“Me siento amenazado…”

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“El presidente de la AN, aseguró sentirse amenazado por las palabras del diputado de oposición de Proyecto Venezuela, en las que declaró a propósito de las próximas elecciones parlamentarias, “que los días de los diputados oficialistas, estaban contados” (ND-7-10-14). “Yo me siento amenazado” ripostó el Presidente oficialista de la AN, “y estoy seguro que más de un diputado revolucionario lo va a denunciar, porque así no se hace política, amenazando a la gente, persiguiendo a la gente, eso es lo que hacían en la IV República, lo desaparecían y nadie es culpable… Nosotros en el gobierno no vamos a permitir que un bolsa nos venga amenazar a nosotros”. Pues nada. La más profunda e inédita anomia, se ha hecho presente.

En el ámbito de la sociología se denomina anomia a la incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr metas de convivencia mediante su adecuación al orden legal e institucional establecido. Se trata de un concepto que explica la conducta desviada, para referirse a una ruptura de las normas sociales por inobservancia sistémica de la ley… Esta es nuestra tragedia en Venezuela. Nuestra involución, nuestra fractura, nuestro retroceso en términos de lo que Platón catalogaba el “orden social” o consenso normativo. Hemos sido secuestrados por lo que Durkheim llamó en su trabajo “La división del trabajo social y el suicidio” y Merton en su “Teoría de la Tensión (Strain Theory), como el ritualismo, la acomodación, el retraimiento, la violencia, la reyección y un estado de rebelión constante, que destruye el Estado-País, para convertirlo en un Estado-Nación sectorizado en polos dominantes y dominados, en un Estado de mafias (dixit Moisés Naim), cuyos sistemas de preferencia y control son ejecutados por una sociedad miliciana y colectivista, que impone a otra su “cambio innovador por revolucionario” a mazo limpio, a plomo cruzado. De ese modo la otra sociedad queda inactiva, neutralizada y apaciguada, por aterrorizada y chantajeada; diluida en una dinámica de pretendida “soberanía popular y acción cultural”, donde no existe ley, ni justicia (orden capaz), de contener un primate proceso de desplazamiento social. Así la Venezuela institucional, normada y ciudadana, queda en la nada, en la ausencia, en el abismo grupal, lo cual es la verdadera vulnarabilidad, la real amenaza.

La anomia (Tabla de Merton) también supone “un colapso de gobernabilidad por no poder controlar esta emergente situación de alienación, experimentada por una subcultura que resulta en un comportamiento no-social” (colectivos, milicias, paramilitarismo) matizado de “justicia social”. El uso de medios ilegítimos para lograr transformaciones de poder, comporta una desviación normativa que subvierte la justicia y la fijación de responsabilidades cívicas.   Y alcanzamos un nivel absoluto de impunidad donde los mismos promotores del caos, de la reversión, del acomodo o de la mal comprendida rebelión, sucumben en su misma “acción colectiva” alienante, primitiva y violenta.

Carlos Nino señala a la sociedad Argentina una larga lista de conductas-“en un país al margen de la ley”-que configuran un conjunto social anómico: la forma en que se transita por los espacios públicos; la naturalidad con que se evaden las responsabilidades; la manera como se contamina el ambiente, la extensión de la corrupción… ¿Cuál sería el listado anómico Venezolano? Si acaso más perverso, más doloroso, más salvaje…Desde la muerte de niños en manos de secuestradores, sicariatos políticos; asesinatos de sacerdotes; de periodistas; de médicos en una sala de cirugía; torturas y muertes de estudiantes y Venezolanos de cualquier estrato, rango y condición, sea en la calle, en su casa o en el quirófano de un Hospital, hasta fallecer sin un diagnostico de salud o por no tener medicamentos, la anomia nos acecha, nos atrapa y nos liquida. Ahora es el asesinato de un joven diputado de bancada de gobierno o la muerte de “combatiente social” (a minutos de anunciarla púbicamente), más la baja de 105 policías y a los menos otros 14.000 ciudadanos asesinados en lo que va de año, lo que evidencia que nadie está a salvo en la anómica Venezuela. Y el Presidente de la AN dice “sentirse amenazado” por un diputado de oposición que ha levantado mucha cal denunciando delitos de malversación. ¿Quién amenaza a quien? No menos infeliz por intimidante fue la “muletilla” del periodista-burócrata quien anómicamente dijo que a “los otros muñecos, también se lo pueden echar al pico…” Testimonios de una sociedad abrazada a lo que llama Nino, la anomia boba, por implicar situaciones sociales en las que todos resultan perjudicados, donde el desbordamiento moral, la anarquía y el odio, no distinguen.

El asunto se fue de las manos. Un gobierno anómico no entiende otro orden que el de la rebeldía, el acomodamiento a juro, donde lo institucional y lo ciudadano es un jarrón chino, un estorbo y un objetivo. Y en ese terreno, amenazados e inmovilizados, también estamos muertos…

 

 

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