SIRIA Y LA FALACIA DE LA GUERRA SUBCONTRATADA

Ejército Libre de Siria (SFA)

Hasta ahora los titulares se han centrado en Irak, pero el verdadero desafío de esta guerra está donde empezó, en Siria, el gran bastión terrorista. El presidente Obama debe aclarar quién es allí el enemigo: ¿ISIS o Assad, o ambos?; quién el “amigo” que va a prestar sus soldados en contra quizá de sus propios intereses; y qué mágica estrategia puede reconciliar objetivos tan contradictorios.

La Casa Blanca no se ha pronunciado sobre esas y otras incógnitas de los planes en Siria, salvo advertir que la ofensiva en tierra va a ser “subcontratada” a unos—todavía indefinidos— opositores a Assad. Eso implicaría que tales disidentes repentinamente cambien de parecer y abandonen su lucha de años contra Assad para enfrentarse a ISIS, con el que al fin y al cabo comparten la prioridad estratégica de derrocar al dictador.

La realidad sobre el terreno demuestra (como explico más adelante) la inviabilidad de que EEUU pueda atraer a miles de combatientes de las filas opositoras. A menos que estos tengan una secreta vocación de mártires para ponerse bajo la guillotina de ISIS.

“Es una falacia”, dijeron el martes miembros del Senado durante la comparecencia de los jefes del Pentágono, el secretario de Defensa, Chuck Hagel, y el general Martin Dempsey, ninguno de los cuales precisó si Assad era un target, ni tampoco cómo convencerían a la oposición que desistiera de derrotarle. “Vamos a entrenar a sirios moderados para que combatan a ISIS, que es ahora nuestra prioridad. Assad se aplaza”, se limitó a señalar Dempsey.

O sea, un jaque sin mate en el complicado ajedrez sirio, en el que también juegan en la sombra Irán y Rusia a favor de Assad. ¿Cómo van a interpretar los estados y tribus suníes de la región el espaldarazo indirecto de Washington a Assad, aliado de los chiitas? El apoyo de los suníes, empezando por Arabia Saudita, es crucial para evitar la percepción de que EEUU toma partido por una rama del islam. Alienarlos sería un error catastrófico.

Bashar Al-Assad

Bashar Al-Assad

Pero entre los muchos peligros de los que está minada la ofensiva anti-yihadista, existe la nefasta

posibilidad de que con los bombardeos a ISIS se acabe haciéndole el trabajo sucio a Assad, que se ha autoerigido como la última línea defensiva contra el verdadero enemigo del mundo, el extremismo islámico.

Y también se corre el riesgo de que al subcontratar la campaña anti-ISIS se acabe entrenando y armando a futuros enemigos, como pasó en los años 80 con los muyahidines y Osama Bin Laden en Afganistán. En aquel entonces la CIA reclutó unos 30,000 yihadistas para luchar contra los soviéticos. Y ya sabemos cómo acabó todo.

Esta vez la CIA y el Pentágono buscan de momento unos 3,000 que podrían estar listos para combatir en menos de un año. ¿Un año? Pero si ISIS avanza a un promedio de 500 nuevos yihadistas al mes y ya cuenta con 30,000 en sus filas; si obtiene diariamente $3 millones vendiendo petróleo en el mercado negro; y si controla un territorio tan grande como Gran Bretaña, ¿que amenaza representaría en un año? De ahí la urgencia de actuar cuanto antes.

Precisamente el factor tiempo ha sido determinante para que muchos grupos de la oposición, cansados de esperar dos años ayuda militar de EEUU, se hayan aliado a ISIS para derrocar a Assad. Unos se han integrado plenamente en sus filas y otros, incluido el moderado Frente Revolucionario Sirio (SRF) —que era favorito de Washington— acaban de firmar un “pacto de no agresión” con la organización terrorista, según ha divulgado esta semana en Londres el Syrian Observatory for Human Rights (noticia crucial que sin embargo aquí los medios han ignorado).

Y el otro favorito, el Ejército Libre de Siria (SFA), ha declarado que “no” formará parte de los planes de EEUU contra ISIS “a menos que reciba garantías de que también van a sacar a Assad”. Es de suponer que ahora sean ellos (SFA) los que ponen condiciones a Washington después de que en agosto Obama calificara su potencial de “fantasía” por ser —según el presidente— “un grupo formado por ex médicos, agricultores o farmacéuticos sin capacidad de combatir a un ejército fuerte” [como ISIS o el de Assad].

Puede que hace sólo un mes el Ejercito Libre de Siria fuera una fantasía, pero hoy es la única carta factible con la que cuenta el presidente Obama para que su (no menos fantasiosa) idea de subcontratar la guerra de Siria se haga realidad.

 

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Rosa TownsendRosa Townsend

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