EL SÍNDROME DE PENÉLOPE

En la Odisea, Penélope hace un reto a sus pretendientes para acceder al matrimonio ante la larga ausencia del marido, tensar el arco de su esposo Ulises y lanzar una flecha que tiene que pasar por doce aros en línea, todos fracasaron menos uno, el esposo que regresó a Ítaca disfrazado de mendigo y logró superar la prueba para felicidad de la paciente Penélope y desgracia de los pretendientes que fueron muertos por el protagonista de la Odisea.

Sin embargo si Homero describe a Ulises como un guerrero astuto en la Ilíada y lo hace protagonista en la Odisea, su consorte no lo es menos, Penélope tiene que esperar por 20 años el retorno de Ulises de la guerra de Troya, asediada por familiares y pretendientes al trono y a la reina, para ello construye una estrategia que le permite soportar la presión constante a la que está sometida, promete que cuando termine de tejer un sudario para el rey Laertes padre de Odiseo (Ulises) escogerá un esposo, pero Penélope teje de día y desteje de noche el ajuar mortuorio. Esta acción llevó a la psicóloga austríaca Marie Langer a definir este comportamiento como “El Síndrome de Penélope”, que transforma la espera en una constante existencial con tendencia a crear un mundo fantasioso, delirante y vicioso.

El gobierno de Nicolás Maduro después de anunciar por más de dos meses un “sacudón” nos ha salido con un “meneíto” que en nada satisface las demandas de acciones concretas que exige el país para la recuperación de una economía podrida por la corrupción, los controles y la falta de confianza. A diferencia de Penélope que tejía y destejía en la espera, Maduro y su gabinete destejen sin tejer, creando un mundo fantasioso y delirante que intenta mantener mitológicamente la cohesión interna y el poder en torno a la figura de Chávez, pero el factor tiempo y la realidad destejida conspira contra este gobierno que viciosamente, como lo hizo Chávez en sus 14 años en el poder, recicla nombres, crea y elimina ministerios sin que nada cambie, porque si algo tienen en común las revoluciones pseudomarxistas es el gatopardismo.

La oposición está obligada a retejer simbólicamente el discurso político a partir de la experiencia concreta de deslindar lo fantasioso de lo real, la verdad de la mentira, que se enreda entre los interminables hilos de las redes cibernéticas, cuando el poder amenaza con ubicarnos e identificarnos como un dato en una lista que sólo ellos conocen y manipulan.

El mundo de “La Odisea” contemporánea nos hace y nos deshace en su complejidad simbólica. Tenemos que construir y resignificar el mensaje político, con los valores que nos dieron existencia como nación, sólo así superaremos el Síndrome de Penélope.  

 
Carlos OchoaCarlos Ochoa
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3 Comentarios

  1. luis villafane said:

    exceene el síndrome de penelope, esta gente esta destejiendomas de lo qe teje

  2. Heddy Hidalgo Rivero said:

    Excelente! Totalmente de acuerdo. Sin la experiencia concreta, sin legitimar el discurso a través de acciones enfocadas en deslindar lo fantasioso de lo real, no es posible que la oposición construya un discurso político efectivo …

  3. Evelio Sosa said:

    Solo me preocupa que todo el mundo este de acuerdo, pero siguen eligiendo a los verdugos, eso quiere decir que lo que somos es MASOQUISTAS.

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