AMANECE EN VENEZUELA

Todavía no hay un rayo de luz y ya escuchamos a los más tempraneros. Son solo unos pocos al principio. Los más osados van directo a las duchas buscando que el agua les espante el sueño mañanero. A otros los levantó su muchacho para darles la alegría o la preocupación de este nuevo día.

 

Al principio ni se nota, se levantan uno a uno, y así, sin darnos cuenta, ingresa en escena el aroma de un cafecito recién colado. Al fondo, se escucha muy suave el rítmico aplauso de la señora María al hacer las arepas.

 

– Hoy tocó guayoyito porque no se consigue leche.

 

Nos lo dice así, con cariño, como quien no quiere la cosa. Nos parece que eso ya lo hemos escuchado antes, y le agradecemos su atención con gentileza.

 

Es el mismo café, endulzado con panela, de la época del pocillo de peltre, cuando todavía no sabíamos cuán ricos éramos.

 

Se escucha que las arepas comienzan a llegar al budare, una a la vez. Un leve chasquido y comienzan a cambiar de color y de textura, como nosotros cada día, al encontrarnos con la realidad. Inmensa como un budare y siempre más caliente que lo esperado. Hasta ahora no se sabe de alguna que haya rehuido ese encuentro matinal.

 

Así, graneaditos, vamos saliendo también de uno en uno. A sus automóviles unos, otros buscando alguna camioneta, todos a la corriente del tráfico. Le ponemos música y el país parece una fiesta.

 

De ese mismo modo se reactivará la producción en Venezuela.

 

Algunos encontrarán la manera de fabricar la materia prima nacional, otros encenderán unas máquinas y pondrán en marcha líneas de producción. Más allá se animarán entre ellos y conseguirán clientes para lo que fabrican, finalmente alguien traerá la música…

 

Ese día el país será una gran fiesta. Una maravillosa celebración de la prosperidad y el crecimiento continúo. Ese día diremos ¡Amaneció en Venezuela!

 

 

 
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