AGUAS TURBULENTAS

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Si el cruel asesinato de Mónica Spear generó el clima que agigantaría la protesta estudiantil, y el derribo del avión malasio sobre Ucrania generó tensiones con Rusia reminiscentes a la guerra fría, la degollina iniciada por los radicales de ISIS ha provocado horror, y un clima propicio a la abierta confrontación. Tanto así que en EE.UU, de lejos la primera potencia militar del mundo, ese 66% de la población que antes quiso la evacuación de tropas de Iraq, hoy se inclina por una nueva incursión armada.

Tomemos perspectiva. La historia cambia de forma pero se repite. Al igual que hace dos siglos, cuando estallaron las guerras de independencia, hoy, un espíritu secesionista subyace la realidad geopolítica mundial. Se expresa en Crimea, alentada por los rusos, y en un tono vehemente si bien institucionalizado, en Cataluña y Escocia. Ni siquiera el territorio chino ha sido exonerado. ISIS es una manifestación del mismo fenómeno, profundamente deformada por el odio y la crueldad.

A la par de estas fuerzas desde que adentro pugnan por alterar las fronteras físicas, ideológicas o religiosas de países y regiones, aparecen otras que, desde afuera, intentan aprovechar el contagioso espíritu levantisco para ensanchar sus respectivas esferas de influencia. Es el caso, por ejemplo, de Rusia, que pesca en su entorno para rehacer su imperio, y también de Cuba que maniobra sagazmente en el hemisferio americano.

Rusia, diríase que por inercia genética, busca resarcirse del fracaso de la Unión Soviética, y Cuba, un país sanguijuela, también de tesitura imperial, triangula con sus peones de las FARC, buscando robustecer su poder para ponerse a salvo de sus propias calamidades.

De manera que se conjugan fuerzas diastólicas y sistólicas. La dispersión y la concentración del poder juegan en un mismo tablero.

El caso de Cuba puede ser transitorio. Su pequeña dimensión y la declinación cronológica de su sagaz liderazgo, le hace imposible consolidar un imperio. Pero en su ausencia, el vacío quedaría allí.

A veces especulo sobre un eventual ISIS a la criolla. Sobre ese tema escribí un tiempo atrás. Ello no ocurrirá mientras las FARC en Venezuela gocen de un santuario que les permita a distancia “jugar con Santos y la oligarquía bogotana”… pero no podemos descartar la posibilidad de una iniciativa secesionista que, que apoyada en el narcotráfico y el petróleo, busque crear un nuevo estado, diríase que un santuario permanente, uniendo los llanos y zonas selváticas de Colombia y Venezuela.

Muy poco de lo que hoy ocurre es predecible. La coyuntura mundial por la que atravesamos es gelatinosa y explosiva. Un nuevo orden mundial está en formación. Es una realidad inédita. Hasta las grandes potencias se mueven con cautela.

Es en esas aguas turbulentas donde al garete navega nuestra empobrecida Venezuela.

¿Sacaremos fuerzas para mantener nuestra independencia, salvar la libertad y resguardar nuestra soberanía?

Con un buen capitán lo podemos lograr.

 

 

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