La muerte de Chespirito
Del amor al odio en su tierra

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Roberto Gómez Bolaños es venerado en América Latina, pero su legado deja detractores y defensores por igual en México

Luis Pablo Beauregard / México

El Chavo, personificado por Roberto Gómez Bolaños.

Un periodista peruano preguntó hace 15 años a Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, si era consciente de haberse convertido en el comediante más importante de América Latina “en todo el milenio”. El actor respondió con seguridad que sí, pero agregó: “Aquí en México no lo podemos decir, ¡es una blasfemia terrible! Nadie es profeta en su tierra”.

Para bien o para mal el nombre de Chespirito quedará ligado a la historia de la televisión mexicana por haberla catapultado hacia su época de oro. Diferentes culturas y países a lo largo de América Latina sintonizaban su show para reírse de los mismos chistes. Sin embargo, en México, su país natal, ha dejado una herencia cultural que sigue encontrando críticos y defensores.

En 1984 el historiador Enrique Krauze afirmó que “detestaba” su estilo. “Hago esfuerzos desesperados para levantar a mi hijo de la lona mental donde Chespirito lo tiene de lunes a lunes”, dijo. Aunque a lo largo de los años Krauze modificó su opinión sobre Gómez Bolaños, sus primeras palabras reflejaban muchas de las críticas que se le hacían al actor y guionista por banalizar la comedia y abusar de la slapstick comedy.

“Gómez Bolaños creció bajo la influencia de la comedia escénica. Eso era el humor de esa época”, dice Álvaro Cueva, especialista en la televisión mexicana. El propio Chespirito reconoció en una entrevista con La Jornada a sus maestros: “Me he inspirado mucho en El Gordo y El Flaco, que eran adorables y su humorismo sensacional. Y algo en Chaplin, un genio, aunque a veces un poco amargo”, dijo. Cueva afirma que para poder revisitar su obra desde un punto de vista crítico “hay que entender el contexto en el que trabajaba. No se trata de un comediante que tuvo todos los recursos disponibles que hay actualmente”, agrega.

Gómez Bolaños quedó huérfano de padre desde los seis años. En la década de los cincuenta dejó su trabajo en una agencia publicitaria cuando respondió a una oferta de empleo que solicitaba un guionista televisivo. Sus primeros textos fueron usados por el dueto cómico Viruta y Capulina a mediados de la década.

El Canal 8 de Televisión Independiente de México transmitió en 1971 por primera vez un programa de El Chavo del 8. El canal fue la competencia de Telesistema mexicano hasta que ambas se fusionaron en 1973 creando Televisa, la mayor compañía de televisión en México. “Chespirito es una figura permanente de la televisión mexicana. Una creación de Televisa”, ha dicho la tarde de este viernes Jacobo Zabludovsky, que condujo por casi 30 años el informativo nocturno del Canal 2.

Televisa fue uno de los pilares más importantes del régimen del PRI hasta antes de la alternancia democrática del año 2000. También ha sido criticada por la visión que su creador, el magnate Emilio Azcárraga Milmo, le imprimió privilegiando el entretenimiento de las clases más bajas sobre la difusión de la cultura. Fueron las telenovelas las que pusieron fin a Chespirito en la televisión después de 25 años de trasmisiones. “Fue una decepción salir del aire sin que me avisaran. La empresa decidió poner solo telenovelas en los mejores horarios”, dijo el cómico en 2008.

La relación entre Televisa y Chespirito es otro de los elementos que se usan en su contra a pesar de que políticamente aireó públicamente su simpatía por los candidatos de la derecha del PAN. En el año 2000 votó e hizo proselitismo por Vicente Fox. Después hizo lo mismo con Felipe Calderón, en 2006 y Josefina Vázquez Mota en 2012. “Vargas Llosa dijo que el PRI era la dictadura perfecta. Y eso era. La expresión era atinadísima”, le dijo Gómez Bolaños al diario El Comercio en 2008.

“Gómez Bolaños era un rebelde en su época”, afirma Cueva y asegura que su forma de trabajo rivalizó con las formas que se empleaban en la empresa. “Grababa sin apuntador electrónico porque aprendía sus guiones de memoria y escribía sus libretos con una semana de antelación. Retó al sistema. Se le ponía al tú por tú al Tigre (el apodo de Azcárraga Milmo)”, dice.

Cueva asegura que uno de los elementos más importantes de Gómez Bolaños fue su visión para entender su mercado en una época donde la mayoría de las estrellas de la televisión miraban hacia Estados Unidos y Europa. Una de sus primeras giras fue a El Salvador. “Fue uno de los pocos talentos que entendió la importancia de la unión latinoamericana. Se tomaba la molestia de ir a los países donde no iba nadie”, dice.

Su importancia en la región no se cuestiona. Fue el único invitado mexicano que el futbolista Diego Armando Maradona tuvo en su programa La noche del 10. Una de las muchas leyendas sobre Pablo Escobar, el capo del cartel de Medellín, cuenta que el narcotraficante trasladó a la Hacienda Nápoles a todo el elenco de El chavo del 8 en 1984 para el cumpleaños de su primogénito, algo que siempre fue negado por Chespirito.

El legado de Roberto Gómez Bolaños a la cultura mexicana está por ponderarse. Por el momento, no existe otra figura que haya hecho lo mismo por la televisión mexicana. “Hemos perdido un genio, algo que no vamos a tener en mucho tiempo”, asegura Cueva.

 

 
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