MADURO SIGUE CAVANDO

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En sus interesantes Memorias, Bill Clinton deja caer sabios consejos emanados de su iluminada y a ratos zarandeada experiencia. Le vienen al pelo, según creo, al tormentoso gobierno de Nicolás Maduro.

– Cuando uno está metido en un hueco –asegura Clinton- lo primero que debe hacer es dejar de cavar.

Que el gobierno bolivariano se encuentre en semejante situación lo cree todo el mundo. En Venezuela, a tenor de la totalidad de las encuestas dignas de ese nombre y de muchas otras manifestaciones públicas, se piensa lo mismo sin distingo de banderías políticas. En el oficialismo el malestar contra la conducción avanza con efectos de pandemia. En los cuadros más altos del poder se ha convertido en instrumento de lucha interna.

El gobierno y su batuqueado timonel han perdido la brújula. Sus opciones son, en conjunto, extremadamente complicadas. Algún pesimista, habida cuenta de la forma como dejaron avanzar la enfermedad, diría que este ya largo proceso pareciera colocarse entre dos agobiantes pesadillas: sucumbir por inacción o quedarse en el quirófano por atención tardía.

Como Romeo Montesco ante el cadáver del primo de su amada Julieta, Maduro podría elevar las manos en plegaria clamando

  • Oh, soy juguete del destino

Se discute inútilmente si el drama del país es político o económico cuando es evidente su índole mixta. Pero aun cuando por instinto de sobrevivencia, la élite gobernante se atropella reviviendo la lata de las conspiraciones e intensificando la represión sobre todo contra los infatigables estudiantes, y pese a que con frecuencia las autocracias pueden convivir con la peor de las crisis económicas, lo cierto es que en esta ocasión ese apotegma está en duda.

La respuesta de Maduro ha sido de una dolorosa orfandad. Bajo presión internacional y con la mirada puesta en países supuestamente afines, que se han acercado a inversionistas foráneos en el esquema de la liberación del mercado, el sucesor de la fallida deidad intentó seguirlos. Despidió a Giordani, el principal de los pupilos del difunto eterno, para entregar el timón de la economía a Rafael Ramírez, quien sugirió medidas de librito. Se reunió con inversionistas occidentales. Les prometería vagamente acercarse al odiado FMI.

Con entusiasmo infantil, Maduro anunció un pomposo sacudón orientado a producir, producir, producir.

Pero nada hizo, todo quedó en humo, vacío, oquedad, sombra, con la temerosa sospecha colectiva de que sea un presidente, sí, pero sin mando efectivo. Alguien aventuró que es prisionero de los militares, no sin acotar que a su vez los militares son protegidos y prisioneros suyos. Serían entonces dos bisontes con su cornamenta engarzada sin que ninguno pueda adelantar un paso.

Es una tragedia que afecta a los venezolanos. Es un drama que pide virajes, aperturas y diálogo sincero y sin trampas.

Pero hombre, el problema es que Maduro sigue cavando.

 

* Como en ocasiones anteriores, esta semana cedemos nuestro espacio editorial a una columna de especial interés. 

 

 
Jorge SemprúnNo photo

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