Cuando el destino nos alcanza

Cuando_El_Destino_Nos_Alcance__A la centralización, dependencia de las importaciones y escasez de dólares que ha caracterizado el modelo que se nos ha impuesto, se le ha sumado ahora la baja del precio del crudo

 

Existe una película dirigida en 1973 por Richard Fleischer, protagonizada por Charlton Heston y el actor de películas de gansters Edward G Robinson, que se conoció en el mundo hispano con el nombre de Cuando el destino nos alcance. Su título original era Soylen y se basaba en la novela escrita por Harry Harrison ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! (¡Make room! ¡Make room!). Aunque Fleischer hizo algunas modificaciones a lo que exponía el texto de Harrison, en el film, como en la novela, se evidencia la preocupación porque el acelerado crecimiento poblacional que se experimentó en la década de los setenta no derivara en una catástrofe de características malthusianas.

Como se sabe, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, Thomas Robert Malthus había especulado con la idea de que la producción de alimentos no crecería a la par de lo que lo haría la población mundial. Mientras esta última se desarrollaría exponencialmente según una progresión geométrica, la disposición de alimentos lo haría más bien siguiendo una progresión aritmética. Soylen Green es, en fin, el alimento que en ese mundo disutópico vendrá a satisfacer el inexorable exceso de demanda, aunque al final se sabrá que el Soylen está hecho con restos de los humanos que han muerto previamente (algo parecido también sucede en Snowpiercer, film surcoreano recientemente estrenado).

Aunque la cosa por ahora no es tan apocalíptica, la película me ha venido a la mente en estos días de envilecimiento y de constante búsqueda de alimentos y productos de todo tipo, no solo por la escasez que estamos viviendo sino porque lo que nos está sucediendo era un destino previsible, que se podía derivar fácilmente de las políticas gubernamentales llevadas a cabo durante estos tres últimos lustros, tal como a su vez pudo predecir Friedrich Hayek en 1944 y en su texto Camino de servidumbre, la escasez y racionamiento que esperaba a los pueblos conducidos por gobiernos socialistas.

Lo mismo podríamos decir con lo que está ocurriendo en relación a la baja de los precios del petróleo. En este sentido, no bastó aquella vieja exhortación hecha por Arturo Uslar Pietri el 14 de julio de 1936, en el diario Ahora, cuando llamó a “Sembrar el petróleo”, ni siquiera el anuncio de los dos últimos gobiernos americanos en el sentido que harían todo lo posible por eliminar la dependencia energética que tenía de países como el nuestro. El Gobierno insistió en controlar la producción petrolera para mantener los precios altos, y, también, en hacernos más y más dependiente del petróleo. Así, para hacer más dramático el asunto, a la centralización, dependencia de las importaciones y escasez de dólares que ha caracterizado el modelo impuesto en nuestro país todos estos años, se le ha sumado ahora la baja del precio del crudo, gracias no solo al petróleo americano sino a la producción petrolera de Arabia Saudita y la poca demanda del mercado mundial. Esto sin que nadie sepa a ciencia cierta cuánto dinero hay en el Fondo de Estabilización Macroeconómica Económica (FEM) y si éste nos ayudará a pasar este mal trato, según lo establece la Constitución Nacional en su artículo 321; ya que los legisladores, previsiblemente y sin ser newtonianos, sabían que tal como podían subir, los precios del crudo también podrían bajar.

 

 

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