LA ENCUESTA

10 Encuesta Datanalisis Maduro

Sin real no hay joropo bonito ni carisma.

 

En medio de esta necesidad apremiante de distancia, de cierta objetividad para comprender lo extraordinario que ocurre día a día, se publica la más reciente encuesta de Datanálisis. Esa misma muestra es un hecho singular, singularísimo, pues por primera vez en más de una década los venezolanos que se consideran de oposición superan, ampliamente además, a los chavistas. Según Datanálisis, a principios de octubre de 2014 el 40% de la población se dice opositora, mientras que solo el 20% se proclama chavista.

Por supuesto, la mayoría aplastante del país, el 80% nada menos, considera que este Gobierno es malo. Pero eso es viejo, casi desde que Maduro llegó al poder luego de un resultado tan endeble, según el CNE, que él mismo prometió una auditoría de la que se arrepintió a las horas. Maduro es un presidente impopular, cada vez más impopular, cosa que no puede ser de otro modo ante la penuria objetiva por la que atravesamos. Pero ese dato no tiene nada de extraordinario, quizás lo tuvo los primeros meses, pero a año y medio de este Gobierno a nadie extraña que sea reputado inepto por casi todos.

 

Lo extraordinario es que el pueblo ya no es mayoritariamente chavista sino mayoritariamente opositor. Tan nuevo, que hasta en las victorias electorales de la oposición, muchos votos en contra de los candidatos chavistas venían de quienes seguían pensando que el modelo o lo que sea que representaba el Comandante Eterno era lo mejor para el país. Inclusive, hasta octubre de 2014, que se considerase incompetente al gobierno de Maduro y pésima la situación del país era compatible con ser chavista. Ya no más.

 

Este cambio de simpatía política tampoco es nuevo en Venezuela, que nada más para hablar del pasado reciente vio alternarse a AD y a Copei como opción mayoritaria. Lo nuevo es que ese cambio ocurre por primera vez desde la llegada de Chávez al poder y del culto a su personalidad que fue y es el núcleo político del chavismo. Y que ocurre por primera vez es aún más extraordinario porque el modelo chavista parte de la idea, que repite hasta la náusea, de que estará siempre en el Gobierno, que la oposición sea cual sea nunca llegará al poder, (“no volverán” aunque sus líderes nunca hayan gobernado antes), que era hasta el 2012, después hasta el 2021 y luego hasta el dos mil siempre. Y no solo de que gobernará para siempre, sino de que se trata de una nueva manera de vivir y de ser, un hombre nuevo en la versión guevarista, irreversible. Pues ya no.

 

Esa misma eternidad del chavismo, que como toda pretendida eternidad humana termina en comedia y ridículo, implica además que el cambio de signo político de las mayorías sea trágico, apocalíptico. Lo que está ocurriendo no es que el adeco es conquistado por el adeco verde Luis Herrera y muchos votan por él: de hecho, esa derrota fue asumida por AD inclusive con humor, “we will comeback” dijo con el presidente Betancourt. En cambio, que la mayoría no sea chavista es para Chávez y sus seguidores la desaparición de lo venezolano, que había regresado luego de casi dos siglos de coloniaje y saqueo, y solo puede ser producto del engaño en que los medios imperialistas tienen al pueblo.

 

Que Copei perdiera las elecciones era malo para el país, pensaban los copeyanos, y viceversa; que el MAS perdiera una gobernación era malo para ese Estado, pensaban con toda coherencia los masistas; pero ninguno de ellos consideraba que su derrota a manos del adversario era la pérdida de la República, el fin de la independencia o la cesación de la vida en Venezuela. Que hoy ganaran unos y mañana otros era inclusive normal, el Gobierno perdía elecciones y venían otros, pero el sistema seguía. Betancourt no era el presidente eterno, ni Caldera prometió nunca estar para siempre en Miraflores.

 

En cambio, Chávez es el Comandante Eterno y que el chavismo era hasta el dos mil siempre. El chavismo, fiel a sus raíces totalitarias, se considera la encarnación del progreso histórico y no puede comprender ni mucho menos aceptar que fuera de él haya verdadera venezolanidad, de hecho verdadero interés por el pueblo. En este clima de religión civil es que ocurre lo que de otro modo fuera la normalidad de cambio de partido ante la ineptitud galáctica de un gobierno. Caldera dijo que el pueblo nunca se equivoca, en el chavismo el único que no se equivoca es Chávez y hoy sus sucesores.

 

En realidad, lo que ocurre no es más que el destino inexorable de un sistema que se basaba exclusivamente en unos ingresos equivalentes a todos los que tuvieron todos los gobiernos del siglo XX juntos. Chávez y luego el chavismo solo pueden gobernar con un barril de petróleo a cien dólares más un endeudamiento cinco veces mayor que el teníamos cuando llegaron al poder, y ni siquiera así. Sin real no hay joropo bonito ni carisma, sin chequera estos galanes no lo son.

 

 

 
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