El ABC de Alfredo Gómez Bolívar – Teólogo
“La devoción por José Gregorio Hernández se ha extendido a muchos países”

“José Gregorio Hernández fue también pionero de los tratamientos psicosomáticos integrales”.

“José Gregorio Hernández fue también pionero de los tratamientos psicosomáticos integrales”.

Él no sólo trataba el cuerpo, también el alma, se acercaba a los enfermos con cariño. Fue uno de los venezolanos más preparados de su tiempo. Su Causa está en una etapa que no admite marcha atrás, lo único que falta es un milagro, señala el investigador.

Macky Arenas 

Es tanto lo que ha escrito e investigado sobre José Gregorio Hernández que, hoy por hoy, Alfredo Gómez Bolívar es una referencia obligada cuando se quiere saber más acerca del cristiano ejemplar que por generaciones hemos conocido como el “Médico de los pobres”. Es corredor de seguros pero hace unos 10 años se adentró en la Teología y siguió cursos especiales para laicos por 4 años en el Seminario Santa Rosa de Lima. Convencido de que sobre el doctor Hernández conocemos muy poco, dedica una buena porción de su tiempo a divulgar su vida y su obra a través del blog que maneja. Como si fuera poco, también asesora al Movimiento de Acción Católica. Desde Enero del 2014 forma parte de una comisión designada por la Conferencia Episcopal Venezolana para recordar los 150 años de la muerte del sabio y santo médico venezolano, actividades que se extenderán a través del año en curso que han declarado “celebrativo”. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

 

— ¿Cuándo comienzan sus indagaciones sobre José Gregorio Hernández?

—  Hace unos 25 años —aún mis hijas estaban muy pequeñas— tenía yo una oficina en el Centro Financiero Latino. Caminaba con mi esposa por las cercanías en la Av. Fuerzas Armadas y me acerqué a una de esas ventas callejeras de libros. Entre una pila de libros viejos, a ella le llamó la atención un libro llamado “José Gregorio, un santo ejemplar”. El autor era un colombiano de nombre Antonio Cacua Prada, quien fuera embajador y muy estimado y reconocido en su país.

 

—  Y le dio pena que un colombiano supiera más que los venezolanos sobre José Gregorio…

 

—  ¡Jajaja!, sí, es cierto. El libro estaba escrito de una manera muy sabrosa, así que mi esposa lo leyó muy rápido y me lo pasó. Me encantó. Cuenta una experiencia que tuvo en Costa Rica, donde fue con unos colegas a pasar unos días en las playas de ese país. Llegó un momento en que, estando en el agua, comenzó a subir la marea muy velozmente y una resaca los arrastraba hacia adentro. El trataba de nadar pero no conseguía avanzar y pensó que se moriría ahogado. Ya, casi bajo el agua, se acordó de la devoción que los costarricenses tienen por José Gregorio, de quien ni el nombre se acordaba, y gritó: “¡Santo venezolano, sálvame!”. El cuenta que, de pronto, sintió una fuerza que lo empujaba y lo iba llevando hasta que lo colocó en la orilla.

 

— Y esa fue la motivación para que él, siendo colombiano, escribiera el libro…

—  Exactamente. Se vino a Venezuela, estuvo acá varios meses hurgando en las bibliotecas, preguntando por todas partes, visitando los lugares y escribió ese libro.

 

150 años

 

—  ¿Cómo va la campaña por los 150 años de la muerte de JGH, cómo valora lo que se ha hecho hasta ahora?

 

—  Creo que se ha hecho bastante, lo humanamente posible se viene haciendo desde que comenzó esta Causa en 1949. Hubo gran repunte del trabajo el 16 de Enero de 1986, cuando JGH recibe  la condición de “Venerable”. Ello representa quizá la parte más difícil, ya que implica el reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de que ha vivido las virtudes de manera heroica. Fue el fruto de un equipo de trabajo que le puso mucho empeño, conducido por el actual Cardenal Jorge Urosa Savino, quien para la época era el Vicepostulador de la Causa. En realidad todos quienes han estado al frente de esa responsabilidad en distintos momentos han hecho un trabajo extraordinario, pero hay que decir que en este punto, con Mons. Fernando Castro, he notado un inmenso impulso en el esfuerzo para tratar de conseguir el milagro que estamos buscando a fin de ver a JGH a los altares.

 

—  ¿En qué se refleja ese impulso?

