¿A DÓNDE NOS LLEVAN?

El plan es que no hay planes económicos. Cientos de horas en cadena nacional, risas frente a las cámaras que dan la impresión que todo anda bien. Por allá el ministro Marcos Torres asegura que en 2015 no habrá devaluación ni tipo de cambio único y que 2015 será un año de estabilidad económica. La guerra económica, aunque cada cierto tiempo se anuncia que “ha sido derrotada” aparece a cada momento como una suerte de comodín para explicar la escasez y la alta inflación. El aderezo del comodín son un gentío preso por contrabandear, buhoneros, productores y comerciantes amenazados y mirar para otro lado cuando mueren los pacientes en los hospitales.

Estamos cerrando el año y Nicolás Maduro cruzó el puente de 2014 sin tomar ninguna medida económica que tienda a corregir las distorsiones creadas por sus políticas de controles. ¿Será que no lo dejan gobernar o internamente hay gente en el PSUV jugando al fracaso?

El jueves el Presidente dedicó su cadena de radio y TV para no anunciar nada trascendental. Cinco nuevas leyes por vía habilitante que significan más dinero en saco roto, entre ellas la Ley de Misiones y la Ley de Financiamiento de Proyectos del Poder Popular. Acciones que apuntan por un lado a movilizar recursos hacia las bases del chavismo en función de las próximas elecciones parlamentarias, y por el otro, a la compensación de nuevos aumentos como el de la gasolina, la unificación cambiaria que inevitablemente colocarán la inflación de 2015 en tres dígitos.

A pesar de la alta inflación que seguirá en ascenso esas medidas permitirán al Gobierno manejar ciertos recursos para mantener parcialmente algunos programas sociales y la gigantesca burocracia gubernamental.

Para el oficialismo es vital ganar las parlamentarias y garantizar una mayoría oficialista para mantener el control de los poderes públicos y de la FANB.

Maduro no se atrevió a tomarlas en 2014 pero al agravarse los problemas económicos debido a su propia parálisis no le quedará otra opción que tomar algunos paliativos como el de la gasolina y la unificación cambiaria en el primer semestre.

Tiene a su favor que en la acera de enfrente tiene a una oposición con dos agendas distintas: los que promueven la constituyente para conseguir un cambio radical y los que apuestan a la mayoría parlamentaria, para desde allí generar los cambios. Las elecciones de la ULA han sido un ejemplo de esa división.

El drama para el oficialismo y para el país, es que las medidas económicas que se han planteado tomar no resuelven el problema de la paralización económica, la productividad y la crisis en la industria el comercio y servicios. Esas medidas, si bien son necesarias, apuntan a paliar las distorsiones pero no modifican las causas que están en el modelo económico impuesto por el chavismo.

Un gran sector económico emergente privado ha surgido a la sombra del Gobierno. Habría que esperar a ver cuál es su influencia real en el Gobierno de manera de imponer medidas que tiendan a corregir los errores de la cúpula radical.

 

 

 

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