Violencia insaciable

En los mitos fundadores de las sociedades no occidentales existen dioses que se hacen matar cuando adquieren la forma de la víctima.

Leyendo el último capítulo del libro de René Girard La violencia y lo sagrado, publicado en 1972, pensaba en cómo se instauró y se reforzó en la Venezuela de Chávez la idea de que para refundar la nación había que pasar de nuevo por un momento violento. Fue Gisela Kozak la que dijo en una entrevista que dio a la radio francesa France Inter en el 2009 que Lina Ron tenía mucho de una Bacante porque Chávez era dionisiaco, en el sentido de que se transmutaba de benéfico a maléfico.

Creo que mi amiga debería profundizar aún más esa sugestiva idea con respecto a Lina Ron y para seguirle la pista, subrayaré la capacidad que tuvo Chávez de yuxtaponerse en todos los aspectos de la sociedad, ya sea como víctima, ya sea como victimario. Según él, era víctima del Imperio, de complots de la oposición, de envenenadores y planificadores de atentados.

A la vez era el agente sacrificador, le cortaba simbólicamente la cabeza al que le molestara sin problema y podía dar terror al que se le enfrentara en público porque era de una violencia verbal temible. En la lógica sacrificial de la víctima y del victimario, asumía todos los roles sucesivamente y a veces simultáneamente incluso.

En los mitos fundadores de las sociedades no occidentales existen dioses que se hacen matar cuando adquieren la forma de la víctima y que a la vez se vuelven sacrificadores y matan, es decir, todos los actores en este juego religioso de la violencia son activos y pasivos.

Esa unión entre lo maléfico y lo benéfico se encarna también en el dios Dionisio, nos recuerda René Girard, es decir, un doble monstruoso y un monstruo es justamente aquella entidad en la que se funden la violencia “buena” y la violencia “mala”. Estamos, evidentemente, ante esquemas pre-modernos propios de los mitos fundadores de la vida en sociedad, como el de Edipo, por ejemplo, que es a la vez un rey sagrado y una bestia salvaje.

Para nuestra contribución modesta sobre la reflexión acerca de la violencia inmensa que atraviesa a toda la sociedad venezolana, lo que se puede sacar en claro es que tanto sacrificio y maldad no evacuan, no resuelven ni purifican nada. Chávez jugó al aprendiz de brujo al despertar los deseos de una violencia vengadora para resolver los conflictos sociales.

Tanto sacrificio y tanta víctima ejecutada como chivos expiatorios no están resolviendo ni han resuelto ningún conflicto social, no están resolviendo para nada todo el odio y rencor colectivo que se ha instalado en cada célula de la sociedad.

Dice Girard para terminar que “es más difícil calmar el deseo de violencia que desencadenarlo”. Nos va a tomar un buen tiempo como sociedad calmar tanto demonio suelto.

 

 

@TALCUALDIGITAL

 

 
Paula Vásquez LezamaPaula Vásquez Lezama
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