No quiero ser la mitad

NO QUIERO SER LA MITADEl compositor cabimero Neguito Borjas, manteniendo la tradición zuliana de unir la música a la temática social, ha compuesto una gaita con el título que encabeza este artículo. Para simbolizar la viabilidad de su aspiración unitaria, la canción es interpretada, junto con él, por Iván Pérez Rossi y Francisco Pacheco.

La letra llama a tender la mano hacia quienes piensan distinto y a la reconciliación entre quienes se han separado por el odio político o se han involucrado en conductas violentas, sutiles o brutales, siempre primitivas y casi siempre vergonzosas. Es una reflexión destinada a satisfacer necesidades del corazón y del país.

La polarización es una fractura conflictiva que empuja a la gente a situarse en dos puntos extremos y frecuentemente radicales de opinión. En su construcción ideológica emplea el prejuicio en vez del juicio, el estereotipo y no el análisis, la descalificación a falta del argumento. Entonces pasa de una actitud a una conducta que necesita que ambos lados internalicen el mecanismo.

Ella alcanzó su apogeo cuando logró conectar el resentimiento social con la esperanza de un mejor sociedad, especialmente en la Venezuela empobrecida y en la obligada a sobrevivir con menos de dos salarios mínimos.

Pero la promesa no funcionó: esa porción de población se ha ensanchado y los recursos se han encogido. En esas condiciones es inevitable que lo que había sido el polo mayoritario se desgaste, porque se eleva el costo social de su permanencia y porque su capacidad para resolver problemas no sólo entra en duda, sino que más bien puede sospecharse que el gobierno es el principal punto de origen de la crisis.

La gente no quiere la polarización. El pueblo está cansado de ser mitad, regodearse en su exclusiva parcela y rechazar a otros venezolanos. El entendimiento ofrece más alicientes que el enfrentamiento. Surge la perspectiva, sea cual sea la mitad desde la que se mire, de conversar y ponerse de acuerdo para enfrentar dificultades comunes.

El país de las dos mitades está quedando atrás. Un rechazo silvestre al modelo y a los fracasos del gobierno desborda el esquema oficialismo/oposición y proporciona una de las bases para forjar una identidad alternativa que exprese la diversidad de motivos para explorar un rumbo que podamos transitar todos.

La oposición debe cuidarse de ella misma y eludir todo mecanismo que la divida internamente, que levante muros a los que naturalmente se han estacionado en una zona de espera o que fortalezca visiones que por ser más extremas toman la apariencia de ser radicales. Polarizar, particularmente a la antigua, limita el crecimiento, debilita y desune.

Ahora la ruta no es solo la que nosotros estamos defendiendo, sino la que es capaz de compartir el 40% de venezolanos que no se identifica ni con el gobierno ni con la oposición. Esa es la suma virtuosa.

Afortunadamente Chúo Torrealba, la MUD y los partidos que la integran han comenzado a tararear la letra de la gaita de Negrito.

 
Simón GarcíaSimón García
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