El ABC de Luis Cañón / Periodista
“La gente no quiere a las FARC, la gente quiere paz”

El país está altamente polarizado entre el gobierno de Santos y la oposición que encarna Uribe. Toda acción violenta trae consecuencias a sus promotores y autores. Si S

“La alternativa de las FARC es oír a la política o acabar su vida en el monte”.

“La alternativa de las FARC es oír a la política o acabar su vida en el monte”.

antos no mejora enfrentará dificultades graves en su gobierno en los próximos tres años, opina el profesional de la comunicación.

 

Macky Arenas

 

Es uno de los periodistas más respetados de Colombia. Veterano de El Tiempo de Bogotá y por trece años estuvo al frente del diario Panorama de Maracaibo. En días pasados estuvo en el Zulia, donde pudimos conversar con él. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

 

— Lo que pasa en Colombia es lo que pasa es Venezuela. ¿Cómo andan las cosas por allá?

— La situación es compleja porque el país está altamente polarizado entre el gobierno de Santos y la oposición que la encarna Uribe quien, si bien no tiene una fuerza determinante en el Congreso, tiene mucha audiencia: 19 senadores. Esa polarización no le sirve a Colombia pues se trata de una polarización al interior del poder. La paz es necesaria, la paz negociada, y en eso Santos tiene la razón pues se aprovecha cualquier tensión para ganar más espacio y eso no es sano para Colombia en un momento tan bueno para el país, con una economía en crecimiento permanente, con desempleo de un dígito, inflación de un dígito, con una reducción de los índices de violencia en homicidios y secuestros muy significativa, que haya ese conflicto entre líderes y fuerzas políticas que, si se ligaran en algunos temas el país podría avanzar mucho más.

 

— ¿Es decir que estamos ante una confrontación de influyentes líderes y electores más que de políticas?

— Un poco de ambas cosas. Uribe es un caudillo y Santos un tecnócrata, un hombre más abierto a un liderazgo compartido y esas diferencias los han enfrentado mucho. A su vez, frente el tema de la paz, que es el gran tema colombiano, hay dos visiones distintas: la de Uribe que plantea la posibilidad de una paz que resulte de una derrota de la guerrilla, y la de Santos que plantea una paz con espacio político para la guerrilla. Eso marca una diferencia lo que es parte del conflicto.

 

— Desde acá hay la impresión de que  Uribe, partiendo de experiencias fracasadas como la de Pastrana, tenía la razón en el sentido de que había que debilitar a la guerrilla para poder sentarla a conversar, mientras que Santos la favorecería al darle beligerancia y estatus político.  ¿Hacia dónde cree que se inclina la opinión pública colombiana? 

— Santos está en una cuesta muy grande, quemando todo su capital político. El resultado está ligado al tiempo. Acaba de obtener una victoria política, aún con margen estrecho ganó las elecciones, lo que indica que la mayoría apuesta por la paz. Pero si esas negociaciones no avanzan, si las FARC no entienden su grave ausencia de sintonía con el país, la correlación política puede cambiar porque la gente no quiere a las FARC, la gente quiere la paz.  Si las FARC siguen jugando con el país, si siguen creyendo que los tiempos los manejan ellos, eso se les va a volver en contra.  

 

Terrorismo

 

— Hay un círculo vicioso con esto en Colombia. Los gobiernos tratan de crear el clima y las condiciones para la paz, pero las FARC vuelven a las andadas, lo que se traduce en mayor frustración para el país que, como usted dice, quiere la paz…

— Eso es muy cierto pues hubo muchos intentos pero habría que señalar que esta vez se ha ido mucho más lejos. Hay una agenda específica de negociación, se ha avanzado en el 60% de los temas, las conversaciones se están llevando a cabo fuera de Colombia  y se hacen en medio del conflicto, lo cual fue idea de Santos  y lleva razón, pues la ofensiva militar del Estado se mantiene. Claro, las FARC hacen daño. Lástima que esta entrevista no sea con una cámara: las FARC hacen terrorismo aunque no les gusta que se les diga. A veces combaten al Estado pero lo que hacen es terrorismo contra la infraestructura petrolera, de servicios públicos y contra la misma población civil.

