También en Venezuela
El diablo anda suelto

hotel-rwandaEl 3 de diciembre del año 2003, el Tribunal Internacional para Ruanda, con sede en Tanzania y creado por la Resolución No. 955 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de fecha 8 de noviembre de 1994, condenó a los directores de Radio Televisión Libre de las Mil Colinas (RTLM), Ferdinand Nahimana y Jean Bosco Barayagwiza, por los cargos de genocidio, incitación al genocidio y crímenes contra la humanidad. Con ello se castigaba la responsabilidad en los hechos que había propiciado esta emisora, la cual, durante aproximadamente un año y sin apenas descanso, promovió en Ruanda la “caza” de personas de la etnia tutsi por ser menos que “cucarachas”. Como se expone en el film Hotel Ruanda, RTLM fue un factor fundamental en el desarrollo de aquel nivel de violencia y de desenfreno de las pasiones que acabó con aproximadamente 800.000 personas en los primeros meses del año 1994, y donde las mujeres que sobrevivieron fueron violadas y sus hijos asesinados.

En abril de este año, y con motivo de conmemorarse los 20 años de aquella horrible matanza, Televisión Española (TVE) exhibió un documental llamado Ruanda, el diablo anduvo suelto. Allí, en varias de las entrevistas que se realizaron a algunos de los que participaron en la masacre, todos –tanto antiguos hutus como tutsis, y similar como llegó a sucederle a muchos nazis durante la Segunda Guerra Mundial– se mostraban extrañados de sus propios actos y les era imposible explicar cómo habían llegado a tal grado de barbarie. Sin embargo, éstos reconocían que había sido esencial la labor de RTLM en aquella vorágine.

Traigo esto a colación porque el jueves 2, muy temprano en la mañana, me costó saber lo que estaba sucediendo, pues en una buena cantidad de emisoras del espectro radioeléctrico sólo se proferían amenazas y se hacía referencia constantemente al “asesinato cometido por la derecha fascista”. Tuve que sintonizar una estación donde hablaba en ese momento Carlos Román Chalbaud, para conocer “…que el diputado ante la Asamblea Nacional, Robert Serra, había sido asesinado en su vivienda” y que el acto era “repudiable” desde todo punto de vista.

Una versión apasionada y ligera es la que se ha dado igualmente una y otra vez, por algunas de las emisoras radiales, sobre lo sucedido en los predios de Quinta Crespo, y pocos son los que han pedido una investigación seria e imparcial también sobre estos hechos. Hay que decir que el verbo encendido no colabora precisamente con la paz social, tan reclamada en estos momentos. Por lo que, aparte de recomendar a los medios y a todos aquellos que tienen responsabilidades con el país que se espere por las pesquisas y la investigación de los cuerpos policiales –tanto en un caso como el otro–, no estaría de más recordar las palabras de Humberto Eco escritas en su Tratado de la semiótica general: “La producción de signos (lingüísticos) –dice allí Eco– desencadena fuerzas sociales y, más aún, representa una fuerza social en sí misma”. Ya demasiado costosa ha sido esta “revolución” en términos humanos y materiales como para seguir tentando al diablo. ¿No les parece?

 

 

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