se acentúa el descenso en el respaldo popular, y la técnica, porque las medidas por tomar son cada vez más difíciles.

 

Callejón sin salida

 

Esa es la terrible realidad en la que está entrampado este gobierno y, por desgracia, el país que sufre los efectos de ese callejón sin salida. El país lo sabe, lo va sabiendo cada vez más, porque el peso de la realidad que nos rodea se hace sentir por todos lados, se comunica de mil maneras, y los venezolanos nos enteramos de ella de forma indetenible.

 

Por eso todo este tema de la hegemonía comunicacional ha terminado por ser tan risible. Canales de televisión que se callan, emisoras radiales que se suavizan, programas de denuncia que el Gobierno saca del aire.

 

Pero, cierre el Gobierno lo que cierre y silencie lo que silencie, el descenso en el apoyo popular al Gobierno continúa su marcha imperturbable, impulsado por la implacable e imponente realidad de la tragedia nacional.

 

Para un venezolano es imposible tener ese sentimiento, pero se imagina uno que a un observador al que no le duela este país, lo que le daría este gobierno, al verlo atrapado de la forma descrita, es lástima.

 

 
Diego Bautista UrbanejaDiego Bautista Urbaneja
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