Memoria cero

Alzheimer

Estigmatizar los años de la llamada cuarta república, vaciar la memoria de las obras públicas de esos años, y en su lugar repetir que el país fue rescatado por el hombre que dejó morir a Franklin Brito, es tan doloroso cuando lo proclaman los jóvenes que asistieron al congreso del PSUV

Tengo una hermana que se derrumba por el precipicio del Alzheimer. Al fin lo digo. De mis 13 hermanos, ella, la más solidaria y divertida, fue elegida por el destino para figurar entre los 100 mil venezolanos que padecen esta siniestra enfermedad, sin dudas lo más parecido a la muerte.

Peor aún, a ella el diagnóstico le llegó justo en los inicios de su sexta década de vida. Empezó por dejar prendidas las hornillas de la cocina y equivocarse del piso de su apartamento. Luego vino la confusión.

Detrás del Alzheimer no hay nada. No hay principio, ni centro, ni final, ni suspenso, ni moraleja, ni causa, ni efectos. Pero sabemos que la tragedia no se queda estacionada en la acera del paciente. Los hijos terminan por compartir sus angustias, y como en el poema de Mery Suárez se prometen “Yo seré, mamá, tu memoria, tus besos, abrazos y olvidos. Recordaré por ti cada día y seré tu agenda; la mano que lleve la llave, la ropa, el cepillo…”.

Lo escribo justo ahora porque este domingo se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, y veo que a mi alrededor las personas afectadas por este mal reciben del Estado socialista la dosis de indiferencia que este Estado socialista le prodiga al resto de la salud.

De manera que son las familias, con sus escasos recursos y la impotencia que arrastran en silencio, quienes salen a cerrar los grifos y abrir las ventanas.

Por suerte, existe la Fundación Alzheimer de Venezuela cuya labor sostenida, callada y efectiva impide que los pacientes y sus familiares se extravíen en el laberinto de la soledad.

Lo trágico es que esta memoria que se deshace individualmente en cada uno de estos 100 mil venezolanos pareciera tener un correlato en la sociedad actual, al ver cómo el país se hunde progresivamente en la crisis y los responsables de torcer el rumbo se empecinan en llevarlo al barranco de sus ideas caducas.

Invocan no se sabe cuántas veces la memoria del comandante “eterno”, glorifican sus errores y pretenden ahora inocular sus ideario vacío de militar golpista en las aulas, para que los niños se vuelvan adultos y repitan, como suele hacerlo Maduro, de que antes de Hugo Chávez Venezuela vivía en las tinieblas.

Estigmatizar los años de la llamada cuarta república, vaciar la memoria de las obras públicas de esos años, y en su lugar repetir que el país fue rescatado por el hombre que dejo morir a Franklin Brito, es tan doloroso cuando lo proclaman los jóvenes que asistieron al congreso del PSUV.

Es triste, pero hay que decirlo. Como reconozco hoy que mi hermana no tiene cura. Que se mira en el espejo y la imagen que refleja es de otra persona a la que ella sonríe antes de saludarla.

Pero el ciudadano que se despierta temprano y toma el transporte; que transita con miedo por las escalinatas hasta llegar a la casa; o hace cola frente al supermercado porque le llegó la noticia que están vendiendo harina y aceite, no debe dejar que les implanten recuerdos de una revolución que nos ha convertido, como decía Cabrujas, casi en un país.

Con la memoria en el grado cero.

 

 

@TALCUALDIGITAL

 
Elizabeth AraujoElizabeth Araujo

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