LA OTRA MITAD DE LA ECUACIÓN

cola venezuela

 

Estamos atravesando uno de los momentos de transición hacia una nueva meseta

 

La dinámica colectiva que hemos vivido estos últimos años es la de una sucesión de descensos, seguidos cada uno de su correspondiente fase de estabilización. En cada fase de crisis, los índices económicos, sociales, de salud, de servicios, de inseguridad experimentan una caída que alarma, llama la atención, llena las páginas de los periódicos, provoca una oleada de descontento general y ruidoso. Luego viene una etapa en la que parece que ese proceso de declive llega a una meseta, se estabiliza y se convierte en el nuevo parámetro de normalidad. De esta meseta provisional y transitoria, arrancará el próximo proceso de declive crítico, y así sucesivamente.

 

La distancia recorrida desde que se inició el declive hasta la meseta en que se encuentra hoy es inmensa. Veamos, por ejemplo, desde donde se arrancó en víctimas de la inseguridad y en donde estamos hoy, o en un ámbito de materias completamente distinto, comparemos el nivel de deuda del Estado hace quince años con el que enfrenta por estos días. Si uno hiciera el experimento mental de tomar los titulares de los informativos venezolanos con un mínimo grado de independencia y trasladarlos de un solo golpe a, digamos, Chile, de modo que los ciudadanos de Santiago se encontraran de buenas a primeras con los titulares que para nosotros son cosa de todos los días, con seguridad que tendrían la sensación que están llegando los días del fin del mundo. Pero como nosotros hemos llegado aquí a lo largo de quince años y en el trayecto hemos contado con unos cuantos momentos que parecen planos, momentos donde se asimila como “normal” el nuevo punto alcanzado, son muchos los que no tienen esa sensación de catástrofe.

 

Subidas y bajadas

 

Esta descripción que acabo de hacer es engañosa, en cuanto a la realidad objetiva. No hay. Por un lado, las líneas de descenso no son líneas continuas hacia abajo. Describen subidas y bajadas. Por otro lado, y más importante, al transcurso de la línea no tiene momentos de receso. En la realidad no hay, pues, tales “mesetas”. Lo que sí me parece que ocurre es que la colectividad quisiera darse periódicamente un descanso, registrar como estable un nuevo nivel de normalidad, por peor que éste pueda ser en relación al previo, y por desastroso que sea en términos absolutos. Es en esos momentos que la caída del nivel de respaldo al gobierno se detiene por un tiempo. Pero por ahí viene ya la próxima etapa aguda, donde la población despierta del sueñito que se permitió para hacer por unos minutos las paces con la realidad que la agobia.

 

Nueva meseta

 

Estamos atravesando uno de los momentos de transición hacia una nueva meseta. Las noticias negativas y alarmantes se acumulan y el ciudadano no está en paz con una realidad que empeora día tras día. El peor gobierno de nuestra historia está sufriendo en plena cara los embates de su ilimitada incompetencia. Según todas las encuestas que he podido ver, cualquier candidato oficialista perdería las elecciones con cualquier candidato opositor por un margen que promedia los quince puntos. No es nada seguro que esta vez vaya aparecer ese, por el gobierno ansiado, punto de receso en la sensibilidad colectiva. La sucesión de etapas que he descrito en párrafos anteriores, en caso de ser una descripción acertada, no es una “ley” ni mucho menos. De repente deja de perder vigencia y llega un momento en que la realidad golpea tan duro y tan incesantemente, que no hay manera de darse descanso ni de hacer las paces con ella. No se ve en la cuesta abajo ningún lugar donde el gobierno de Maduro pudiera encontrar ese respiro. Sería así, no sólo el peor gobierno de nuestra historia, sino para colmo el de peor suerte en estos últimos años.

 

El momento del salto

 

Es, pues, momento para la oposición. Para dar un salto en los niveles de confianza que la colectividad coloca en ella. Es el proceso inverso. Bajo los impagables servicios de Ramón Guillermo Aveledo como Secretario Ejecutivo de la MUD, la oposición ha venido describiendo en los últimos años una línea ascendente, con sus respectivas “mesetas”, puntos de arranque del siguiente ascenso.

 

Los meses pasados han sido meses de desarreglo y desconcierto, que parecen haber llegado a su fin. Llegó la hora de retomar el orden, enjaezar las fuerzas y reaparecer a escena con la mira puesta en significar de una buena vez una alternativa válida y convincente para esa parte de la amplia mayoría de la población que espera por ella. La mayoría de la población ya tiene clara la mitad de la ecuación, la que le dice que con este gobierno no hay solución posible. Gran parte de esa mayoría ya está con la oposición y de ahí la fuerza de ésta. Pero una parte de ella está esperando por la otra mitad de la ecuación, la que le dice que la oposición es una opción que vale la pena.

 

 

 

 
Diego Bautista UrbanejaDiego Bautista Urbaneja

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