El ABC de Juan Manuel Trak / Investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB
“El Registro Electoral debe ser objeto de una completa revisión”

“Los diputados tendrán que sentarse a negociar un CNE creíble para todo el país”.

“Los diputados tendrán que sentarse a negociar un CNE creíble para todo el país”.

Los rectores del CNE deberían procurar que la gente confíe en ellos. El 90% de la población quiere miembros del organismo electoral que no tengan militancia política. Una institución transparente podrá determinar un mecanismo para que los actores políticos tengan iguales oportunidades de servirse de los medios en campaña, señala el profesor universitario.

 

Macky Arenas

 

Es sociólogo de la Universidad Católica Andrés Bello en Venezuela, con Maestría en Ciencia Política y Candidato a Doctor en Procesos Políticos Contemporáneos en la Universidad de Salamanca (USAL). Con cinco años de experiencia en la gestión académica a nivel de pregrado, desempeñó el cargo de coordinador académico en la Escuela de Ciencias Sociales en UCAB (2004-2009), donde tuvo  como responsabilidades la coordinación de las pasantías y los trabajos de fin de grado. En distintas épocas participó como Investigador visitante en el German Institute for Global Studies en Hamburgo, Alemania; en el Instituto de Iberoamérica USAL, España y en el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales en la UCAB, hasta Julio 2014, donde desarrolló parte de su investigación doctoral. Actualmente es responsable de la Coordinación Académica del Diplomado de Gobernabilidad, Gerencia Política y Gestión Pública, y profesor e investigador en el Centro de Estudios Políticos de la UCAB, que promovió el “Proyecto de Identidad Electoral Venezuela: Reformas Impostergables”. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

 

— Habida cuenta de que casi nadie cree posible una reforma de carácter electoral en Venezuela, ¿qué motivó un estudio de estas características?

 

— Desde las elecciones presidenciales del 2013 estamos trabajando sobre esto. Desde aquella contienda entre Maduro y Henrique Capriles viene produciéndose un cuestionamiento importante hacia el sistema electoral venezolano, no sólo por parte de la sociedad civil, sino también por parte de los actores políticos. Toda la dinámica política que se desarrolló después de esas elecciones nos llevó a preguntarnos, en el Centro de Estudios Políticos de la UCAB, qué es lo que hay que reformar en el sistema electoral para que exista más confianza y cuál es la percepción real que tiene la gente acerca de su funcionamiento.

 

—  ¿A partir de cuáles premisas?

 

— Esto tiene dos dimensiones, básicamente. Una, el análisis del sistema electoral y cuáles son las reformas que hacen falta, lo cual abordaron Jesús María Casal y Benigno Alarcón, junto a un grupo de expertos electorales que promueven las reformas necesarias; y por otro lado, investigamos cómo la gente se relaciona con el sistema electoral, lo cual abordamos a través estudios de opinión, focus groups y encuestas cuantitativas. La finalidad del proyecto es entrar en esas dos dimensiones. El objetivo, repito, es descubrir cómo la gente se relaciona con el sistema electoral y cómo en verdad está funcionando.

 

—  ¿Qué encontraron?

 

— Que hay unos vacíos que generan desconfianza en una buena parte de la población hacia el funcionamiento del sistema  electoral y que en muchos de los casos inhibe de participar o incluso conduce a votar por una parcialidad política por la cual no desean votar. Es el tema del temor, del amedrentamiento. Esto, sin duda, es una falla del sistema y a partir de esta pregunta sobre la situación política  y sobre la coyuntura que se ha venido dando desde mayo del 2013, año y medio atrás, en el Centro de Estudios Políticos nos propusimos determinar dónde estamos. Dónde están las falencias, las debilidades y  también las fortalezas del sistema electoral venezolano.

 

Reformas

 

— ¿Cuando ustedes hablan de reformas, se las plantean desde el punto de vista legal o directamente sobre aquello que incide en la confianza del elector como la integración del CNE o la depuración del RE?

 

— Ambas dimensiones. Hay algunas reformas constitucionales que no habría chance de abordar, por razones de tiempo, antes de la elección del 2015. Hay temas de leyes, la Ley Orgánica de Procesos Electorales, la cual presenta algunos huecos; hay leyes que no se han promulgado, por ejemplo la que tiene que ver con los reglamentos de convocatoria a referéndums; el tema de los reglamentos de campañas, prohibición de los medios, control del uso de recursos públicos, toda una serie de leyes y prácticas que deben ser revisadas y reformadas para dar capacidad a los actuales actores políticos de competir con igualdad, sobre todo aquellos que no tienen de su lado al aparato del Estado. Entonces, las reformas van en dos sentidos: hay reformas legales pendientes, hay reformas reglamentarias pendientes que no se circunscriben exclusivamente a las que pueden emanar de CNE, pero igualmente hay prácticas y omisiones desde el CNE que tienen que ser revisadas.

