Entre la alegría que estalló hace 25 años, con la elección de los primeros gobernadores

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LA RABIA CONTENIDA

 

Vivimos en uno de esos escasos nichos arqueológicos del mundo que aún permanece anclado al siglo pasado. En los últimos quince años giramos en dirección contraria a la de todo el planeta. Este anacrónico empeño ha comenzado a naufragar a costa de despellejar al país. 

El fin y la estrategia que aplica tesoneramente el gobierno es parecernos a Cuba. Afortunadamente, el comandante no escogió, seguramente por las barreras idiomáticas y culturales, reproducir acá el más cruel y despótico régimen del Jurasic Park comunista: el de Corea del norte.

Pero tampoco Cuba puede ofrecerse a los venezolanos como un modelo. Ni en lo económico, ni en lo político. No debería serlo, incluso para gente de ideas socialistas, por su criminalización de la disidencia, por la ausencia de libertad expresión, por su asfixia del pluralismo y su imposición de un modo único de pensar.

Eso lo saben dirigentes del Psuv que están comenzando a proponer variaciones y correcciones tanto en las políticas económicas como en el trato a una oposición al borde de convertirse, en términos de opinión, en una desbordada mayoría. Pugnan también quienes apuntan hacia el modelo chino, sugiriendo acuerdos con el sector empresarial para liberalizar la economía y apretar las tuercas del control y la hegemonía política.

Existen otros sectores, de intelectuales y dirigentes oficialistas, que han sido objeto de condenas públicas y que han respondido rebelándose ante la cúpula oficialista, exponiendo sus inconsecuencias y desviaciones respecto al proyecto original. No hay que desestimarlos, aunque algunos de ellos puedan encajar en movimientos dirigidos a impedir que el descontento de las bases chavistas derive hacia la oposición. 

La disidencia continúa adquiriendo fuerza porque quienes dirigen el gobierno tienen una noción de éxito opuesta a los indicadores universalmente aplicados para evaluar el desarrollo humano, las fortalezas y la prosperidad de los pueblos. Se manejan dentro de un cuadro ideológico que muta en logro la destrucción de una empresa privada porque contribuye a la extinción del mercado y del capitalismo. Su constante proclamación de falsos éxitos no es más que la repetición de un conjunto de errores de comprobada exactitud.

Lo grave es que la cabina de mando para capear ahora la crisis está full de pilotos suicidas, convencidos de que profundizarla ayuda a implantar las bases de una transición al socialismo, cueste lo que cueste. Y ésta es una contradicción que está adquiriendo la forma de un choque entre toda la sociedad y la cúpula oficialista.

El gobierno sopla burbujas para generar ilusión de prosperidad, pero los hechos cotidianos las revientan en las morgues, los hospitales, las escuelas básicas, ciudad Tiuna, el cementerio de primeras piedras más caro del mundo o la triste agonía de Pdvsa. El intento de repetición del Dakazo, poderoso estímulo al consumo capitalista, ha develado que de cada 100 personas en las infames colas, 66 están allí enviadas por la mafia del bachaqueo.

Venezuela vive una época de ocaso. Arbitrariedades autoritarias como sembrar la acusación de magnicidio a Henrique Salas Romer, a Diego Arria, a Gustavo Tarre y a Maria Cristina Machado porque enfrentan con total transparencia pública el rumbo que el gobierno le está imponiendo al país, suscita indignación.

Una justificada rabia que debe ser un combustible para mejorar la acción cívica y política, partiendo de lo que cada quien pueda hacer en su entorno. Se dirá que un solo palo no hace montaña, pero a veces no se alcanza a ver la sierra porque la tapan nuestros temores, frustraciones y pesimismos. Y si acaso uno insiste en empinarse y no logra divisarlas, hay que recordar la sensación extraordinaria que imaginárselas antes de que broten en la realidad. Entonces uno está en el lado correcto de la esperanza.

 

…Y una rabia contenida a punto de estallar

 
Simón GarcíaSimón García
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