12 segundos

La excelencia solo depende de las oportunidades que brinde el país en que se vive

 

Japón es un país que parece imposible, 130 millones de habitantes con la mayor expectativa de vida, la tercera economía del mundo, 700 mil técnicos y científicos trabajando en investigación. Desastres sísmicos y meteorológicos son comunes. No tiene recursos naturales y debe importar el 70% de la comida.

Excelentes servicios públicos y extensos programas sociales que incluyen educación y salud de primer orden. Es normal que un trabajador se quede en su puesto hasta terminar su asignación diaria, aunque esto implique no cobrar sobretiempo.

¿En broma?

La limpieza y la puntualidad son elementos básicos de su cotidianidad, al punto que en el 2012 su increíble sistema ferroviario abanderado por el Shinkansen, el tren bala, tuvo un retraso anual acumulado de 12 segundos. Un japonés, asumo que en broma, me dijo que pensaron en nombrar una comisión para averiguar cuál fue el problema que creó tal demora. Lo más interesante de esta historia es que todo se logra con 3.5 millones de empleados públicos.

En el paraíso

Si comparamos lo anterior con nuestra querida y sufrida Venezuela, la lógica indicaría que teniendo una población de solo 30 millones, los mayores recursos naturales del planeta y más empleados públicos que el Japón, deberíamos estar viviendo en una especie de paraíso y ser la envidia del planeta.

Ya sé, saldrán los apologistas de costumbre a decir que no somos ni japoneses ni suizos y así justificar que estamos condenados a ser un país del tercer mundo porque somos una cuerda de flojos, borrachos y corruptos.

¿Entonces cómo es que los casi 2 millones de venezolanos que se fueron, se están “comiendo” el mundo? ¿Es que acaso exportamos marcianos? Esto lo que demuestra es que la excelencia solo depende de las oportunidades que brinde el país en que se vive. ¡Será!

 

 

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