—  Por ejemplo, en lo que va de año, la Causa ha recibido más de 750 testimonios, pienso que pronto llegaremos a los 800. Comprenderás que es muy probable, con el favor de Dios, que entre esos casos esté el milagro que hace falta.

 

—  ¿Este proceso lo lleva la Iglesia Católica venezolana o puede cualquiera inferir en él?

—  La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica. Puede ser que en los distintos países donde JGH es invocado y venerado, las iglesias locales adelanten gestiones en favor de la Causa. Recuerda que la devoción por JGH no es nacional, se ha extendido a muchos otros países, como Colombia, Ecuador, Perú, España, Estados Unidos, pero la Causa por su beatificación comenzó y se lleva desde Venezuela. Todos esos testimonios deben confluir acá.

 

—  ¿Y de aquí a dónde van?

—  A Roma, al Vaticano donde existe una instancia especial llamada Congregación para la Causa de los Santos, la cual lleva el proceso para la posible santidad. Esa Congregación es muy severa pues hay normas que rigen su trabajo las cuales son muy estrictas. Analizan rigurosamente los casos y testimonios, reúnen pruebas. Todo eso toma, a veces, muchos años. Pero quien hace posible que todo llegue a la Santa Sede es la Iglesia local, que abre las Causas, recopila documentos, hace una primera evaluación y remite todo a Roma. Nadie más puede hacerlo.

 

—  En las Causa para la santidad se habla mucho del “abogado del diablo”, ¿cuál es su papel?

—  Pueden ser laicos o sacerdotes. Su función es, como decimos en criollo, “buscar la caída”, el error y las fallas, poner en tela de juicio las pruebas a fin de que la decisión sea firme, sin duda alguna. Por el año 2011 fue esperanzador un caso en Los Andes —Táchira— que parecía destinado a tener éxito pues los médicos aseguraban no encontrar explicación a la curación ocurrida. No obstante, al aplicar  el “filtro” de los teólogos aquí en Caracas, no pasó la prueba.

—  Pero la Iglesia venezolana sí ha enviado casos a Roma, ¿no?

—  Dos veces. Pero han tenido algunas deficiencias y no han pasado la prueba en la Santa Sede.

 

—  Ante todo esto resulta curioso ver cómo hay gente que aún piensa que los gobiernos pueden presionar o que una recolección de firmas podría conseguir algo…

—  ¡Ojalá fuera tan sencillo! Mira, aquí ha habido Presidentes que han enviado cartas al Vaticano, fue el caso del Dr. Rafael Caldera quien escribió al Papa Juan Pablo II. Pero no hay manera, la Iglesia Católica en eso es muy estricta, el proceso debe transcurrir tal cual está previsto y las normas que lo rigen son muy claras. Allí no hay presión ni influencia que valga.

 

—  Por mucho tiempo hubo la sensación de que el proceso de JHG no avanzaba…

—  Yo diría que nunca se paró. El problema es que hay Causas que van más de prisa, tal vez porque el personaje perteneció a alguna congregación y ya sabes cómo son de laboriosos los religiosos, que trabajan día y noche hasta que consiguen el objetivo. JGH fue un médico que no tenía un ejército de laicos con tiempo dedicados a empujar su Causa. Pero actualmente la labor es muy persistente. Debo mencionar a la ingeniero Laura Zambrano, quien trabaja al lado de Mons. Castro. El trabajo que lleva adelante es extraordinario, hay que reconocerlo, coordina un equipo que está al pie de cañón, dando la batalla día a día procesando todo ese cúmulo de material que llega. ¡Nadie se imagina el trabajón!

 

—  Ya que menciona a los laicos, ¿qué pueden hacer para impulsar la Causa?

—  Divulgar eso es una de las razones de ser de la Comisión que está trabajando para los 150 años. Hay tres puntos básicos en los cuales focalizar el esfuerzo: reunir suficientes testimonios para encontrar el milagro; crear un clima de oración para que eso se cumpla; en tercer lugar, dar a conocer la vida y obra de JGH.

 

—  ¿No es suficientemente conocido?

—  Lamentablemente no. La mayoría de la gente piensa en él como en un santo milagrero, pero JGH tiene cualidades humanas y profesionales exquisitas. Reunió virtudes en todo su quehacer. Fue un médico, profesor universitario, investigador científico, músico, hablaba 5 idiomas, es decir, uno de los venezolanos más preparados de su tiempo.

 

—  ¿Qué se le debe desde el punto de vista científico?

