La momia democrática

la_momia_La democracia de hoy se ha convertido en un cuento de hadas, cajita de música guardada en la memoria de la computadora con cuya melodía solemos arrullar a niños y ciudadanos llorones que despiertan a cada rato en busca de sustento y caricias 

A primera vista daría la impresión de estar viva, al menos eso se comenta en los pasillos. Se ha hecho de una existencia distante y presuntuosa. Nos mira desde su lejanía de sarcófago profanado y en su misterio mudo se comunicación nosotros a través de mensajes de telepatía encriptada que cada quien traduce a su manera.

Cuando salimos a la calle, oímos hablar de ella por doquier: que si la democracia esto, que si la democracia aquello. La leemos en los titulares de prensa, oímos de sus cuitas, de sus fastuosos y tanta veces engorrosos trámites electorales en cuanto rincón del mundo se permiten, porque también, hay que decirlo, vive evadiendo acérrimos enemigos que pretenden destruir su castillo de naipes.

La democracia de hoy, y no solo en estos rincones aceitosos, se ha convertido en un cuento de hadas, cajita de música guardada en la memoria de la computadora con cuya melodía solemos arrullar a niños y ciudadanos llorones que despiertan a cada rato en busca de sustento y caricias. En esa cancioncilla dormilona se cuenta que, la democracia es algo así como un unicornio azul, un obsequio de la casualidad afortunada de una rifa, una hamburguesa gratis en cajita feliz para merendar en nuestro ingrato y escaso mercadeo.

Como si ella fuera simplonamente un método de repartición de regalías, corrupción incluida, cesta ticket vacacional, y no la lucha cotidiana, la hemos dejado envilecer, envileciéndonos por falta de pasión y de fe; por ausencia, errores o traspiés, de acumuladores sociales de energía dispersa, líderes, agrupaciones, partidos políticos los llamábamos antes; por la dejadez que ha entregado a los otros, no los mejores por supuesto, su hidalguía.

Creo entender en el mensaje recogido en el silencio petrificado de las momias que lo que no quieren es que las miren disecadas, lo que desean es vivir y por ello su sueño es despertar para morir de nuevo, si fuera el caso, por un ideal de carne y hueso.

No le demos más vueltas a la pirámide de nuestras cavilaciones intentando encontrar al culpable, pues aquí no hay más desperdicios que los propios. Desierto es lo que sobra y lo que falta es paso para hacer el camino que la democracia extravió sin los partidos, los políticos digo, que sin ser querubines de inocencia, al menos ejercían y distribuían la ambición de poder con más equidad que los de ahora y nos daban sentido y pertenencia. Hoy lo que somos es selva que nos traga.

 

 
Leandro ÁreaLeandro Área
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