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Dilma Rousseff

Dilma Rousseff

El próximo 5 de octubre, se realizaran las elecciones presidenciales brasileñas. Ningún candidato logrará, según señalan las encuestas, más del 50% de los votos, de manera que esta será, si se quiere, la primera vuelta. El ballotage, o segunda y decisiva elección, se realizaría 28 dias después, el 2 de noviembre.

 

La campaña brasileña, convertida en una montaña rusa

Dilma Rousseff vuelve a liderar las encuestas tras una reacción sorpresiva a una semana de la primera vuelta.

Antonio Jiménez Barca – São Paulo 

La última encuesta publicada en Brasil ha sacudido de nuevo la campaña (y el país) y revela algo que parecía imposible un mes atrás: la presidenta Dilma Rousseff vuelve a estar en cabeza con apreciable distancia. A finales de agosto, la candidata Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB), subía 15 puntos de una tacada en las encuestas y, de golpe, se colocaba como la favorita de la carrera electoral para gobernar Brasil. Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT) aguantaba a duras penas el tirón y quedaba empatada con ella.

Silva se benefició entonces del efecto sorpresa de convertirse en un día en candidata titular tras la muerte en accidente de avión del aspirante oficial del PSB, Eduardo Campos. La ex ministra de Medio Ambiente capitalizó bien la conmoción que envolvió al país tras el accidente y abanderó, según ella, una nueva manera de hacer política. Menos de un mes después, todo ha cambiado: una encuesta hecha pública ayer por el diario Folha de S. Paulo, revela que la presidenta se ha despegado de su rival y que la supera en 13 puntos, lo que se traduce en cerca de 15 millones de votos. En una semana, Rousseff ha conseguido superar a Silva en seis puntos porcentuales, lo que muestra la (ahora) trayectoria descendente de Silva y la (ahora) ascendente de la actual presidenta. Toda una montaña rusa.

Hasta el punto que hay especialistas que aseguran que si la tendencia se mantiene, Rousseff, que hace un mes contemplaba con cierta impotencia el huracán Silva, podría ganar en el primer turno, que se celebra el próximo 5 de octubre, esto es, en ocho días: para eso sería necesario obtener más del 50%. El tercer candidato en discordia, Aécio Neves, aunque sube algo en sus proyecciones de voto, sigue aún situado en un tercer lugar. Las elecciones brasileñas, por ahora, siguen siendo una cosa de dos mujeres.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha podido Silva desinflarse así? Si uno observa la trayectoria electoral de la candidata del PSB parece el vuelo de una bala de cañón: asciende desde mediados de agosto, llega a su punto más alto el cinco de septiembre y desde entonces no deja de caer.

Cuando empezó su carrera hacia la presidencia (y su meteórica ascensión), muchos especialistas aseguraron que el verdadero enemigo de Silva era el tiempo. El factor sorpresa le había beneficiado pero, pasada la primera estupefacción y encajado el primer golpe, la maquinaria electoral del Partido de los Trabajadores (PT) comenzaría a minar el efecto Marina.

Rousseff, por ley, y debido a las alianzas políticas de su partido, goza de muchos minutos más en televisión al día para hacer campaña. El PT dispone de más de 11 minutos y el PSB no llega a tres. Y Rousseff lo ha sabido aprovechar: centró esos mensajes en deslizar que si Marina Silva ganaba, muchas de las conquistas sociales conseguidas con el PT (salarios sociales a las familias más pobres, subvenciones para vivienda…) iban a desaparecer. Silva se ha esforzado durante todos estas semanas en desmentir eso. Pero el mensaje ha calado. Sobre todo en las clases sociales que tanto Silva como Rousseff se disputan, la denominada clase C, la nueva clase media brasileña, compuesta por 30 millones de personas que han abandonado la pobreza en la última década, gobernada por el PT.

Hasta ahora, esta población votaba siempre al PT, personificado primero en Lula y después en Rousseff, pero que hoy se lo está pensando. Los expertos consideran que el votante de Silva es más voluble, que el partido que la arropa carece de la estructura y del aparato electoral del PT. Rousseff, además, compagina las críticas a su rival con una constante alusión a los logros alcanzados con su Gobierno. Lo hizo –y fue muy criticada por ello– hasta en el discurso inaugural de la 65 edición de la Asamblea de las Naciones Unidas, esta semana. Sea como fuere, la estrategia funciona. Rousseff acusa a Silva de ser una candidata inconsistente y de perjudicar a los más pobres. Silva se defiende recordando su origen humildísimo y esgrimiendo un programa de Gobierno (cosa que los otros candidatos no han hecho público para evitar críticas y tener que enfrentarse a contradicciones).

El problema doble para Silva es que desde el otro lado, el más conservador Aécio Neves, también empeñado en minar a la candidata del PSB debido a que su única oportunidad pasa por la derrota de ésta, la tacha de chaquetera. Y recuerda a Silva, en cada mitin, que militó durante más de 25 años en el PT. La pinza ha prendido en Silva y le está haciendo daño.

Tomado de @elpais

Editorial

Recta final para las elecciones en Brasil

Recientes encuestas han enfriado las expectativas en Brasil de un creciente respaldo a la candidata Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB), y han vuelto a poner a la actual mandataria y postulante del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, corriendo con ventaja en una primera votación prevista para el 5 de octubre e imponiéndose en la segunda vuelta el 26 del próximo mes.

En efecto, un sondeo de Vox Populi esta semana mostró que el apoyo a la mandataria subió a 40% en primera vuelta, con Silva reduciendo su respaldo a 22%. En segunda vuelta, en tanto, Rousseff estaría asegurando su victoria con un respaldo que aumentó a 46%, mientras que el apoyo a Silva -que reemplazó al fallecido candidato Eduardo Campos- descendió a 39%.