 

— El CNE acostumbra a hacerse de la vista gorda frente a asuntos como las cadenas…

 

— No se puede pretender que esas son prácticas normales que no afectan a las campañas. Una cadena de televisión siempre tiene un efecto y más si está obligando a toda la población a seguirla. De manera que esas prácticas hay que reformarlas, pero también lo que tiene que ver con los circuitos electorales, la proporcionalidad; el Registro Electoral debe ser objeto de una revisión profunda para saber con certeza qué es lo que hay allí. Son reformas que tienen por finalidad la transparencia. Al final del día es eso, generar confianza. Los rectores del CNE, que son los actores que administran el proceso electoral,  deben procurar que la gente confíe en ellos. No basta que la mitad del país confíe en ellos. Un proceso electoral sin confianza es un potencial peligro para la estabilidad y la gobernabilidad del país.

 

— ¿Cuánta gente creen ustedes que confía en los procesos electorales en Venezuela?

 

— Un poco menos de la mitad confía, un 40 y tanto por ciento. Un 56%, si mal no recuerdo, tiene desconfianza o no confía en absoluto. Un sistema electoral debía contar con la confianza de por lo menos el 80% o 90% del país. Un árbitro que dirime las diferencias no puede andar con el 45% del país, es muy poco para lo que debía tener de su lado un ente del cual se espera que resuelva conflictos. Nada que esté por debajo del 75 u 80% es bueno para el CNE. A nosotros nos dio el 56% de desconfianza pero hay estudios que la colocan en un 78% de desconfianza en el CNE. Eso es gravísimo pues si no hay confianza en el CNE, ¿cómo podemos concluir que el voto es confiable? Allí hay un problema de fondo que alude a la manera como los rectores han administrado el proceso, la cual ha desembocado en esos elevados niveles de desconfianza.

 

— Las próximas elecciones están a la vuelta de la esquina, en el 2015. ¿Creen que estos planteamientos de reformas figuran en los planes de un gobierno que, bajo un régimen de poderes sumisos, es el que decide lo que se hace o deja de hacer?

 

— Nosotros estamos formulando la propuesta, invitando a todos los actores políticos a escuchar lo que tenemos que decir, en aras de garantizar la gobernabilidad y la paz del país. Está en manos de los actores políticos el que el país no se vaya por un camino que nadie quiere, el camino de la violencia. No debemos olvidar que el gobierno, en algunas ocasiones, se ha visto forzado a asumir decisiones que no necesariamente van con sus deseos. Por ejemplo, para el gobierno habría sido más fácil prescindir de un Comité de Postulaciones y pasar todo directamente al TSJ. Lo que quiero decir es que hay una oportunidad para incidir en la selección de rectores, lo cual es esencial para generar confianza. Si fracasamos en el nombramiento de rectores, vamos con una pata coja a las siguientes elecciones parlamentarias. No tengo capacidad de predecir cuánto lograremos, pero colocamos las propuestas en la calle.

 

— ¿La población valora el tener rectores imparciales?

 

— El 90 o 95% de la población quiere  rectores imparciales, que no tengan militancia política, rectores honestos, con experticia técnica y justamente eso es lo que dice la Constitución y la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Puede ser que la mayoría de la gente no se las haya leído, pero saben intuitivamente que necesitan unos rectores que no jueguen para ninguno de los bandos y ese sentir trasciende la polarización. Nosotros lo que pretendemos es que se entienda lo que quiere la gente, que los venezolanos tienen una posición y un criterio en torno a cómo deben ser los rectores y cómo se debe manejar el proceso. Ante una mayoría tan aplastante que desea transparencia es imposible hacerse de la vista gorda, so pena de fallarle abiertamente a las expectativas que tiene el país.

 

— ¿Puede presentarme la gran ficha de la investigación?

