LA DESEAN LOS QUE NO LA CONOCEN

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“Las Farc no me engañaron a mí; engañaron a Colombia”     Andrés Pastrana

I

Al momento de entregar esta columna, seguimos a la espera de la declaración del Secretariado de las FARC acerca del burdo, brutal y necio secuestro de un general y dos víctimas adicionales, precisamente en la víspera de una nueva reunión de la Mesa de Diálogo para la Paz. Esta iniciativa, que bien pudo ser la causa inductiva de la reelección de Santos a la presidencia, ha caído en las nebulosas del escepticismo pese a haber logrado importantes acuerdos en cuatro de los seis temas de la agenda. Quedan dos; es decir: todo, porque según la parte gubernamental, si no hay acuerdo en los seis no habrá en ninguno.

Adicionalmente, los dos pendientes son, a mi modo de ver, los nodales, los decisivos. De allí que la opinión internacional y la nacional, hayan permanecido en nerviosa expectativa. No les falta razón. Al fin y al cabo desde 1964, fecha fundacional de la organización militar presidida hasta su muerte por Manuel Marulanda, han corrido 50 años. Es la guerra más larga que se haya conocido en América. Cruenta como pocas.

De confirmarse que el plagio denunciado por Santos fue ordenado por las FARC, el acuerdo de paz habrá recibido un golpe mortal. Si el desenlace era harto difícil, semejante acto -inoportuno y provocador- lo haría imposible de toda imposibilidad.

Sospecho que las FARC escurrirá el bulto. La zona donde ocurrió el hecho es de alta presencia suya pero igualmente opera una organización paramilitar llamada Renacer. Con razón o sin ella, bien pudieran cargarle a ésta la responsabilidad del plagio, dejando todo en las tinieblas.

Cabe otra posibilidad, quizá más conforme a la realidad. Las FARC no tienen la cohesión de antes. Los mazazos contra su humanidad aplicados por los presidentes Uribe y Santos, le han restado capacidad auto-financiera. Para fragmentos de la organización que operan por su cuenta, la paz sería un mal negocio. La desmovilización atentaría contra su modo delictivo de vida, que domina con mucha habilidad.

No obstante, aun si las FARC logran convencer a los colombianos de su disposición al diálogo, perderán representatividad puesto que si sus convenios no arrastran a buena parte de la organización ¿a qué seguir parloteando?

II

Después de cinco décadas, el pueblo colombiano puede decir que ha vivido la guerra y por eso la aborrece. Ya lo dijo Erasmo de Rotterdam: “Dulce bellum inexpertis”. Traducido al castellano, significa: “La guerra es dulce para los que no la han probado”. Ante la carnicería amontonada y el odio rampante ¿quién se opondría al diálogo en Colombia si se vislumbrara una luz en el horizonte?

¿Pero se ha encendido alguna vez así sea una trémula luz de luciérnaga, como para que seis presidentes colombianos hayan buscado el diálogo con las FARC? Sí, seis: Belisario Betancur, Virgilio Barco, Ernesto Samper, César Gaviria, Andrés Pastrana y Juan Manuel Santos. ¿No es mucha ingenuidad insistir para ser burlados?

No siempre fueron burlados. El presidente Barco logró un impresionante acuerdo con el M-19, tras el cual esta desalmada fuerza militar se desmovilizó y luego se acomodó a la legalidad. El remate fue la Constituyente en la cual trabajaron César Gaviria y Antonio Navarro Wolff, líder del M-19. Fue un modelo para todos.

Hasta las actuales negociaciones de paz entre el presidente Santos y las FARC, nadie había llegado tan lejos como Pastrana en las tentativas de paz. El mundo lo respaldó, incluyendo a Fidel Castro, con sus propias motivaciones. Siempre quiso estrechar vínculos con los gobiernos de Colombia en el marco de sus críticas relaciones con EEUU, habida cuenta de la cercana amistad de Colombia con la potencia norteña, ¡especialmente bajo la presidencia de Uribe!

Pastrana despejó 42 000 km2 en Caguán, que fueron ocupados por las FARC y utilizados para recomponer fuerzas y mejorar su armamento. El encuentro de Pastrana y Marulanda pareció anunciarle al planeta el pacífico cese de la hecatombe.

Pastrana comentará:

  • Le puse a Marulanda un papel en blanco para que escribiera sus exigencias. El papel permaneció en blanco.

¿Por qué aquel notable despliegue naufragó? Porque, como acaba de repetirse ahora, una unidad de las FARC pateó la mesa. Indignado, Pastrana se retiró. Uribe irá de rondón contra las FARC causándoles daños que debilitaron su fe en la victoria.

III

En mi obra “La Violencia en Colombia” (El Nacional, 2002), sostuve que la disminución de las FARC facilitaría el diálogo emprendido por Santos. Las diferencias Uribe-Santos no son tema de este artículo, pero sí lo es la pertinencia de ese paso tras la desarticulación de las FARC, más allá de los resultados que puedan obtenerse.

Marulanda no buscaba la paz. Dada su fortaleza militar y social, sentíase en condiciones de entrar victorioso en el Palacio de Nariño. ¿Diálogo? Solo para ganar tiempo.

Incluso Fidel Castro llegó a considerar inviable la lucha armada en Colombia. Relató que en 1998 recibió un informe del vocero internacional de las FARC explicando la opinión (el delirio) de Marulanda:

  • El objetivo es salir con buena imagen y ganar tiempo para enfrentar la “inevitable” invasión yanqui.

Negociar con Marulanda sería inútil mientras creyera que las armas le darían todo. Pero luego de los golpes de Uribe-Santos, a las FARC solo les queda negociar… o morir. Aceptaron el desarme, contraviniendo al tajante Marulanda:

  • Desarme, nunca. Es un tema que no discutiremos.

Ojalá Timoshenko amarre a sus locos para que su destino y el de Colombia no se tiñan de púrpura.

 

 

 

 
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