Lauren Bacall, la costilla de Humphrey Bogart

Annex - Bacall, Lauren_05Descubierta a los 17 años por el gran Howard Hawks, aquella joven modelo de singular belleza cambió la pasarela por el celuloide. De la mano de un maduro Humphrey Bogart triunfó en Hollywood. | En sus brazos perdió la virginidad y la soltería. Convertida en una de las parejas más famosas, su amor fue truncado por ‘el sueño eterno’ que sorprendió a Bogie once años y medio después.

Teresa María Amiguet

‘Nunca me he considerado una gran actriz. Sólo intento seguir viva’, declaraba Lauren Bacall en 2009. Ese año al fin el tío Oscar se había rendido a sus pies. Convertida en viuda eterna de Hollywood tras protagonizar una de las historias de amor más románticas y consolidadas de la historia del cine, Betty no tenía más remedio que reconocer que su edad ya la convertía en una leyenda del séptimo arte.

Aquella joven judía del Bronx, de padre polaco y madre rumana, trabajaba como modelo cuando apareció en la portada de la revista Harper’s Bazaar. Corría 1941 y tenía sólo 17 años. Poco antes su familia en pleno la había despedido en un restaurante de Broadway, el Lindy’s. Betty, su verdadero nombre, se trasladaba a Los Angeles dispuesta a conquistar Hollywood. Pero tras cursar un año de arte dramático, durante el que mantuvo un breve romance con otro aspirante a actor también judío y de origen polaco, Kirk Douglas, e interpretar pequeños papeles, acabó trabajando como acomodadora en Broadway. Con la positividad que siempre marcaría su biografía decidió rendirse a la evidencia. Su belleza era una moneda de cambio más valiosa que su talento interpretativo.

Tras proclamarse vencedora del concurso de belleza Miss Greenwich Village, empezó a trabajar como modelo profesional y fue seleccionada para protagonizar la portada de Harper’s. Ese número llegó a manos de la mujer del célebre director Howard Hawks que, turbada por la singular fisonomía de Betty, se lo mostró a su esposo interpelándole así: ‘Esta es la chica que buscas’. Por aquel entonces Hawks andaba a la caza de una partenaire que fuese capaz de plantar cara a Humphrey Bogart, ganador de un Oscar por su magistral interpretación de Rick en Casablanca. El objetivo del director era demostrarle al gran amigo común de ambos, Ernest Hemingway, que podía hacer una buena película ‘hasta con su peor novela’.  Haciendo caso omiso de su inexperiencia interpretativa, Hawks citó a la aspirante actriz y, tras entrevistarla, decidió arriesgarse. Su olfato no podía fallarle, y adivinaba que tras esa joven de voz aguardentosa se hallaba una estrella. Su aplomo, su seguridad en sí misma, su imagen de mujer fuerte y autosuficiente resultaban muy excitantes para la época. Y Hawks, convencido de su capacidad, le otorgó el papel protagonista y Betty se convirtió en Slim, la mujer que enseñaría a silbar a Bogart, en uno de los diálogos más brillantes de la historia del celuloide.

Humphrey-Bogart-and-Lauren-Bacall-humphrey-bogart-15980046-338-444El director le enseñó a transformar aquel gesto furtivo, fruto de la timidez provocada por hallarse en presencia del romántico Rick, que la había enamorado en Casablanca, en una mirada que la haría única. Abriendo sus ojos hasta el infinito, la actriz se hizo merecedora del apodo de ‘la Mirada’, sembrando la semilla de la que sería una fructífera carrera cinematográfica. La película era Tener o no tener, y con ella nació el escándalo. Cuentan que la primera vez que Bogart vio a Betty le dijo: ‘Acabo de ver tu prueba. Nos lo pasaremos muy bien’. Y así fue porque durante el rodaje se inició una de las historias de amor más famosas y estables de la historia del cine. Y junto al amor, el escándalo volvió a salpicar a la pareja, porque Betty tenía 19 años y Humphrey 45. Y lo que es peor, Bogie estaba casado. Pero dos años después, cuando Betty ya era Lauren, porque así lo había decidido con acierto el bueno de Hawks, Bogie consiguió el divorcio. Y tan sólo once días después, el 21 de mayo de 1945, la pareja contraía matrimonio. Y Betty entregaba su virginidad, celosamente guardada hasta la fecha, como rezaban los cánones que regían la moral de toda joven judía de la época que se preciase. Se convirtió en la esposa de Humphrey Bogart. La unión duraría hasta la muerte del actor el 14 de enero de 1957. Los secretos de su convivencia: compartir el izquierdismo y el whisky. Juntos tendrían dos hijos, se enfrentarían a la caza de brujas del senador McCarthy y protagonizarían varías y legendarias películas como El sueño eterno, La senda tenebrosa y Cayo Largo.

Tras perder a Bogart, la trayectoria de Lauren Bacall empezaría a fluctuar. Su fuerte personalidad la llevaría a rechazar varios papeles en la Warner Bros, que había comprado su contrato a Hawks, y Hollywood la relegaría. Haciendo gala de su fuerte personalidad se concentró en el teatro, que la compensó sobradamente con dos premios Tony, y la televisión. Robert Altman sería su nuevo Hawks al recuperarla en Prêt -à –Porter en 1994. Lauren tenía 70 flamantes abriles y daría la talla concreces. Quince años después, el tío Oscar, compartido y honorífico pero no por ello menos merecido, tenía a bien al fin ocupar un lugar en su piso del neoyorquino edificio Dakota.

Hasta el fin de sus días el pasado 12 de agosto no perdió su sentido del humor, su ‘mejor arma’ Así lo demostraría al dirigirse en la Viennale de Viena al gran director Pedro Almodóvar a través de la prensa en los siguientes términos: ‘Date prisa no voy a estar aquí eternamente’. Lauren Bacall tenía 80 años. Genio y figura. Pedro no la oyó. Él se lo perdió. Lauren, ésta va por ti.

 

 

 

Tomado de La Vanguardia

 
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