—  A finales del siglo XIX, comienzos del XX, Venezuela tenía –al igual que los demás países— unas condiciones de salubridad deplorables. La gente podía morirse hasta de un catarro. El Presidente Rojas Paúl decreta crear un hospital modelo, semejante a cualquiera de París, con los equipos más modernos, el actual Hospital Vargas. Pero había que preparar gente y JGH fue uno de los escogidos. Fue becado a estudiar a Francia.  Se especializó en disciplinas que no existían en Venezuela como Histología, Patología, Embriología, Bacteriología. Cuando regresa a la patria, crea un laboratorio en la UCV (en el hoy Palacio de las Academias) que marcó un antes y un después en el desarrollo de la Medicina en nuestro país. Así, JGH se convierte en el padre de la  Medicina Experimental en Venezuela.

 

“Se especializó en disciplinas que no existían en Venezuela, así se convirtió en el padre de la Medicina Experimental”.

“Se especializó en disciplinas que no existían en Venezuela, así se convirtió en el padre de la Medicina Experimental”.

Profesional y amigo

 

— También dicen que fue el primero en reconocer la influencia de la psiquis en el organismo…

—  Es que él no sólo trataba el cuerpo, también el alma. Se acercaba a los enfermos con cariño, viendo por su parte espiritual, indagando cómo estaba su ánimo, qué tipo de problemas cuyo origen no era estrictamente físico podían estar influyendo en el estado de salud de sus pacientes. Hay un famoso caso con un niño, un catirito que vivía en una zona sumamente pobre, cuyo problema era de soledad y tristeza, de falta de afecto. Él lo visitaba, lo trataba con amor y le llevaba dulces y jugueticos y con eso lo curó. Es decir, fue también pionero, innovador en los tratamientos sicosomáticos, integrales.

 

—  ¿Era buen músico?

—  Un compañero médico, eran muy amigos, llamado Santos Aníbal Dominici afirmaba que JGH dominaba el piano y el violín a la perfección. Era, además, un excelente bailarín y apreciaba y disfrutaba muchísimo la comida criolla, sin excesos. Tomaba con gusto la chicha andina, las hallacas, toda la cocina venezolana le agradaba.

 

—   ¿Cómo un hombre tan exitoso,  con tantas cualidades para socializar, además de ser muy bien parecido, no se casó y formó su propia familia?

—  Hay factores que influyeron. Tuvo muchas amigas, de hecho, consta en sus escritos que él alababa la belleza femenina. Tuvo admiradoras y se sabe de una compañerita, en sus tiempos de estudiante en el Colegio Villegas, que le gustó especialmente. Pasados los años, a él, curiosamente, le tocó dar clases a un hijo de esa muchacha. Pero –y esto es una opinión personal— ocurre que él pierde a su padre temprano y su última hermanita apenas contaba con 3 años de edad. Él veló siempre por su familia, se la trajo a Caracas, la mantuvo, pagó los estudios de sus hermanos, se convirtió en el padre de todos. Era un tipo con un gran sentido de la responsabilidad. Entre su exigente profesión y su papel en el cuadro familiar, no parece que se le hubiera facilitado el casarse y formar su propia familia.

 

—  ¿Qué pensaría hoy José Gregorio al verse entre el Negro Primero, María Lionza y personajes parecidos, en altares profanos?

—  Seguramente diría: “Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen”.  El criticaba muchísimo todo eso y se quejaba, estando trabajando en Los Andes —en cartas a su amigo Dominici— , de que había que luchar contra esas mentalidades para poder ejercer su profesión, pues había gente que creía en supercherías, en vacas negras, en ramalazos y brujerías, lo cual era difícil de combatir pues estaba amparado por la ignorancia. Y agregaba: “Eso entorpece mucho mi trabajo”.

 

—  ¿Es verdad, como se ha creído, que eso dificulta la Causa?

—  Para nada. ¿Qué culpa tiene JGH? Es incontrolable y probablemente seguirá siendo así después de la canonización, como ocurre con otras imágenes de Santos en todas partes del mundo. Lo que hay que hacer es tratar de persuadir a quienes usan imágenes sagradas para esas actividades, que no es sano y que ciertas prácticas como la brujería o el espiritismo son contrarios a la Ley de Dios y pueden resultar muy dañinos espiritual y hasta físicamente, tal y como lo han advertido muchos exorcistas. Pero a JGH eso no lo afecta en lo absoluto. Ya  la Causa de JGH anda en una etapa que no admite marcha atrás. Lo único que falta es un milagro, lo que todos estamos esperando.

 

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