Berenjenal

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El gobierno no asume culpas ni responsabilidades. Las políticas públicas se hacen por las aspiraciones de algunos y no por los impactos efectivos sobre la gente. Nos hemos convertido en una sociedad dependiente, improductiva, profundamente rentística y corrupta.

La semana pasada el Presidente nos regaló un ejercicio de futilidad política. Yo escuchaba el contenido de la alocución mientras recordaba aquella figura poética en la cual los montes rugen para parir un ratón. Más allá de las expectativas de la gente, lo cierto es que el Presidente no nos dijo nada.

Es interesante este ejercicio verbal que se hace desde el Gobierno, como si el país y sus angustias pudiesen conjugarse en tiempo futuro, como si lo cotidiano fuese motivo de fastidio. En Miraflores se sueña con un futuro luminoso aun cuando no hemos logrado ponernos de acuerdo acerca del pasado y no hemos logrado resolver los problemas que nos aquejan en el presente.

Una sociedad se mide por sus logros efectivos, por las cosas que son visibles en un momento determinado y por la manera como esas cosas impactan o no sobre el bienestar de la gente. Se nos ha propuesto una argumentación construida desde la ficción, como si los sueños bastaran para generar felicidad.

Nuestras políticas públicas se escriben en función de las aspiraciones y deseos que algunos tienen y no en razón de los impactos efectivos que las acciones gubernamentales tienen sobre la gente.

Así ante los problemas de la delincuencia se nos propone el Socialismo como solución, ante la inflación desbordada se nos propone el Socialismo; ante la reducción del consumo y el desabastecimiento se nos propone más Socialismo. Si el Socialismo bastase para darnos de comer, estaríamos llenos hasta el hartazgo.

La procesión va por dentro, cada día se incrementa nuestra incapacidad para resolver los problemas del día a día: encontrar medicinas, hacer que el sueldo alcance, conseguir harina de maíz, completar la lista escolar, pagar el alquiler.

Mientras tanto el gobierno sueña con un futuro mejor. Me parece maravilloso que algún día desarrollemos la capacidad para exportar leche.

Me preocupa, sin embargo, que esa aspiración vaya a materializarse en un futuro relativamente lejano. Ya decía Keynes que `en el largo plazo todos estaríamos muertos’. Haga Ud. el ejercicio de buscar en la panadería un litro de leche, se dará cuenta de que, en los tiempos en los que vivimos, es casi imposible.

El Socialismo se ha convertido en un fetiche ideológico. El Socialismo sirve para todo, aun cuando no se haya definido claramente su contenido, aun cuando no sepamos el rango de sus propuestas conceptuales, aun cuando no exista una prospectiva seria acerca de los resultados propuestos.

Si algo está mal, o no alcanza el presupuesto, o no llegan los productos a los anaqueles se nos dirá que no se trata de un problema de corrupción, o de mal manejo de lo público o de ineficiencia, se nos dirá que es consecuencia de un déficit de espíritu socialista; o que las personas que se quejan no son suficientemente socialistas o que están siendo manipuladas; o que se trata de Imperio poniendo trabas a la construcción del socialismo. Así, el Gobierno no asume culpas ni responsabilidades.

Estas son siempre externas. No se trata de buscar soluciones, se trata de buscar culpables. No se trata de estudiar a fondo las causas de los asuntos, se trata de correr la arruga al máximo.

Así, el Gobierno no gobierna, controla y en ese ejercicio de controlar nos enrumba hacia el desastre. Nos hemos convertido en una sociedad dependiente, improductiva, profundamente rentística y corrupta. Yo no dudo que el Gobierno haya incrementado el Gasto Social pero, como venezolano, tengo la obligación de preguntarme sobre la eficiencia del mismo. ¿Cómo ha impactado ese incremento sobre el bienestar general de los venezolanos? Es cierto que se ha reducido la inequidad en el país, pero, uno tiene la sensación de que se trata de una reducción asociada al empobrecimiento general de la población.

Más allá de los enroques habituales, lo único que se dijo en la alocución de la semana pasada es que tendremos más Socialismo y uno termina preguntándose de qué nos sirve y cómo nos beneficia una ruta que en los últimos años nos ha llevado a la pobreza, a la improductividad, al desempleo, a la inflación, al desabastecimiento.

Era interesante ver cómo en la alocución presidencial no estaba presente nadie que no se encontrase directamente comprometido con el Gobierno, la ausencia de pluralidad es uno de los peores males que sufrimos los venezolanos de estos tiempos.

En este sentido las acciones del Gobierno invalidan la democracia como concepto para la convivencia política. Se actúa desde la imposición, desde la incapacidad para escuchar y valorar otros puntos de vista. Vivimos tiempos de encrucijada.

Nuestra vida transcurre entre la incertidumbre y la angustia de un momento político lleno de incoherencias, de un país sin proyecto de convivencia colectiva, de una manera de ejercer el poder que evoca los peores momentos del caudillismo, se trata de la destrucción de las instituciones y de la ruptura de los límites al ejercicio del poder. Esto se ha convertido en un berenjenal.

 

Tomado de @TALCUALDIGITAL

 
Miguel Ángel LatoucheMiguel Ángel Latouche

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