Los años robados

Celia ha pasado dos noches flotando entre la alegría y el llanto. El menor de sus tres muchachos le dijo adiós el sábado en la tarde, cuando se perdía, con el morral apretado a la espalda, en el sinuoso pasillo de embarque del aeropuerto. Andrés, de 25 años, solo esperó que le autenticaran el título de ingeniero, para aventurarse en otras tierras donde es posible que le vaya mejor.

Unos prestidigitadores sin talento que han venido podando el país desde hace quince años prácticamente obligaron a los tres hijos de esta yaracuyana, divorciada, profesora de liceo y de una clase media empobrecida, a emigrar antes de que les arrebataran, en una esquina oscura de regreso a la casa, lo que les quedaba de su juventud.

Con sentimiento cansado y desconcierto, Celia observa a diario en su viaje por metro a otros jóvenes como sus hijos que, con el gotear silencioso de sus miserias, ahogan los temores y frustraciones en los audífonos del celular, desconectados de la horrible realidad de un país que vomita cifras de homicidios los fines de semanas y que los pone a surfear en la zozobra para dar con el aceite o el papel tualé.

Una realidad que seguro no quieren que se les mencionen quienes disfrutan del poder, los mismos que cualquier día ordenan allanarle la casa a un dirigente estudiantil, retener por 24 horas a un empresario o burlarse de un hombre valiente como Leopoldo López, mediante esa pantomima que llaman audiencia de juicio, y que casi siempre son suspendidas por motivos fútiles.

De esta maraña invisible, cercada por la mediocridad que adereza un discurso gubernamental signado por el revanchismo, es que huyen no solo los jóvenes profesionales sino también los más avispados del barrio que abandonaron temprano el aula para trabajar, y sienten que, a este ritmo de la economía socialista, no van a tener jamás un apartamento ni un carro propios, y que si llegan a formalizar su relación de pareja lo harán bajo el techo familiar, porque los salarios de ambos no da ni siquiera para alquilar.

Por eso el empeño del gobierno en multiplicar actos con jóvenes asimilados a algún programa social, que repiten entusiastas las consignas de “Chávez vive”, porque así lo requiere el modelo político y económico que ha implantado el dúo Diosdado-Maduro, a pesar de los entuertos y de las nefastas equivocaciones.

Lo triste es que con los hijos de Celia, se han ido también los mejores especialistas en medicina; los periodistas críticos que ya no hallan empleo porque los medios están siendo copados por el oficialismo; los ingenieros que para ser contratados deben jurarle al ministro de Vivienda que no son escuálidos; o los contadores, abogados o economistas que ayudaron al jefe a cerrar el bufete o la oficina porque la prosperidad exige carnet del PSUV.

Viviendo a la sombra del miedo, acostumbrados a ser sólo silencio, estos jóvenes que alguna vez tendrán que regresar, se dan un respiro en otros países, trabajando incluso en oficios para los cuales no se formaron. Pero con la seguridad de que cuando abran su ventana, haya frío o llueva a cántaros, al respirar, están recuperando los años de su juventud que estos ineptos gobernantes pretendieron expropiarles.

 

Tomado de @TALCUALDIGITAL

 

 
Elizabeth AraujoElizabeth Araujo
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