 

— El trabajo tuvo varias fases. La primera fue el Congreso Internacional sobre Buenas Prácticas Electorales, que se hizo el 5 de noviembre del año pasado, luego del resultado con el libro. Allí participaron varios profesionales  como Casal, Alarcón, María Gabriela Cuevas, Eglée Lobato y otros expertos en el tema electoral quienes, junto a invitados internacionales como Lorenzo Córdova –ahora Presidente del Instituto Nacional Electoral de México- , Manfredo Marroquín, Percy Medina de Transparencia Internacional y la propia Jennifer Mc Coy del Centro Carter, quienes discutieron en ese Encuentro. Se hizo el diagnóstico del Sistema Electoral y se evaluaron las fallas existentes en diferentes dimensiones que van desde el RE, pasando por el nombramiento de rectores, hasta la proporcionalidad y personalización del voto, sin olvidar los referéndums revocatorios. Allí se hicieron propuestas de reformas, tanto a nivel constitucional como reglamentarias.

 

“Llama la atención que el sistema está diseñado para generar desconfianza”.

“Llama la atención que el sistema está diseñado para generar desconfianza”.

Desconfianza

 

— ¿Hubo estudios previos?

 

— Sí, antes de ese encuentro los hubo, tanto cualitativos como cuantitativos, indagando sobre cómo la gente percibe el sistema electoral. Allí salió la desconfianza en las autoridades, en el proceso mismo y en el secreto del voto, encubrimiento de identidad o tergiversación del voto, lo cual solo se supera con un trabajo para construir confianza.

 

— ¿No les parece que el sistema está montado precisamente para construir desconfianza?

 

— El resultado es que una parte de la población se inhibe de participar.

 

— ¿Y si está montado para ello y ustedes proponen trabajar para construir confianza, no es un intento fallido?

 

— La idea es llamar la atención acerca de que el sistema está montado para generar desconfianza, sobre todo en lo que respecta a algunas prácticas u omisiones. Nuestra labor como universidad es lanzar el alerta y hacer las propuestas, pues una parte significativa de la población percibe que las cosas se están haciendo como no se debe. Luego, señalar las medidas que construirían confianza.

 

— ¿Cuáles son?

 

— La primera, la selección de rectores. La gente debe concientizar que eso no es un procedimiento cualquiera, que no se debe permitir que el oficialismo controle el proceso, sino que hay que obligar a los actores políticos a respetar la Constitución, que señala que con las tres cuartas partes de la Asamblea Nacional es como se puede nombrar al CNE y que debe ser independiente, imparcial, despartidizado. Hay que empujar esa discusión y esa agenda para que se construya confianza. Estamos interesados en que exista un CNE confiable, que genere confianza y anime a la gente a participar y devuelva la fe en que el voto vale la pena. Esa es nuestra responsabilidad.

 

— La selección de rectores es la raíz del problema. ¿De qué manera se han planteado debe ser integrado el CNE?

 

— De nuevo me remito a la intuición de la gente, que es lo que está escrito en la Constitución y la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Hay que despartidizar a ese organismo. Que los rectores provengan de sectores expertos en el tema electoral, que sean personas reconocidas por su dominio del tema y que no jueguen para ningún bando o partido político. Los diputados tendrán que sentarse a negociar un CNE creíble para todo el país. Ante todo, que garanticen que a todo el mundo se le aplicarán las mismas reglas todo el tiempo.

 

— Con la hegemonía comunicacional que tiene el gobierno, será difícil que exista equidad en el manejo de los medios de comunicación en la campaña…

 

— Ese debate viene de cara a las elecciones parlamentarias. Pero teniendo un CNE integrado como debe ser, podrá determinar un mecanismo para que los actores políticos tengan iguales oportunidades de servirse de los medios en campaña. Lo cierto es que el gobierno controla la mayoría de los medios radiodifusores, los cuales son poco plurales, así que hay que agenciar mecanismos que garanticen que todos tengan capacidad de llegarle a todo el mundo en todo el país. De lo contrario, la oferta sería fraudulenta pues habrá gente que no verá sino un lado de la moneda, pues se enterará solo de una parte de la oferta y no podrá decidir con la libertad que garantiza la plena información.

 

— ¿Han tenido oportunidad de contrastar los resultados de este estudio con los factores que deciden sobre el sistema electoral?

 

— Lo tenemos ahora en noviembre, a un año del estudio, cuando se desarrolla un seminario internacional (UCAB) sobre el Proyecto de Integridad Electoral, con amplia participación, no solo de expertos nacionales e internacionales, sino también de la sociedad civil y distintas ONG, incluyendo organizaciones del gobierno. Igualmente invitamos a los actores políticos y parlamentarios. Esa discusión debía servir para que el Sistema Electoral no sea más parte del conflicto, sino que las elecciones sirvan para dirimir los conflictos. Que las elecciones sean un punto de encuentro y no profundicen la crisis.

 

 
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