Del virus a la censura

Ya uno no sabe si Maduro lanza sus proclamas así, con ese estilo irresponsable para, deliberadamente, llegarle a la gente que se reía de las ocurrencias de su difunto tutor; o es que, en verdad, el piso cultural del presidente de la revolución, ahora ecosocialista, es tan endeble que las ideas les vienen en camino cuando se queda dormido con el control de la tele en la mano.

Hay quienes afirman que se trata de un acto planificado, según los analistas, y que esas ideas, desordenadas e improvisadas, y con poca conexión con la realidad, le permite hacer reír pero al mismo tiempo confeccionar una visión distorsionada del país, que sus ministros se encargarán luego de divulgar.

Lo otro sería concluir que se trata de un mal endémico, muy asociado a los gobiernos populistas, y cuya máxima expresión en Latinoamérica fue aquel tristemente célebre Abdalá Bucaram, el excéntrico presidente de Ecuador, que mandó entre 1996 y 1997, y terminó siendo destituido por el Congreso al demostrarle “incapacidad mental para gobernar”.

La afirmación de que una conspiración bacteriológica, propiciada desde la oposición, habría provocado las muertes sin identificar en el Hospital Central de Maracay, y de allí acusar al denunciante, presidente del Colegio de Médicos de Aragua, para seguidamente ordenar su captura, es la raya amarilla que este gobierno está traspasando cada vez que alguien opina o denuncia.

Como consecuencia de ello, de forma sutil, sin hacer escándalos, y por lo general de madrugada, una comisión del Sebin ingresa a la residencia de quien fue señalado desde la tribuna presidencial, y una vez allanado su hogar ­con decomiso de computadora, documentos personales y prendas­ el Ministerio Público libra su requisitoria para imputarlo.

Ocurrió con un ciudadano serio, y poco dado a las declaraciones extremistas, como es el caso del exministro Carlos Genatios, a quien se le acusó de difamar, al tiempo que fue demandado en tiempo record y obligado a huir para no padecer el purgatorio por el cual está pasando hoy Leopoldo López, tal vez el último venezolano en creer en la imparcialidad de la justicia bolivariana.

No en balde esta semana la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH ha manifestado su preocupación “por el deterioro del derecho a la libertad de expresión en Venezuela”, y subrayar “la continua estigmatización” de los medios de comunicación y periodistas críticos por parte de altos funcionarios públicos, con procesos de sanciones y despidos de comunicadores, así como los bloqueos a la señal de internet de medios de comunicación, tal y como le sucede desde febrero a la señal televisiva y de internet de la cadena colombiana NTN24.

No es pues, un virus bacteriológico ni un chiste a lo Bucaram, sino una política que se une a la compra de medios y a la intimidación del Sebin cuando Maduro considera que una opinión está mancillando su revolución ecosocialista.

 

@TALCUALDIGITAL

 
Elizabeth AraujoElizabeth Araujo

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