UN BROTE DE FIEBRE CRISPA VENEZUELA

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El Gobierno se enfrenta a la comunidad médica en medio de un aumento de casos de chikungunya

 

Hace un mes y medio, Jixon Rivas, un empleado de la fábrica de envases de Aragua, empezó a tener fiebre, dolores articulares y un sarpullido en la piel. En la empresa van más de 40 enfermos. En su familia todos lo han contraído y dice que en su cuadra, en el sector de Coromoto, en Maracay, hay alguien enfermo en cada casa. Se cree que es chikungunya, una enfermedad de origen africano que llegó al Caribe el año pasado y ha causado unos 10.000 afectados, según la Organización Panamericana de Salud.

 

En Venezuela hay casi 400 casos confirmados de esta dolencia, y más de 1.200 sospechosos, según cifras oficiales, pero los médicos estiman, utilizando modelos matemáticos, que habría entre 65.000 y 120.000 afectados. La disparidad no solo tiene que ver con las cifras: en las últimas dos semanas, el Ejecutivo ha pasado de acusar de terrorista al médico que alertó de que se habían producido ocho muertes en Maracay y denunciar un ataque bacteriológico a instalar un Estado Mayor Nacional y lanzar un plan especial contra el dengue y el chikungunya con epidemiólogos venezolanos y cubanos. El nerviosismo entre los ciudadanos, entre la contradicción y la desinformación, no ha parado de crecer.

 

En Maracay, capital del estado Aragua, a dos horas de Caracas, se alarmaron el 11 de septiembre, cuando el presidente del Colegio de Médicos, Angel Sarmiento, alertó que ocho pacientes habían muerto en el Hospital Central de Maracay. En las redes sociales se decía que además del chikungunya y el dengue —endémico en esta región y con más de 45.000 casos en todo el país— podía haber una bacteria, un virus desconocido o ébola. Sarmiento recomendó a la gente abstenerse de ir al hospital hasta no saber qué estaba sucediendo con pacientes que entraban con altas fiebres, presentaban hemorragia y fallecían a las pocas horas.

 

El gobernador de Aragua, Tareck El Aissami, y luego el presidente, Nicolás Maduro, acusaron a Sarmiento de “terrorismo psicológico”, lo tildaron de fascista y ordenaron una investigación penal en su contra. Maduro incluso señaló que en el hospital de Aragua habrían intentado meter un virus como parte de una “guerra bacteriológica” contra su Gobierno, que acusa el desgaste del desabastecimiento y la escasez de productos hospitalarios y medicamentos, tanto en la red pública como privada. Diputados opositores pidieron a la Fiscalía que le exijan pruebas a Maduro de sus acusaciones. “Aquí lo temerario y peligroso es que el presidente diga que hay una inoculación de un virus para producir muertes masivas en el Estado Aragua”, señaló el diputado Ismael García.

 

“No hay medicinas, pero nadie lo dice”

 

El responsable de Salud del Estado de Aragua sostiene que la red pública de la región tiene un 85% de productos hospitalarios garantizados. Sin embargo, al preguntar en la FarmaAragua frente al hospital de Maracay si tenían acetaminofen, la droga que todos andan buscando para bajar la fiebre, la respuesta fue negativa. Yuly Fossi, hermana de Franklin Fossi, uno de los pacientes que falleció en el hospital la semana pasada, dice que la familia tuvo que salir a conseguir bolsas de orina para la sonda y un medicamento intravenoso para bajar la fiebre porque tampoco había.

 

En algunos ambulatorios y centros de atención de la ciudad, los pacientes deben esperar varias horas para ser revisados, incluso madres que llegan con niños ardiendo en fiebre. En un núcleo de atención primaria del barrio 19 de abril atienden hasta a 40 personas diarias, que esperan en sillas plásticas y sin aire acondicionado a que los revisen, pero es poco lo que pueden hacer por ellos. “No hay medicinas, pero nadie se atreve a decir que no hay”, asegura Luisa Moreno, presidenta del Comité de Salud de ese centro.

 

Entre tanto, la población comparte remedios y recetas caseras para enfrentar la fiebre de moda: sopa de patas de pollo, verbena, planta mataratón, jugo de caña, agua de piñón, baños de mango, pero sobre todo, litros de agua de coco para hidratarse.

 

El director de Corposalud —el departamento de Sanidad— de Aragua, Luis López, defiende que es justificable señalar a Sarmiento de terrorismo, ya que la gente que está enferma, en vez de acudir a buscar ayuda había dejado de ir al hospital, que atiende a 3.000 personas diarias y que hasta el pasado viernes tenía a 26 personas en “vigilancia epidemiológica”. Sobre los ocho fallecidos allí, solo dos estaban infectados con chikungunya. Añadió que todos murieron por otras enfermedades y no por el virus, que solo produce la muerte en menos del 1%.

 

Más allá de las divergencias de opinión médica frente a la causa de muerte de esos pacientes en ese hospital específico, la situación epidemiológica en el país, la capacidad de respuesta del Gobierno y su actitud preocupa al gremio médico.

 

El presidente de la patronal Conindustria, Eduardo Garmendia, dijo en una entrevista que la producción nacional se había resentido por el absentismo laboral de infectados por chikungunya. Maduro informó que por esas afirmaciones fue detenido y sometido a interrogatorio por la Fiscalía.

 

En las últimas semanas, según cifras del Ministerio de Salud, se han disparado los casos de fiebre a niveles tres veces por encima de lo esperado para esta época del año en todo el país. Los Estados más afectados son Miranda (donde está Caracas), Aragua y Carabobo. La falta de atención y de remedios, y de reactivos para hacer los diagnósticos, incrementan las posibilidades de que estas enfermedades se compliquen. Por eso algunos médicos piden que se decrete una emergencia epidemiológica y sanitaria.

 

Las declaraciones del doctor Sarmiento y la reacción del Gobierno, en vez de aclarar la situación sobre lo que sucedía en el hospital y sobre tantos casos de fiebre, solo aumentaron la zozobra colectiva. “La gente no sabe si creernos a nosotros o al Gobierno”, dice el doctor Féder Alvarez, del Colegio de Médicos de Aragua. El martes Sarmiento fue citado ante el Concejo Legislativo de Aragua a que presente pruebas de sus declaraciones. “No soy un terrorista, soy médico, soy venezolano”, dijo Sarmiento por teléfono, quien dice estar en algún lugar de Venezuela y dispuesto a asumir las consecuencias de la denuncia que en su contra presentó el gobernador El Aissami.

 

Los familiares de los fallecidos esperan un diagnóstico certero de los médicos y otra actitud del Gobierno. “No me interesa el asunto político, con eso no me devuelven a mi hija”, dice Yaniret Carmona, madre de Marielvis Gabriela, una niña de dos años y ocho meses que hablaba lo suficiente para quejarse de dolores en el cuerpo y fiebre, y que el lunes habría asistido por primera vez al jardín infantil.

 

 

Tomado de @ELPAÍS

 
Catalina Lobo-GuerreroCatalina Lobo-Guerrero

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