Yo acuso

Últimamente parece haber ocurrido un recrudecimiento del horror en todas partes del mundo. Las noticias que nos llegan de Siria, con relatos de esclavitud, masacres étnicas, decapitaciones, son una mezcla espantosa de crueldad medieval con medios de comunicación modernos. Lo más increíble es que esas monstruosidades, en vez de provocar un rechazo generalizado, sirven de propaganda para que jóvenes desadaptados en Europa y Estados Unidos quieran alistarse en esos ejércitos de la barbarie.

En México, país querido y admirado por múltiples razones, la violencia ha desembocado en la masacre de los jóvenes normalistas, con detalles espeluznantes de sadismo por parte de autoridades, cómplices de la delincuencia. Aunque la sociedad civil ha protestado indignada por el asesinato de sus jóvenes, el Presidente de la República reacciona tardía y débilmente, yéndose a una conferencia en China en vez de atender la tragedia nacional.

En medio de esos horrores no le hemos hecho caso a las nuevas y particularmente humillantes torturas a las cuales han sido sometidos Leopoldo y los alcaldes presos. Es intolerable, es indignante, es insólito que eso ocurra en este momento en el país y no se haya producido un grito de indignación, un ¡Basta!, resonante, por parte de todos nosotros. Si no nos producen asco las torturas de estos esbirros, ¿es que nos estamos convirtiendo en cómplices? Sé perfectamente que a diario ocurren miles de horrores en Venezuela. Leopoldo no es el único preso, ni el único torturado. Han asesinado a decenas de estudiantes. Pero Leopoldo asumió una función de liderazgo, en representación de muchos de nosotros y por eso tratan de destruirlo. Acuso a este gobierno de torturar y humillar a Leopoldo López y a sus compañeros alcaldes, porque desean aplastar toda semilla de esperanza que aún quede en el país.

 

 

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