Hacer el ridículo
Un camino sin regreso

Camara de seguridadNi la rueda de prensa con video hecho por cineastas. Ni la campaña en “Honor y Gloria a Robert Serra” pudieron borrar la tenebrosa historia que se ha colado entre bastidores y se ha hecho filtrar por la policía, sobre los sucesos que llevaron a la trágica muerte del diputado oficialista.

No es nuestra intención volver sobre el escabroso asunto, sino poner de relieve lo que significa para un país, tener que convivir con un gobierno que es capaz de convertir ese hecho en una fábrica de hacer panfletos nada más que para tomar oxígeno y prolongar la agonía en la que se encuentra.

No cabe duda de que la historia venezolana reconocerá en esta camada, que nos mal gobierna, el arquetipo de una troupe de teatro secundaria, patética, de actores venidos a menos que montan tarantines y tinglados en pueblos y barrios bajos para medio ganarse la vida.

Son todos actores de reparto que no logran convencer a nadie de sus ocurrencias, siguen actuando ante un país en el que el 80 % de sus habitantes saben que vamos hacia un desfiladero a pesar de que tienen todo el poder mediático y político, todo el dinero de su lado y toda la fuerza institucional.

Sencillamente ya no les creen y, lo que es peor para el gobierno, ya no les tienen miedo. En todas partes, vecinos, trabajadores y jóvenes protestan y no se dejan intimidar por la extraordinaria maquinaria de coacción y represión.

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Se acercan las elecciones parlamentarias y le tocará al gobierno enfrentarlas en la peor de todas las condiciones de credibilidad en la opinión pública. Tratan de crear mitos, héroes, una épica que nunca han tenido y nada les resulta. Esta revolución de 15 y último y de escocés de 18 años, está llegando a su final.

Dijo una vez Maquiavelo que el ridículo es el único lugar en la política desde donde no se regresa. Tal parece que el gobierno ha decidido tomar ese camino.

 

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

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