Por cierto, tal como ha venido ocurriendo durante los últimos meses de campaña, el enorme mercado bursátil brasileño reaccionó a la baja ante los datos que apoyan la expectativa de que se concretará un segundo mandato de la presidenta Rousseff, sobre quienes muchos inversionistas temen que profundice una estrategia de intervencionismo estatal en la mayor economía de América Latina.

Tomado del Diario Financiero – Chile

 

 

Marina Silva

Marina Silva

 

ELECCIONES EN BRASIL: CUANDO EL DINERO COMPRA FAVORES

Chris Wright

 

Las principales candidatas a la presidencia de Brasil quieren financiar sus campañas con dinero público para reducir su dependencia de donaciones empresariales multimillonarias y protegerse de acusaciones de corrupción.

 

Pero los analistas advierten que la cultura de compra de influencias está demasiado arraigada en Brasil, pese a intentos de ‘limpiar’ el sistema.

 

La presidenta Dilma Rousseff es la favorita para la primera vuelta de las elecciones el 5 de octubre. Pero los sondeos pronostican un empate técnico con su rival Marina Silva en un eventual balotaje el 26 de octubre.

 

Y en la batalla por los reales, el bando de Rousseff aventaja al de Silva cuatro a uno.

 

Empresas constructoras como OAS y Andrade Gutiérrez, que ganaron varios contratos para la Copa del Mundo, se hallan entre los principales donantes del Partido de los Trabajadores (PT).

 

Con estas donaciones las empresas y a sus favorecidos quedan sujetos a acusaciones de tráfico de influencias, y contribuyen a la pésima imagen que los brasileños tienen de sus políticos.

 

Jugosas recompensas

 

La recompensa potencial para donantes en la campaña es jugosa: estudios estadounidenses recientes muestran que las ganancias de empresas constructoras son más de ocho veces superiores al dinero que donan.

 

En un reciente debate televisivo, Rousseff y Silva apoyaron la idea de campañas financiadas con dinero público, aunque las empresas representan 90% de sus donaciones.

 

Los críticos de Silva señalan que aunque ésta se presenta como la protagonista de una nueva forma de hacer política, goza del apoyo de la heredera del banco Itaú, Maria Alice Setubal.

 

Rousseff ha acusado a su rival de querer poner los intereses de Brasil en manos de los bancos, pero Silva recuerda que fue Rousseff quien recibió más dinero de Itaú en 2010.

 

La Corte Suprema impulsa una propuesta que tornaría inconstitucional las donaciones de empresas a campañas electorales.

 

La iniciativa fracasará, señala David Fleischer, profesor de ciencia política de la Universidad de Brasilia, porque los políticos no apoyarán el desmantelamiento de un sistema que los beneficia.

 

“Las empresas, especialmente las de construcción, hacen enormes contribuciones para beneficiarse de contratos aún más gordos a precios inflados”, dijo Fleischer a la AFP, y se declaró “no muy optimista” sobre grandes cambios.

 

Claudio Weber Abramo, director de la ONG Transparencia Brasil, teme que una prohibición de las donaciones privadas traiga consigo más pagos por debajo de la mesa.

 

“Debe haber cambios. El más importante es limitar las donaciones privadas a un valor fijo”, y no al actual 2% de los ingresos de una compañía, dijo Abramo a la AFP.

 

El profesor Greg Michener, de la Fundación Getulio Vargas, es escéptico sobre la posibilidad de reformas.

 

“Ningún legislador quiere reformar algo que lo beneficia. El actual sistema es esencialmente bueno para grandes compañías, que pueden donar una inmensa cantidad de dinero”, afirmó.

 

Juego sucio

 

Las credenciales verdes de Silva -fue presidenciable por el Partido Verde en 2010, y quedó tercera tras conquistar un 20% de los votos- inquita a los poderosos agronegociantes, y eso podría afectar el financiamiento de su campaña.

 

“Si Marina entra en el juego político tendría problemas”, estimó Michener. “Dinero, posiciones, influencia… Es un juego sucio”.

 

Los lideres de partidos más pequeños exigen cambios, y señalan que tan solo tres empresas han desembolsado el 39% de toda la financiación de la campaña.

 

El trío es encabezado por JBS, el mayor productor de carne del mundo, y las constructoras OAS y Andrade Gutiérrez.

 

Gil Castello Branco, de la ONG Cuentas Abiertas, dice que el poder económico es quien elige a los políticos en Brasil.

 

JBS donó 119 millones de reales a la campaña (USD 50 millones), OAS 80 millones y la minera Vale 40 millones.

 

“Las donaciones han alcanzado los 1.000 millones de reales, de los cuales la mitad es aportada por 19 firmas”, dijo Branco a la AFP.

 

Reforma urgente

 

El tribunal electoral reclamó una “reforma urgente” de la financiación de campañas en 2008.

 

Eduardo Jorge, del Partido Verde, dice que es el único presidenciable que no acepta donaciones de empresas y pide “campañas más racionales que estén más cerca de la gente”.

 

José María de Almeida, más conocido como “Zé Maria”, candidato presidencial del pequeño Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU), dijo a la AFP que la financiación empresarial debilita la democracia.

 

“Es una campaña que ser realiza bajo condiciones muy desiguales. El proceso electoral es antidemocrático. Es David contra Goliat”, afirmó.

 

Grandes empresas donantes contactadas por la AFP no quisieron hacer comentarios. La constructora Odebrecht señala en su código de conducta que “contribuciones electorales, realizadas en el cumplimiento de la ley vigente, pueden fortalecer la democracia”.

 

Tomado de @LANACION

 

 
Antonio Jiménez BarcaNo photo

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