ARENAS MOVEDIZAS

Mano arena movediza

La actuación del gobierno ante la crisis que nos acecha diariamente nos ha recordado la imagen popular de las arenas movedizas, en las cuales sucumben quienes se hunden en ellas en medio de gestos de desesperación, según las películas que todos hemos visto desde hace mucho tiempo.

 

Aun científicamente esta es una posibilidad cuando quien ha caído en ellas no logra salirse a tiempo. Tanto en la ficción como en la realidad nada recomienda quedarse en medio del pantano. Esto es lo que precisamente está haciendo el gobierno. De manera insólita, con una persistencia suicida, se hace caso omiso de un hecho incontrovertible: el modelo económico y político que se ha ensayado por más de una década viene naufragando… cada vez a pasos más veloces.

 

En vez de una rectificación y una reorientación a fondo, cuya urgencia ha sido planteada por los más diversos sectores, incluso por algunas voces del oficialismo, se empeña en profundizar las causas que nos han llevado a esta encrucijada peligrosa y costosa, particularmente para los sectores sociales más vulnerables.

 

Si bien las medidas esperadas por la mayoría referidas a una nueva óptica económica (atención de la recesión y la inflación combinadas) no se produjeron, ello no debe llamarnos a engaño. Lo que sí se anunció, aunque en medio de una retórica farragosa, es la profundización del centralismo, la nueva agresión a las competencias de los gobiernos locales, algunas reorganizaciones ministeriales de enorme impacto y consecuencias nefastas en la gestión de las ciudades, del territorio y del ambiente, y la persistencia en la falacia de que con medidas represivas y punitivas se va a obligar a la economía a tomar el rumbo que caprichosamente quiere la cúpula del poder, menos para la boliburguesía que sigue haciendo buenos negocios a la sombra del Estado, mientras al pueblo le toca lo amargo.

 

Este empeño obstinado en no aceptar la necesidad de un cambio urgente de rumbo, esta testarudez de ignorar o menospreciar la grave crisis que estamos viviendo y su relación con el modelo político-económico al que se aferran, tiene una consecuencia dramática: el empeoramiento todavía más agudo de la producción nacional, el desmadre de las variables económicas y la profundización del deterioro de las condiciones de vida y de trabajo de las mayorías nacionales.

 

Más temprano que tarde, obligada por las circunstancias, la cúpula del poder tendrá que aceptar que más de lo mismo es peor de lo mismo, pero esperar es agravar el costo para el ciudadano común.

 

El gobierno se empeña en seguir sumergido en el pantano que él mismo ha creado y reproducido. Sus movimientos son cada vez más torpes y desesperados, algo que no se recomienda cuando se está en medio de arenas movedizas porque no deja salir de esa situación comprometida.

 

Mientras llegan los tiempos constitucionales y electorales para un cambio de gobierno, tenemos que empeñarnos en exigir un cambio de las políticas de gobierno y una protección a los más vulnerables, porque aunque el modelo político-económico actual esté naufragando, no queremos que con él zozobre Venezuela y su gente.

 

 

 

 

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