 

— ¿Qué hace pensar que un movimiento, que no sabe hacer sino terrorismo, estaría dispuesto a dejar  ese flanco de acción, para integrarse a una vida civil, democrática, donde, de paso, llegaría con plomo en al ala, con la sociedad pasándole factura?

— Han degenerado en el terrorismo, pero el origen de las FARC  sin duda es político y justificado. Colombia es un país con una desigualdad social muy grande y las FARC nacieron como una expresión popular para enfrentar  aquella injusticia social. Es una guerrilla, en sus inicios, sana entre comillas, con un móvil político razonable. Creo que, aunque hayan degenerado en el terrorismo, esa vocación todavía está en ellos y podrían retomar una alternativa. La alternativa de las FARC es oír a la política o acabar su vida en el monte.

 

— No sólo hay un problema de terrorismo, también está el nexo con el narcotráfico que también sabemos mantiene Cuba, escenario de las conversaciones. Todo ello les generará desconfianza en la población…

— Tienen que trabajar para ganarse la confianza de la ciudadanía colombiana. Escuchar a las víctimas del conflicto, oír su queja, su reclamo, su anhelo sería un avance. Escuchar al país que no les cree, es un avance también. Las FARC son una guerrilla rural y es necesario que entiendan que Colombia es un país urbano, el 70% de la población colombiana está en los centros urbanos.

 

“Las FARC son una guerrilla rural y es necesario que entiendan que Colombia es un país urbano”

“Las FARC son una guerrilla rural y es necesario que entiendan que Colombia es un país urbano”

2015, el año de la paz

 

— ¿Si estas conversaciones fracasaran, cuál sería el escenario?

— Aún en contra de lo que quieran las FARC y aún en contra de lo que suponga el gobierno, estas conversaciones no van a fracasar porque es un anhelo nacional. El alma colombiana, el espíritu de Colombia quieren la paz y eso se va a imponer.

 

— ¿Eso tiene un dead—line?

— 2015 es el año de la firma de la paz. Este año se tiene que afinar al máximo. Y los colombianos tenemos que reconocer a Iván Márquez entrando al Congreso en lugar de mirarlo con un fusil al hombro amenazando al país. Hay un escenario, hay un espacio para la política en un país que ha sido muy conservador y en donde las élites tienen mucha responsabilidad en lo que ha ocurrido, pero un país que ha progresado y se ha modernizado. Las FARC saben que tienen un espacio allí.

 

— Eso pasó hace años con el M19, sin embargo no fue lúcido el estilo político de aquellos dirigentes…

— Pero hicieron muchas cosas. La Constitución del 91, que es una de las más modernas del mundo y sobre la cual nos sostenemos, se hizo con la ayuda del M19, por personajes del M19, como Antonio Navarro quien ha sido un excelente ministro, mejor gobernador y alcalde del país, ahorita elegido al Senado por un significativo número de votos porque es un demócrata auténtico. Yo creo que la presencia del M19 en la vida política ha contribuido mucho a que se amplíe la estrecha  democracia colombiana.

 

Santos y su entorno

 

— Al comienzo había entusiasmo y esperanza  por Santos. Ahora las cosas han cambiado y la percepción que la opinión pública venezolana tiene sobre Santos ha desmejorado. ¿Cree que es justa esa percepción? ¿Qué opina del manejo político de Santos hacia Venezuela?

