Determinación absoluta

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Abu Bakr Al Bagdadí

El Estado Islámico ha llegado más lejos que ningún otro grupo terrorista

 

Costará terminar con ellos y sobre todo con la semilla que han sembrado en el mundo islámico, desde Indonesia hasta Mauritania, pero también en los suburbios occidentales. Pero este miércoles alcanzaron su momento de gloria, puesto que ningún grupo terrorista había conseguido suscitar la convocatoria de una reunión de tan alto nivel, ministros de Exteriores de 60 países presididos por el secretario de Estado de la primera superpotencia, John Kerry.

No es para menos. Bajo la denominación de Estado Islámico de Irak y de Siria, Daesh en siglas árabes, controla un territorio como Bélgica; se ha apoderado de ciudades como Mosul en Irak y Raqqa en Siria, 1.800.000 y 400.000 habitantes respectivamente antes de la guerra; comercia con petróleo, recoge impuestos, realiza exacciones, explota la industria del secuestro, roba y trafica con antigüedades; pero también paga sueldos a los jóvenes que recluta y mantiene una apariencia de orden público, bajo la más estricta sharía o ley islámica; y tiene, incluso, una apariencia de gobierno, en el que hay responsables de explosivos, de prisioneros, de ataques suicidas e incluso de comunicaciones.

Sin su frenética actividad comunicativa, el Daesh no sería nada. Su mensaje central es el que atribuye a su jefe, Abu Bakr Al Bagdadí, la más alta dignidad a la vez política y religiosa que existe en la tradición islámica, la de califa sucesor del profeta Mahoma. El siguiente, que llega una y otra vez con sádica insistencia, es que pasarán a cuchillo a quienes no se conviertan al islam. Las comunidades chiitas, yazidís, cristianos orientales de toda la zona bajo su control han sido exterminados o han tenido que huir a toda prisa, dejando detrás sus bienes y propiedades. Su estremecedora producción audiovisual, con las imágenes de decapitaciones, actúan como doble propaganda para aterrorizar y convocar a los asesinos vocacionales.

El tamaño del grupo es de unos 30.000 combatientes, originarios de 90 países, un 10% de ellos europeos, capaces de actuar en acciones individuales, como insurgentes e incluso como infantería ligera, según Charles Lister, especialista del Brookings Center de Doha. Lister considera que gracias a sus ingresos de unos dos millones de euros diarios es “el grupo terrorista más rico de la historia”.

Una heteróclita coalición de 60 países se ha conjurado para terminar con el califato y ha realizado ya un millar de ataques aéreos. Y otros países no coaligados también lo están bombardeando, como es el caso de Irán o del régimen sirio de Bachar el Asad, que le combate desde el primer día. El objetivo es cortar sus fuentes de financiación, especialmente la producción de petróleo, pero sin soldados en tierra será difícil acabar con su control territorial. Estados Unidos va a incrementar hasta 3.000 el número de los instructores y asesores militares en Irak, pero la sombra de la guerra de Bush lo dificulta.

Washington denomina la operación Determinación Absoluta. Obama y sus aliados la necesitarán, porque está claro que es fácil contener su avance, pero será mucho más difícil obtener la victoria definitiva.

 

 

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