— Es comprensible la queja de un sector muy significativo de la opinión pública venezolana frente a  las actitudes del gobierno de Santos. Es entendible porque la gente que está en la oposición no comprende que un gobierno vecino sea amigo del gobierno al que le hace oposición. Pero desde el punto de vista del Estado colombiano, de Santos y su planteo de país, pues estratégicamente se ha movido bien porque Colombia, con un conflicto interno, no tenía en su momento capacidad para tener otro con Venezuela y otro con Ecuador. Así que, en función de los intereses de Colombia, está haciendo lo que debe hacer.

 

— ¿Crees que Santos, tratando de resolver el problema que es prioritario para los colombianos, como es el tema de la paz, no estará descuidando temas básicos para cualquier gobierno como es el tema económico y social?

— Tienes mucha razón, sobre todo en lo social. Creo que él lo entendió, ganó las elecciones muy apretadas y él sabe que tiene que hacer algo. Está trabajando en eso, pero si Santos no mejora, si los beneficios de una economía pujante no le llegan a la mayoría de los ciudadanos, Santos enfrentará dificultades graves en su gobierno en los próximos tres años.

 

— El Presidente Santos forma parte de una familia la cual, desde el punto de vista mediático, es emblemática desde el en la gestión  de medios de comunicación en Colombia, ¿Cómo están las relaciones?

— En mi opinión, la libertad de prensa en Colombia es muy sólida, una solidez que el periodismo ha conseguido (y cabe la expresión) a sangre y fuego. El periodismo ha aportado muchas vidas en Colombia para alcanzar el estado de democracia que tiene. Por otro lado el gobierno, como es natural en todas las democracias, pues hace su lobby y trata de conquistar medios y desarrolla toda una estrategia comunicacional para que su gestión de gobierno aparezca destacada. Pero en Colombia  es un país donde hay libertad de prensa, sin duda.

 

— ¿El gobierno colombiano hace lo necesario, lo suficiente, para que los casos de periodistas que han sufrido consecuencias y pagado hasta con sus vidas, especialmente en la cobertura de informaciones que tienen que ver con el narcotráfico y la corrupción, no queden impunes?

— Yo diría que más que enfrentar la impunidad, es la ola de violencia lo que debe detenerse. Muchos crímenes contra el periodismo en Colombia ya quedaron atrás, en la impunidad. Son crímenes de hace 20 y 25 años, donde por 15 años las investigaciones no han avanzado. No debía de ser así, no debía haber impunidad. El país ha avanzado en la protección y los mismos grupos violentos han entendido que el daño es para ellos mismos atacando a los periodistas, toda acción violenta trae consecuencias a sus promotores y autores.  En ese aspecto se ha mejorado significativamente.

 

— ¿Cómo nos ven ustedes desde allá?

— Pues con asombro. El presidente Chávez y su proyecto político despertaron una emoción, esperanza en algo distinto en América Latina, era una sociedad que tenía mucho dinero pues el poder económico que tenía Venezuela fundado en su petróleo es muy grande.  Ahora yo, personalmente, con desencanto. No puede ser que un país tan rico tenga que hacer filas para tener el arroz y las papas. No puede ser que en un país tan rico, llegue uno aquí y tenga que esperar cuatro, cinco y seis horas porque todos los vuelos se retrasan. No puede ser que un país tan rico tenga una deuda externa tan grande. No puede ser que un país tan rico tenga una inflación tan alta. Venezuela es la tierra de Bolívar y la tierra de Simón Rodríguez, que nos pertenecen a todos en América Latina, porque el Libertador fue el Libertador de las Américas y ese espíritu y esa grandeza que hay en Venezuela con toda seguridad los va a llevar a encontrar días con más sol, con más esperanza y mayor calidad de vida.

 

— Ni hablar de la cantidad de venezolanos que emigran a Colombia cuando antes era al revés…

— Personalmente me gusta mucho eso para que los venezolanos tengan una mirada un poco más amable de los colombianos, que vean que Colombia no es solo lo malo, sino que somos un país pujante, generoso, trabajador. Desde ese punto de vista me alegra mucho ver a mis hermanos venezolanos en Colombia.

 

 
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